Rulemanes para Telémaco

July 7, 2009

Vela de libros

En la casilla: Serendipity
Te vas. Te llevas el Fausto, los discos de Charly, los discos de Sentimiento, el Quijote, el Hamlet, el Mandarín Maravilloso, el video de Brazil, la Rayuela, La Odisea. Y los recuerdos.

Esta noche no he querido irme a dormir. Pienso en los libros y quiero escribir. (Personajes como la mujer que no quiso ponerme triste, o como Humpty Dumpty)

En estos días, ayer creo, Kira comentaba que estaba sacando sus libros de las cajas. Imposible no pensar en mis cajas. En mis libros.

En las pequeñas cosas más duras de la vida en tránsito.

November 17, 2008

Salamandra

Cuando venía desde Puerto Cabello a Carrizal, en un viaje largo e incómodo, lluvioso y, quizás, un poco peligroso, pensaba en cómo quitarme la sensación de suciedad del cuerpo, en cómo escapar de la sordidez. Esa limpieza de mi cuerpo pasaba por escribir un mensaje. Lo escribí a las 9 de la noche, cuando me senté frente al computador. Mientras yo escribía entraron a mi buzón algunos mensajes que me habían enviado durante mi ausencia de fin de semana. Uno era como un espejo, mellado, o de circo. Reflejaba los mismos objetos, los reflejaba desde otro ángulo, con un efecto de distorsión diferente al que proyectaba mi espejo.

Causalidades.

Poco antes de medianoche, apareció una señal de la persona que me regaló el poema de la Salamandra, a mediados de los ‘90s.

Recreo los asustadizos movimientos de ese animal inverosímil. Saltando hogueras. No es dócil. No es cobarde. Igual que yo, quiere incendiar la realidad.

Casualidades.

Hoy no hay nadie en casa. Mañana tampoco habrá nadie. (…) La vida es una serie estúpida de casualidades. Tomo un Anoxen. Aunque sé que no servirá para cicatrizar esta herida que se abre en el mismo lugar donde ya tuve otra, y otra, y otra.

Salamandra

Un cuerpo se puede regenerar aunque le cortes las extremidades.

August 20, 2008

Spam necro

En la casilla: Serendipity

Desde hace poco más de un año empecé a recibir correos de una persona a la cual no conozco. Un nombre y apellido de galán mexicano. No recuerdo con total precisión, pero creo que se trataba de noticias sobre eventos culturales en alguna ciudad extranjera (¿Bogotá? ¿Lima? ¿Buenos Aires? ¿Madrid? ¿Ciudad de México? Ya no recuerdo).

Me aburrí de las noticias sobre eventos a los cuales no podría asistir, sobre las actividades de personas y proyectos que me resultaban completamente desconocidos. No se trataba de un newsletter al cual pudiera desuscribirme, sino de una persona desconocida que por alguna razón tenía mi dirección en su libreta de correos. Supuse que era un blogger o alguien con quien había entrado en contacto vía Zona Moebius. Pero no lo recordaba. Opté por poner su dirección en mi filtro anti-spam. Y me olvidé del asunto.

Hoy fui a borrar los mensajes en mi carpeta anti-spam (neurótica del orden). El primero en la lista, de un remitente con un nombre común y desconocido. En el asunto del mensaje una invitación In Memoriam de esa persona a la cual no conocí. Creo que murió de cáncer.

April 28, 2008

Piquito en la Av. Victoria

En la casilla: Serendipity

Esta mañana pensé en evadir la cola de Los Próceres-Los Ilustres que estuvo fuerte la semana pasada. Así que me salí de la Valle-Coche en La Bandera para agarrar por la Av. Victoria por donde normalmente no hay cola en la mañana. La Nva. Granada estaba bien, pero poco antes de llegar a la Av. Victoria (más bien llegando a donde se toma el acceso a la Rooselvet comenzó una cola inusual. (El motivo de la cola era el control de acceso a la UCV por el Clínico, que se comenzó a hacer a ver si no tenemos una apertura masiva de cupos por “muerte a manos del hampa” de los estudiantes o desbandada en defensa propia.

Ya casi llegando al final de la Av. Victoria, observé que la conductora del carro que me seguía estaba dedicada a una actividad inusual al momento de manejar: se estaba sacando las cejas. Yo misma me he pintado los labios y una vez (recientemente) me puse sombra en una cola por Los Palos Grandes. Pero, alguien sacándose las cejas es algo que no había visto. No obstante, la verdad es que no es tan insólito. Difícil es pintarse las uñas de los pies.

Me dediqué a ver otras cosas; la gente, los edificios, los otros carros, al joven Telémaco dormido en el asiento trasero. El caso es que cuando volví a mirar por el retrovisor la mujer ya había terminado de sacarse las cejas. Supongo que debe haber quedado bonita, aunque en la distancia yo no pudiera apreciar la diferencia. Pero su compañera de carro sí podía y decidió demostrar su entusiasmo con un beso de piquito. Un poco cómico.

La cola no se movía y el piquito como que sí conmovió, porque seguidamente las dos mujeres se enredaron en un largo y apasionado beso. Demasiado sexual para la cola de las 7 a.m. en la Av. Victoria. Hay gente que sí sabe aprovechar su tiempo.

Anécdotas de la cola. (Comienza la serie)

March 10, 2008

Señales impersonales

En la casilla: Serendipity
Cuando titulé mi primera novela sobre mi hijo, «Un asunto personal», yo creía, yo sabía lo más importante: no hay ningún asunto personal. Debemos encontrar el vínculo entre nosotros mismos, nuestro ‘asunto personal’ y la sociedad.

Kenzaburo Oé

Esta bitácora comenzó con un cuento, fragmentos de Litio, un texto ajeno (y cercano) sobre Pi y una nota sobre el tema de la dignidad (perdida en Blogger). Eran textos impersonales para un lector casual. Tenían como motivo asuntos personales para las personas que me conocen muy bien.

Me siento cómoda con esa manera de comunicarme, distante cuando escribo sobre cosas que me afectan muy directamente, reservada incluso cuando publico mis asuntos personales. Esa intimidad impersonal era algo que me hacía sentir en mi espacio cuando escribía en esta bitácora. Escribía en mi propio tono sin concesiones al contexto. Esa independencia fue afectada con la llegada a la conversación de gente con quien compartía intereses pero no una historia privada. Creo que logré un balance durante un buen tiempo, explorando vínculos entre los intereses de los otros y mis asuntos personales. A mí regreso a Venezuela, se volvió difícil mantener ese equilibrio. Quizás tenga que ver con el síndrome de los repatriados.

Hoy es 10 de marzo. No podía dejarlo pasar sin una señal.

March 7, 2008

La normalidad no es buena para la ficción

En la casilla: Serendipity

Nunca me simpatizaron las teorías del artista genio o raro. Me gustan algunos los escritores “raros”, pero no su canonización. Me gustan Ramos Sucre y Rimbaud. Mariño Palacio y Macedonio Fernández. La cuenta de los no-raros es más extensa: T.S. Elliot era contador y William Carlos William era médico. Cortázar era un burócrata. Thomas Mann era simplemente rico. (Insisto en que no se debe tener cómo escritor favorito a alguien que aún está vivo. Aunque por ahí tengo mis excepciones). En cualquier caso, es evidente que se puede escribir literatura teniendo una vida convencional.

Así que las clases, las investigaciones, la política y esa cosa tan desagradable de intentar hacer negocios lucrativos no es una excusa para no escribir. Sólo tener que levantarme temprano para llevar a Telémaco a la escuela me excusa de no haber terminado la serie de los niños crueles, o la serie del vía crucis. (Escribo de noche, preferiblemente. Con un trago a la mano. Con música. Parece un estilo de vida poco compatible con un niño en edad pre-escolar). En cambio, no hay excusa para no seguir colgando rulemanes. Para no dedicarle el tiempo y el esfuerzo necesario a los modelos para armar y a los juegos con el logos.

Tendremos que corregir esta situación de normalidad y no-escritura. Retomaré las ficciones y, de repente, una noche de estas consiga una heftpistole de hermosura maligna. (Un camarada necesita ayuda. Vamos).

January 6, 2008

Canción de amor de una joven loca

 
I shut my eyes and all the world drops dead; I lift my lids and all is born again. (I think I made you up inside my head.) The stars go waltzing out in blue and red, And arbitrary blackness gallops in: I shut my eyes and all the world drops dead. I dreamed that you bewitched me into bed And sung me moon-struck, kissed me quite insane. (I think I made you up inside my head.) God topples from the sky, hell’s fires fade: Exit seraphim and Satan’s men: I shut my eyes and all the world drops dead. I fancied you’d return the way you said, But I grow old and I forget your name. (I think I made you up inside my head.) I should have loved a thunderbird instead; At least when spring comes they roar back again. I shut my eyes and all the world drops dead. (I think I made you up inside my head.)

Desde hace tres noches, leo poemas de Sylvia Plath antes de dormir. Nunca antes había leído sus poemas (supongo que habré leído alguno suelto, pero no lo recuerdo con precisión). Lo cierto es que el melodrama que rodea el relato de su suicidio y cierto culto feminista en torno a su nombre me espantaron como lectora.

Un trivia-test logró que me pusiera a leer poemas de Sylvia Plath. Entre muchos, me encontré con este. I think I made you up inside my head. Eso es lo que decimos (en silencio, para nosotras mismas) todas las mujeres, de nuestros pequeños amantes. Digo pequeños pensando en que los hombres nunca pierden esa condición de niños. Sólo son hombres cuando los acabamos de encontrar, cuando apenas comenzamos a conocerlos y nos enamoramos. Eso dura hasta el primer orgasmo. Si acaso.

“Yo soy un niño muy hombre”, suele decir el hombre que viene en este momento a interrumpir mi escritura. Viene muerto de la risa a invitarme a bailar funk, a reírme con él porque “es un gordo muy loco, muy cómico” ese cuya voz sale del sistema de sonido del laptop nuevo que me regaló el Highlander. Estoy de acuerdo en que es “muy loco, muy cómico” es Lo mejor de Mano Negra, y no sé porqué suena a gordo la voz de Manu Chao. Bailamos.

Y regreso a terminar de escribir el primer rulemán de 2008.

Notas previas

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