Rulemanes para Telémaco

September 2, 2009

Un fotograma de la muerte

Horror

Allí estábamos a medianoche, los tres en el sofá, frente al aparato de TV, cuando apareció esta imagen. El joven Telémaco sintió temor, de inmediato dijo: “Tengo miedo. Yo no me quiero morirme.” Y se refugió detrás de mí.

¿Qué hay en esa imagen qué evoca la muerte para un niño de 5 años? No lo sé.

Sé porqué la imagen evoca la muerte para mí, que la he visto muchas veces y la reconozco de inmediato. Es una imagen del campo de concentración de Auschwitz. Está cargada de referencias históricas. Cargada de horror.

Pero, para quien la ve por primera vez (como Telémaco esa noche) sólo debería ser un edificio vacío y medio en ruinas.

Baraka

January 6, 2008

Canción de amor de una joven loca

 
I shut my eyes and all the world drops dead; I lift my lids and all is born again. (I think I made you up inside my head.) The stars go waltzing out in blue and red, And arbitrary blackness gallops in: I shut my eyes and all the world drops dead. I dreamed that you bewitched me into bed And sung me moon-struck, kissed me quite insane. (I think I made you up inside my head.) God topples from the sky, hell’s fires fade: Exit seraphim and Satan’s men: I shut my eyes and all the world drops dead. I fancied you’d return the way you said, But I grow old and I forget your name. (I think I made you up inside my head.) I should have loved a thunderbird instead; At least when spring comes they roar back again. I shut my eyes and all the world drops dead. (I think I made you up inside my head.)

Desde hace tres noches, leo poemas de Sylvia Plath antes de dormir. Nunca antes había leído sus poemas (supongo que habré leído alguno suelto, pero no lo recuerdo con precisión). Lo cierto es que el melodrama que rodea el relato de su suicidio y cierto culto feminista en torno a su nombre me espantaron como lectora.

Un trivia-test logró que me pusiera a leer poemas de Sylvia Plath. Entre muchos, me encontré con este. I think I made you up inside my head. Eso es lo que decimos (en silencio, para nosotras mismas) todas las mujeres, de nuestros pequeños amantes. Digo pequeños pensando en que los hombres nunca pierden esa condición de niños. Sólo son hombres cuando los acabamos de encontrar, cuando apenas comenzamos a conocerlos y nos enamoramos. Eso dura hasta el primer orgasmo. Si acaso.

“Yo soy un niño muy hombre”, suele decir el hombre que viene en este momento a interrumpir mi escritura. Viene muerto de la risa a invitarme a bailar funk, a reírme con él porque “es un gordo muy loco, muy cómico” ese cuya voz sale del sistema de sonido del laptop nuevo que me regaló el Highlander. Estoy de acuerdo en que es “muy loco, muy cómico” es Lo mejor de Mano Negra, y no sé porqué suena a gordo la voz de Manu Chao. Bailamos.

Y regreso a terminar de escribir el primer rulemán de 2008.

May 19, 2007

It’s mine!

En la casilla: Telemaquia

Fue una tarde a mediados de julio del año pasado. Había ido a buscar a Telémaco al pre-escolar y jugábamos en los jardines de North Campus. El joven Telémaco se había adueñado de uno de los carros que estaban por la vereda, uno cualquiera en un vecindario en donde los juguetes siempre están en la calle, como si fueran de todos. Otro niño también quería jugar con ese carro. Mi pequeño caribe no quería cedérselo. Ninguno de los dos era dueño del juguete. Tampoco importaba mucho. El otro niño era aún más pequeño y yo le pedí a Telémaco que se lo dejara. Su respuesta: “It’s mine!”.

En cualquier otra ocasión, no habría sido precisamente la frase que más me habría gustado escuchar como respuesta de Telémaco al momento de pedirle que compartiera un juguete. Pero, en esa ocasión me llenó de alegría. Un pronombre personal, un verbo, un adjetivo posesivo. Una frase completa. La primera frase completa del pequeño caribe de dos años, que batallaba silenciosamente con la docena de idiomas que se hablaban en McIntyre Dr.

Tuve que esperar casi un año para sentir una emoción similar. Fue lindo “Feliz cumpleaños” (quien sabe cuanto lo ensayarían) dicho por teléfono el año pasado. Más lindo aún: “¡Tu regalo, mamá! ¡Feliz cumpleaños!”, dicho en la cama el domingo pasado, que no era día de mi cumpleaños y me causó mucha risa. Pero no fueron frases tan emocionantes como esta de hoy.

Estábamos en el supermercado. Tomé dos paquetes de nuestras galletas favoritas, rellenas de guayaba (sí, esas ricas; no voy a escribir la marca). Las puse en el carrito. Su sonrisa de placer: “Ahh, son nuestras”.

“Nuestras”. No más “es mío”, “es tuyo”. “Nuestras”, por primera vez en la vocecita de Telémaco.

Nosotros. (Somos tres).

Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Jay of onefinejay.com