Rulemanes para Telémaco

March 18, 2007

Las boquitas que pintó Torre Nilsson

Es como si el libro se resistiera a ser leído porque quiere ser visto y la película nos devolviera con su coherencia en el ordenamiento del relato cierta cualidad o condición literaria que el libro rechaza. Torre Nilsson desmonta la textura cinemática del texto de Puig haciendo un discurso más literario que la propia novela. Él es consciente de que reescribe la novela en imágenes: “Estoy convencido —declaraba al diario La Opinión cinco meses después del estreno de la película— de que es una versión fiel del libro y no una adaptación”, y continua explicando: “…una ventaja por demás obvia es que Boquitas pintadas es un libro más ‘visto’ que ‘pensado’ (…) Se trata, en suma, de una literatura influida por el cine, que en este caso particular exigirá, además, un gran rigor narrativo y extrema precisión documental” (*). Con este rigor narrativo que se propone, Torre Nilsson traduce las imágenes del libro a un lenguaje que no por ser cinematográfico resulta menos literario que el texto de la novela.

En el artículo Boquitas pintadas: Puig y Torre Nilsson entre el cine y la literatura, publicado en Zona Moebius, Alexander Pérez-Heredia analiza la traducción al cine que hace Torre Nilsson de la novela de Puig. A juicio de Pérez-Heredia, se trata de uno de esos extraños casos en los cuales una versión cinematográfica logra ser fiel no sólo al contenido sino a la estructura y al estilo mismo de una novela.

No estoy segura de poder estar de acuerdo con ese juicio.

Más allá de que coincidimos en un cierto gusto por el pastiche y en la propensión a incorporar elementos de la cultura popular urbana a la novela, no hay ninguna afinidad que me enganche con la obra de Manuel Puig. No despierta mi interés estético. Me deja apática. No logro recordar Boquitas pintadas (la novela de Puig) como tampoco logro recordar La traición de Rita Hayworth, la otra de sus novelas que me parece haber leído.

Caso distinto en lo que respecta a Boquitas pintadas (la película de Torre Nilsson), que comparte esa esencia revulsiva común a todas las películas de este director que he visto (Menos de las que quisiera. Me falta su Siete Locos, ¿qué otro director argentino podría dar la talla con Roberto Arlt?).

Yo diría que Boquitas pintadas de Leopoldo Torre Nilsson es muy superior estéticamente a la novela de Puig. Pero, quizás no sea un juicio atinado. Quizás valga mejor decir que a mí me perturba el cine de Torre-Nilsson y me enfría la escritura de Puig.
Boquitas Pintadas - Torre Nilsson

En todo caso, me pareció que vale la pena darle una revisión a ambas obras, para verificar los argumentos del artículo de Pérez-Heredia. Sobre todo, dado que recientemente hemos tocado los temas de las novelas imposibles de filmar, las anti-adaptaciones de novelas que terminan siendo grandes películas infieles y las películas imposibles de novelar.

(*) Mónica MARTIN. El gran Babsy (biografía novelada de Leopoldo Torre Nilsson),
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993, p. 243.

March 17, 2007

Yo entré al teatro cuando era grande

¿A ustedes los llevaron al teatro cuando eran niños? A mí no. Al menos no lo recuerdo. Tendría 17 o 18 años, cuando mi primera vez en una obra teatral. Fue en el Teatro Nacional. Era un montaje de la Compañía Nacional de Teatro. Esos dos datos son seguros. No logro precisar si la obra fue La Tempestad o La verdadera historia de Pedro Navaja (versión libre de La ópera de tres centavos). ¿O sería Acto Cultural? (La cronología de la CNT sirve mejor que mi memoria, fue La verdadera historia de Pedro Navaja).

Quizás no sea tan raro que mis padres no me llevaran al teatro de niña; no deben haber sido muchas las oportunidades en Puerto Cabello. Lo que si me extraña es no recordar una obra de teatro infantil en algún “acto cultural” de la escuela o en la semana del liceo. Quizás mi memoria prefirió olvidar el evento.

Lo cierto es que sólo recuerdo haber visto una obra de teatro infantil en mi vida. Fue La estrella azul, un montaje de El Chichón, en el Aula Magna. Ya era adulta, alguien me regaló entradas de cortesía y fui con mi sobrino, quien era entonces un poco mayor de lo que Telémaco es ahora (Pensar que mi sobrinito es hoy un chaval de más de un 1.70, voz ronca y un bozo que lo hace lucir como El Zorro, todavía con cara de inocencia). Por cierto, el día que fui a ver La estrella azul, el público infantil asistente absolvió a Disney de los cargos que le hacían en la producción de Armando Carías. Quizás no sea un detalle asombroso, tengo entendido que los niños absolvieron a Disney en 99% de las funciones.

Apuesto a que me pondré al día con el teatro infantil, durante la infancia de Telémaco. Hay bastante que ver, según una rápida búsqueda que hago en Google: Buscando a Dodó (Romano Rodríguez), Las aventuras de Pio Jito (Gilberto Agüero), El Tesoro de Rosalía (Martín Brassesco), Oliverio Migajita (Néstor Caballero), La cucarachita Martínez (Manuel Trujillo), La guerra entre Tío Tigre y Tío Conejo (Rodolfo Santana), ¿Quién se comió el cuento? (Lali Armengol Argemí), ¿Qué sueña el dragón? (Mireya Tabuas), La historia del Cid Escobante (Rubén Martínez), ¿Quién se tomó la Vía Láctea? (Luiz Carlos Neves), El circo más grande del mundo (César Sierra), ¿Por qué los gnomos menean la cabeza? (Armando Carías y Morelba Domínguez).

El problema no es que no existan obras de teatro infantil venezolanas. El problema es que yo no las he visto, ni siquiera las he leído. Es un problema porque una amiga chilena, me escribe desde Ann Arbor, preguntándome por obras de teatro infantil venezolanas o latinoamericanas. Y no le puedo dar una respuesta.

Si alguien se anima a recomendar una obra, a comentarla, a poner un enlace a una crítica o (mejor aún) al texto, los niños annarboritas tendrán la oportunidad de conocer en su infancia, las obras que yo no conocí. Y yo voy agarrando notas para la agenda cultural de Telémaco.

March 16, 2007

Marx, secretamente obsceno

A ellos les gusta ir en camionetas 4x4 (Hummers y Cherokees, preferiblemente, aunque el detalle de la marca no se mencione). Hay que decirlo. En las salas de teatro, que en principio son para decir desde la simulación y el intercambio de palabras. Puede ser obsceno porque por ahí pasan las niñas que salen del colegio (que quizás no sean inocentes, pero son niñas) y es ofensivo mostrarles penes flácidos, en lugar de echarles cuentos sobre quienes pensaron en el siglo XIX. Sería más correcto reciclar pasajes de ese sueño de fantasmas recorriendo Europa, fantasmas que salen algunas noches a enredar el principio del siglo XXI, del siglo en el cual verdaderamente todo lo sólido se desvaneció en el aire. Nada de grandes caídas, sólo desvanecerse en motores que no encienden y tragos de alcohol para apaciguar la frustración.

Hombres torturados que se encuentran en el parque. Torturadores, si la ocasión obliga. Paranoicos. Múltiples. Culpables. Conciencia colectiva de una sociedad que sospecha mentiras de sus interlocutores y dice mentiras propias. Farsantes. Buhoneros y saltimbanquis. Terroristas contra los ministros del poder.

…voy a jugar, a divertirme, a reír y si después de la función alguien quiere compartir un instante de libertad y me brinda una copa, la aceptaré con gusto. Si todo sale bien entonces al día siguiente podré sentarme en la poceta y como un rey, ahí relajado, dejaré mis excrementos con dignidad.

Dimas González, en el programa de mano. (Para leer en el baño).

*

Salí alegre de la sala Horacio Peterson. Y así es como uno debe salir del teatro. De repente, debí brindarle el trago a este acosado Marx caraqueño. O a Dimas, quien probablemente sea un tipo simpático.

Teatro Itinerante de Caracas produce La secreta obscenidad de cada día, la obra del chileno Marco Antonio De la Parra, dirigida por Fermín Reina. Una de esas obras clásicas del teatro caraqueño, vista en este mismo escenario y en otros escenarios, con estos mismos y con otros actores. Dimas González es Carlos Marx, Fermín Reina es Sigmund Freud, en una versión puesta al día con la frustración y el fantasma político nacional.

Nos reconocemos en la ironía del viejo Karl Marx y en la impostación del profesor vienés. A partir de la próxima semana se mudan a Los espacios cálidos. La temporada se alarga y se justifica un espacio un poco más grande que la minúscula sala Horacio Peterson. Son muchos los caraqueños que quieren ver la (no tan secreta) cotidiana obscenidad.

Se me ocurre que deberían montarla en el Centro de Arte La Estancia. Nos hace falta volver a reírnos de nuestras desventuradas mitificaciones.

*

Otro espectador

TecBear: Reirse sin pensar pensando deprimirse

February 12, 2007

Seis lenguajes, para que no hable el cuerpo

Siento que Babel no da para mucha conversación. Está todo muy dicho, claramente. Todo el mundo está de acuerdo en que los seres humanos tenemos problemas de comunicación, barreras lingüísticas, barreras interculturales, estereotipos manufacturados políticamente y problemas interpersonales justo en casa. Y se cierra el capítulo. ¿O alguien cree que no es así y todos nos comunicamos muy bien? Es interesante que se hablen seis idiomas (más el lenguaje de sordos) en la película y que el multilingüismo resulte natural. Más que ser políglotas pareciera que necesitamos ser sensibles al multiculturalismo, dice la película de González Iñárritu (director) y Arriaga (guionista). Por cierto, que bueno que el dúo mexicano se reivindique ante mis ojos, después de la mediocre 21 gramos, donde sólo se salvaban Benecio Del Toro y los versos de Eugenio Montejo. Fin de la conversación.

No es que no me haya gustado. Me gustó. Es una muy buena película, durante los minutos que pasas en la sala. Quizás una excelente película en los minutos en los cuales observamos a Ahmed y a Yussef pastoreando entre colinas desérticas; una película mediocre durante los minutos más bien inverosímiles en una zona desértica en el borde entre las dos Californias. Por cierto, Boubker Ait El Caid (Yussef) y Said Tarchani (Ahmed) nos dan dos actuaciones de primera.

Probablemente, lo malo del segmento mexicano es que no me creo a ninguno de los personajes. Ni a los chamos gringos desangelados, ni a Adriana Barraza como Amelia, ni siquiera a ese Gael García Bernal opaco, lejos de su excitante interpretación en La Mala Educación. Quizás sea que nunca he podido tragar ese México marginal y semi-rural, que en nada se parece a ninguno de los mexicanos que he conocido.

Chieko

La otra película es en Japón. La que merecía ser rodada aparte. Sin la tesis políticamente correcta. Dejar hablar la ciudad. El deseo de tocarse, de ser tocado. El deseo de ser diferente, de ser igual. Todos distantes, en la pista de baile, en los columpios, en los estimulantes. En la montaña rusa emocional, mientras no ocurre nada. La adolescencia que todos sufrimos, algunos durante más tiempo que otros.

Me sentí conectada con Chieko, con esa anécdota incompleta. Con la necesidad de hacer hablar al cuerpo. En los abrazos al final.

August 10, 2006

El único recurso para vivir

Una vez en Nueva York, me asaltó un tipo con un cuchillo. Me cortó y yo pensé que iba matarme. Casi me desmayo. Entonces, pensé si este tipo me mata no voy a poder terminar el libro que estoy escribiendo. Ese pensamiento me hizo sacar fuerzas no sé de donde. Agarré y comencé a golpear a aquel tipo, hasta que casi lo dejo muerto.

  • ¿Cuál era aquel libro?

  • La cosa, no había ningún libro. Yo no estaba escribiendo ningún libro en esa época.

Cito de memoria, seguro omitiendo y agregando, una anécdota que leí hace al menos 6 años, quizás 10 años, creo que en El Nacional. La anécdota es de Renato Rodríguez. Creo que tengo guardada esa entrevista, en una de esas cosas anticuadas que llaman zip. Ahora no tengo tiempo para buscar el archivo. Igual la anécdota vino rápido a mi memoria, esta mañana, cuando leí que Renato Rodríguez ganó el Premio Nacional de Literatura.

Me impresionó esta anécdota porque es la representación más simple de ese complejo sentimiento de pensar que es necesario seguir vivos, únicamente porque uno tiene la necesidad (o la obligación) de escribir un libro.

Por haber expresado ese sentimiento, siento una gran simpatía por Renato Rodríguez y no puedo dejar de alegrarme por su premio.

Sí, yo pensaba que podía ponerme a escribir; a menudo pensaba que lo único que iba a poder ponerme a hacer, era a escribir, porque la forma en que empezaba a sentirme acorralado por toda la cantidad de fracasos que se acumulaban, era como un feroz acoso del destino. Fracasos por todos lados y una progresiva reducción de mis posibilidades y lo único que me iba quedando intacto era la ocasión de ponerme a escribir cuando me diera la gana ó cuando tuviera ánimos suficientes o cuando me convenciera totalmente de que hacerlo era el único recurso que me quedaba a mano.

Un fragmento de Al sur del Equanil.

En Ficción Breve Venezolana pueden leer El violín de Tacho, un cuento incrustado en la novela Al sur del Equanil.

August 5, 2006

Kino presenta

                     Hasta la vista Broadway
                         Hola Francia
                         Somos diez fuertes millones

                       NIÑO DE OCHO AÑOS HERIDO POR
                        EL RIFLE DE UN MUCHACHO

la policía ha notificado que en París todas las diversiones deben
 ser breves y pacíficas y ocultas a la vista del público, y que ya 
hemos tenido más bailes de lo debido. 

la capitalización sube al 104 por 100 mientras los negocios 
aumentan   en  un 250 por 100

                         LOS ALEMANES PIERDEN EL CONTROL
                              DEL ÁZUCAR DE HAWAII

(…)
Con el pelo cortado tan corto como
Con el pelo cortado tan corto como
    Con el pelo cortado tan corto como el mío

                                SE INFORMA QUE LENIN VIVE

                              EL PUBLICO DEL HIPODROMO VITOREA
                                CONMOVIDO HASTA LLORAR

Es 1919, la segunda parte de la trilogía USA. Las noticias son extrañamente parecidas a las noticias de esta semana.

Esta novela de John Dos Passos fue publicada en 1932.

Tres años antes, 1929, se había realizado un experimento de comunicación cinematográfica de eventos reales. Sin la ayuda de intertítulos, sin la ayuda de una historia, sin la ayuda del teatro. El supervisor del experimento fue Dziga Vertov, el hombre de la cámara fue Mikhail Kaufman. La acabo de volver a ver esta noche. Pienso en la fascinación por las máquinas modernas, el teléfono, la máquina de escribir, la cadena de montaje, la cámara cinematográfica, el tranvía, la caja registradora, el teléfono.

Pienso en la primera vez que vi un kino-glaz en la sala de la CANTV. Ese amor apasionado que sentía por el cine en aquella época.

La pasión no se explica.

La pueden ver.

July 17, 2006

Cada muchacho en su propia categoría

You’re not a nerd, you’re not a jock, you’re not a scholar or a romeo.

Una de las mejores películas sobre adolescentes en USA que haya podido ver. Compite en la misma liga de Elephant, la versión de la masacre de Columbine de Gus Van Sant.

Película consentida en festivales de cine gay independiente, aunque no es una película gay. Si hay un moralista escondido dentro de ti, no te va a gustar; probablemente, encuentres una excusa para no terminarla de ver, es larga, por ejemplo. Los diálogos y las actuaciones no te van a dar la excusa. Interpretaciones precisas (una certera dirección de actores). Los diálogos que parecen de verdad, aunque seguro que si eres mayor de 30 años hace más de diez años que nos hablado honestamente con un quinceañero y ya no te acordarás.

Howie:

Well, I’d think that you are just like James Bond except James Bond doesn’t go around blowing boys.

L.I.E. (2001). Director: Michael Cuesta. Guión: Stephen Ryder, Michael Cuesta y Gerald Cuesta. Intérpretes: Paul Dano, Brian Cox.

~

Esta nota la escribí originalmente en Dejaboo. No he vuelto a escribir en Dejaboo, básicamente por las mismas razones por las cuales escribo poco por aquí. Estadísticas, familia, mudanzas, política. Cierto bloqueo, también.

También tengo previsto escribir sobre Dejaboo. Sobre lo bueno que tiene: la oportunidad de compartir hallazgos como estos videos de La Melancólica Muerte del Niño Ostra, reseñados por JL ZR.

That your son is half oyster
you cannot blame me.
... have you ever considered, by chance,
a small home by the sea?"

Y lo malo que tiene: el cerco. La red cerrada en lugar de la red abierta. Quizás no sea malo, sólo que cada día me gustan menos los espacios cerrados, la clave de acceso y el cuidado, perro bravo, no pasar.

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