Todos tus besos
Bailamos. Como se baila un bolero. Después, cuando Bob Marley comienza a cantar Looooord looooord, volvemos a la barra. Don Julio Reposado. Preguntas: “¿Te gustaron mis besos?”
En la apartada soledad de nuestras almas se dieron cita tu ansiedad y mi inquietud Y saturados por la más divina llama Besos de fuego tú me diste a media luz
Estamos parados frente a la pila. Nos vemos entre penumbras. El sacerdote nos da la bendición. Nos damos el primer beso. “Ahora, viene la luna de miel”, dice el sacerdote. Estás contento. Yo pienso que no es bueno irnos a la luna de miel tan pronto. Así que entro corriendo a mi casa por la puerta del patio. A tomar el ponche que mi mamá prepara antes de la cena. Quizás tú estás listo para ese paso, porque eres un año mayor. Yo creo que es muy pronto; sólo tengo seis años.
Tiemblo ardorosa al recordar aquel momento En que mis labios se quemaron en los tuyos
Vamos caminando de la mano, por el malecón. Nerviosamente risueños. Un marinero, nos mira y pregunta si somos hermanos. Tú lo miras con una expresión airada que resulta cómica. Me río por dentro y pienso que sí parecemos hermanos. Nos sentamos en el banco, siempre tomados de la mano. No recuerdo que hayamos dicho nada. Nos besamos. Como se dan los besos de verdad. Ya es tiempo. Tengo doce años. Cumplirás trece la semana que viene.
Ven otra vez porque me ciega el cruel tormento De no sentirme entre tus brazos y soñar
Te aplaudo cuando cantas Caramba, mi amor caramba. Te aplaudo cuando encestas y ganamos el partido. Supongo que tú me aplaudes cuando contesto las respuestas correctas en la competencia inter-liceos. Me mandaste un beso desde el tercer piso; yo sonrío al recibirlo en el segundo. Estoy sentada en la arena de la playa, pasas en bicicleta y me dejas otro beso.
Quiero de nuevo estar aprisionada en el dulce embeleso de toda tu pasión
Acabamos de ver Tre fratelli. Pero no hablamos de la película. Hablamos de tu primer amor. No fui yo. Vamos en tu carro, hacia mi casa. Te estacionas. Es más de medianoche, es normal que la calle esté tan sola. Nos besamos. Impetuosamente. Comienza.
Quiero por eso la llama embriagadora Del beso tuyo que me turba la razón
Esta tarde me has regalado el poema de la salamandra. Hemos caminado por el boulevard y nos hemos tomado un par de cervezas. Me dejas en la puerta de mi casa. Un beso de despedida. No digo nada. Quiero pedirte que te quedes.
Ven hacia mí, ven hacia mí
No es el disco de Pixies lo que suena. Es algo de Irakere. Nos hemos tomado una botella de whisky. Hablamos del hijo que tienes en Alemania. Nos paramos junto al ventanal, a ver los carros pasar por la autopista. Dejamos que nuestros cuerpos se junten. Los besos que llevan a lo hondo.
Besos de fuego son los que brinda tu boca Besos que matan y reviven a la vez
Me muestras las letras de tus canciones, en un cuaderno de espiral, mientras escuchamos Tales from the Topographic Ocean. Ya hemos dejado de beber. Supongo que tienes sueño. Yo no. Son las cuatro de la madrugada. Nos besamos y vamos a tu cama a hacer el amor.
Quiero tus besos con la furia de una loca Porque sin ellos ya no puedo vivir
Te paras detrás de mí. Aprietas mi hombro; me volteo. Tu boca tan cerca de la mía. Dos meses cultivando el deseo. La lancha llega al muelle. Nos vamos a Caye Caulker.
“¿Te gustaron mis besos?”, repites. “Sí. Todos tus besos”.







