Rulemanes para Telémaco

April 12, 2007

Todos tus besos

Bailamos. Como se baila un bolero. Después, cuando Bob Marley comienza a cantar Looooord looooord, volvemos a la barra. Don Julio Reposado. Preguntas: “¿Te gustaron mis besos?”

En la apartada soledad de nuestras almas
se dieron cita tu ansiedad y mi inquietud
Y saturados por la más divina llama
Besos de fuego tú me diste a media luz

Estamos parados frente a la pila. Nos vemos entre penumbras. El sacerdote nos da la bendición. Nos damos el primer beso. “Ahora, viene la luna de miel”, dice el sacerdote. Estás contento. Yo pienso que no es bueno irnos a la luna de miel tan pronto. Así que entro corriendo a mi casa por la puerta del patio. A tomar el ponche que mi mamá prepara antes de la cena. Quizás tú estás listo para ese paso, porque eres un año mayor. Yo creo que es muy pronto; sólo tengo seis años.

Tiemblo ardorosa al recordar aquel momento
En que mis labios se quemaron en los tuyos

Vamos caminando de la mano, por el malecón. Nerviosamente risueños. Un marinero, nos mira y pregunta si somos hermanos. Tú lo miras con una expresión airada que resulta cómica. Me río por dentro y pienso que sí parecemos hermanos. Nos sentamos en el banco, siempre tomados de la mano. No recuerdo que hayamos dicho nada. Nos besamos. Como se dan los besos de verdad. Ya es tiempo. Tengo doce años. Cumplirás trece la semana que viene.

Ven otra vez porque me ciega el cruel tormento
De no sentirme entre tus brazos y soñar

Te aplaudo cuando cantas Caramba, mi amor caramba. Te aplaudo cuando encestas y ganamos el partido. Supongo que tú me aplaudes cuando contesto las respuestas correctas en la competencia inter-liceos. Me mandaste un beso desde el tercer piso; yo sonrío al recibirlo en el segundo. Estoy sentada en la arena de la playa, pasas en bicicleta y me dejas otro beso.

Quiero de nuevo estar aprisionada
en el dulce embeleso de toda tu pasión

Acabamos de ver Tre fratelli. Pero no hablamos de la película. Hablamos de tu primer amor. No fui yo. Vamos en tu carro, hacia mi casa. Te estacionas. Es más de medianoche, es normal que la calle esté tan sola. Nos besamos. Impetuosamente. Comienza.

Quiero por eso la llama embriagadora
Del beso tuyo que me turba la razón

Esta tarde me has regalado el poema de la salamandra. Hemos caminado por el boulevard y nos hemos tomado un par de cervezas. Me dejas en la puerta de mi casa. Un beso de despedida. No digo nada. Quiero pedirte que te quedes.

Ven hacia mí, ven hacia mí

No es el disco de Pixies lo que suena. Es algo de Irakere. Nos hemos tomado una botella de whisky. Hablamos del hijo que tienes en Alemania. Nos paramos junto al ventanal, a ver los carros pasar por la autopista. Dejamos que nuestros cuerpos se junten. Los besos que llevan a lo hondo.

Besos de fuego son los que brinda tu boca
Besos que matan y reviven a la vez

Me muestras las letras de tus canciones, en un cuaderno de espiral, mientras escuchamos Tales from the Topographic Ocean. Ya hemos dejado de beber. Supongo que tienes sueño. Yo no. Son las cuatro de la madrugada. Nos besamos y vamos a tu cama a hacer el amor.

Quiero tus besos con la furia de una loca
Porque sin ellos ya no puedo vivir

Te paras detrás de mí. Aprietas mi hombro; me volteo. Tu boca tan cerca de la mía. Dos meses cultivando el deseo. La lancha llega al muelle. Nos vamos a Caye Caulker.

“¿Te gustaron mis besos?”, repites. “Sí. Todos tus besos”.

February 15, 2007

Para ti

En la casilla: Correspondencia

En los últimos días, vinieron unas trescientas personas, buscando cartas de amor.

Quizás alguno muy osado, habrá copiado unas líneas de la correspondencia. Quizás la mayoría se haya ido sin entender.

Aquí, queda otra carta, para alguien que entienda.

*

Te amo.

Lo digo así como el carajo de Vallejo, con tos y con miedo. Por lo menos con un cosquilleo en el diafragma que pone mas presión de la necesaria en mis pulmones.

Es imposible evitar la sensación de que estas palabras dirigidas a ti van a ser leídas por tantos otros, pero trato de que eso no altere el mensaje. A lo mejor esto es un romance colectivo. A lo mejor nuestras amigas y nuestros amigos han visto en mis errores un reflejo de su propia torpeza y han visto en tus palabras, en tu amor “que todo lo comprende, que todo lo perdona” un testimonio del poeta. Algo que ellos pueden creer porque saben la historia de lo que pasó aquí. Que irónico que lo virtual se convierta en lo creíble.

Tú eres ahora lo importante. Conozco tan poco de ti y al mismo tiempo siento que conozco mucho. Ese efecto dinámico me ha afectado profundamente. Tenía yo razón cuando te comparé con la pintura de Kandinsky o el teatro de Brecht.

Aquí nos encontramos. En este mundo virtual, entre gabarras de mierda, reinos ficticios, pleitos y mentaderas de madre; pero también entre poemas, humor, amapuches, buenos deseos y manos amigas. Aquí está la historia del primer amor cibernético en el cual todo un grupo participó. Una versión más real de entretenimiento de masas que Truman Show.

February 3, 2007

Vías cruzadas

El plan es ir a ver Babel. El Lido parece la mejor opción, por horario y ubicación. Son las 6:17; la función comienza a las 6:20. Me le cuelo al viejo Malibú y me meto en el estacionamiento de Iskra, la tienda que vende candelabros y no vende cuadros de Kandinski. Cruzo la calle y bajo a dónde está el cine. Segunda vez en la semana que el Seniat se interpone en mis planes; el Lido está cerrado por no pagar los impuestos. Subo, vuelvo a cruzar la calle, paso por un lado de Iskra, sin mirar si de verdad venden candelabros. Tracapalanca, radio, aire, cinturón de seguridad, retroceso, hacia adelante, salgo del estacionamiento, otra vez en la cola. Voy detrás del Malibú, del mismo Malibú al cual me le coleé más de 10 minutos antes. Babel está en Centro Plaza, a las 6:45 p.m. Seguro que no voy a llegar. Cenaré primero y después veré la película.

Me salgo de la cola de la Francisco de Miranda, a la altura de la Torre Europa. Voy subiendo hacia Campo Alegre, por donde no hay tráfico. Recuerdo las anécdotas. No sé en cual de esas calles quedaba tu oficina, allá en los ´70s, cuando nos separaban más de seis grados, cuando era imposible que nos conociéramos. Me gusta que Caracas tenga anécdotas tuyas que yo recuerde, cuando paso cerca de donde ocurrieron. No compartimos recuerdos de estas calles que hayamos vivido juntos. Me gusta recordar tus anécdotas. El pasado cuenta.

Voy por Chacao, decido subir hacia el San Ignacio, pensando que habrá menos cola que bajando hacia la Francisco y el Sambil. Cruzo. Es una manera de caminar algo extraña. Sus pies son pequeños, quizás es por eso. No ha cambiado casi nada, en 20 años desde la primera vez que lo vi. El cabello corto, como lo lleva desde hace 10 años. Los anteojos de bicicleta, el estilo que usa desde la adolescencia, desde antes de que yo lo conociera. Hay cola. Hay ocasión de un saludo. Sólo bajar el vidrio y tocar la corneta. Sólo un gesto con la mano y una sonrisa. Como si supiera, aminora el paso y mira el carro. El pasado cuenta.

No bajo el vidrio. No sé si me ha visto. No sé si me ha reconocido. Yo si he cambiado en estos años sin que él me haya visto. Siete años, creo. Aunque quizás él me haya visto, como lo vi hoy, guardando el saludo. Hay cadenas de Markov.

Hay cadenas más fuertes, hay escaleras de caracol. El presente cuenta. A muchas millas aéreas, a millas de viajero frecuente. En el mensaje que me espera en casa, cuando llegue a medianoche, después de haber visto Babel (Otra madrugada, hablo de la película. Besos, camarada).

June 24, 2006

De Mafalda para un hijo de Guillermo Tell

En la casilla: Correspondencia
De González Catán, en colectivo,
a la cancha de Boca, por Laguna,
va soñando -"Hoy ganamos el partido"-
la "jermu" que me engaña con la luna.

Alguna vez harán un monumento
los de la barra brava a mi "bostera",
y, una ermita, a la Virgen de los Vientos,
que, le levanta, a Paula la pollera.
Pensé en colocar Dieguitos y Mafaldas para celebrar juntos, yo la victoria de Argentina, tú una noche más sin dormir, escuchando a Sabina. Sé que hay declaraciones que no cuestan nada, a miles de kilómetros de distancia; pero, duelen igual. Así que no es raro que se evapore la euforia del gol. Por casualidad, cuando me siento frente al computador suena Postal de La Habana.
Y en vez de las respuestas que buscaba
un ciclón de preguntas me esperaba,
y en el desván del alma de la gente,
dormía Silvio soñando con serpientes.
Y a las barbas de la revolución
les salían más canas cada día,
y el mañana era un niño que mentía,
y todos se llamaban Robinsón.
Y el cuerpo al sóngoro cosongo.
Songo de Changó, songo de Martí.
Que no pare el sóngoro cosongo.

(…)

Y las viejas banderas
llamando a las trincheras
desde el mural añil de la pared
donde una mano ha escrito
"Haydée, te necesito"
sobre la boina mítica del Ché.
Y nos bebimos todas las cervezas,
y besamos a todas las cubanas,
y el chulo de las musas de La Habana
llevaba una manzana en la cabeza.
Y el Caribe embestía contra el hotel,
y demasiados sueños dependían
de la buena o la mala puntería
que tuviera aquel día Guillermo Tell.
Mamita al sóngoro cosongo.
Va pa Varadero, viene de Madrid.
Que no se duerma el sóngoro cosongo.

Carlos Varela / Joaquín Sabina

Nos enviaremos postales desde Caracas.

Nosotros no nos pondremos manzanas en la cabeza para que dispare Guillermo Tell. No le apuesto a su puntería.

May 18, 2006

La otra orilla del lago Michigan

En la casilla: Correspondencia

En un bar irlandés vi el Barcelona-Arsenal. Me puse a pensar que Chicago siempre será para mí, los rollos del Mar Muerto, aquellos textos que leímos juntos en el Field Museum.

April 12, 2006

Siete años

En la casilla: Correspondencia
  • No es la capacidad de curar ciegos, de caminar sobre el agua, o de resucitar a Lázaro lo que inspira. Lo que inspira de verdad es que poetas itinerantes del medio oriente fueron capaces de escribir versos como I Corintios 13 hace dos mil años, sin Internet, sin libros, sin televangelistas. Rodeados de necesidad, de miseria y de injusticia, esos hombres vieron claramente algo que tú y yo, o tal vez fui yo solo, vimos borrosamente y por fracciones de segundo esta semana. Y ellos le dedicaron su vida a eso mientras que nosotros -o tal vez soy yo solamente- buscamos desesperadamente como echar para atrás y echarle tierrita tratando de que no se nos note mucho el rubor en las mejillas electrónicas de nuestros mensajes.

  • No leo mucho la Biblia; pero he leído mucho Corintios 13. “El amor nunca deja de ser”.

  • Para llegar a ese Dios hay que edificar el alma. Pero la edificación del alma es una nueva Torre de Babel. Con órdenes y contraórdenes, con una gran confusión de lenguajes, tales como el lenguaje del orgullo, de la dignidad, de la susceptibilidad. Si mi amor por ti no te edifica, entonces tengo que retirarlo. La verdadera meta no es que yo te ame y que lo diga a lo Juan Charrasqueado, con mariachis, tequila y coñazos. La verdadera meta es que yo sepa que mi amor te edifica, incluso si es sólo un amor virtual. Pero si el Acertijo y el Rey de Corazones me tapan los ojos, entonces no sé dónde estamos ni a dónde vamos. Boto tierrita y no juego más.

  • Estás en tu derecho. ¿Cómo decías? “Para bailar un tango se necesitan dos”. ¿Bailamos? Remember, it takes two to tango.

Ambos tomaron vodka. En sus casas. A solas.

~

Sin prisa, pero con perfecto conocimiento de la urgencia de las palabras, el poeta hace un trazo más sobre el pergamino. El trazo no es continuo; la tinta tiembla sobre el pergamino como presagio del camino futuro de sus letras: algunas veces serán comprendidas, algunas veces no. El poeta respira hondo y aunque quiere poner la mente en claro, la imagen del último leproso con quien compartió el pan de ayer, la imagen de la última crucifixión en nombre de Roma, el olor a muerte, a miedo y a traición lo envuelve todo… o casi todo. Como bestias del pleistoceno, reflejando en sus dentelladas y sus manotazos la furia de los volcanes, la irracionalidad de los terremotos que formaron su hábitat, los hombres que rodean al poeta llevan el espíritu de T-Rex. En tantos millones de años, el ADN aún sigue enfrascado en defender la vida de uno con la muerte de otros. Recostado de un arbusto, escuchando el sonido de las olas, el poeta entrecierra los ojos y se concentra en el estallido de luces reflejadas por las aguas del puerto de Corintio. El poeta comprende la clave del planeta. A pesar de haber dormido poco, de haber vivido un día más en el precario equilibrio de su peregrinaje por el mundo, el poeta sabe la urgencia del mensaje. Sin mirar el papel, con su mirada fija en un punto distante del futuro, como si nos viera a nosotros, la mano del poeta convierte gotas de tinta en versos.

"Si yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, 
y no tuviera amor, 
vendría a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 
Y si tuviera el don de profecía, y entendiese todos los misterios 
y toda la ciencia, 
y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, 
y no tuviera amor, 
nada sería.
Y si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, 
y si entregara mi cuerpo para ser quemado, y no tuviera amor,
 de nada me serviría. 
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, 
el amor no es jactancioso,  no se envanece; no hace nada indebido, 
no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 
no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, 
y cesarán las lenguas,  y la ciencia acabará.
Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
mas cuando venga lo perfecto,  entonces lo que es en parte se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño,
juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 
Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. 
Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; 
pero el mayor de ellos es el amor."

Cuando termina de escribir, el poeta lee el verso y lo comprende. Es como si otro lo hubiese escrito y se lo hubiese dado a él. El poeta también sabe que los T-Rex del futuro, los inquisidores, vestidos de blanco y púrpura y proclamando defender la fe que encierran esos versos, sin que importe un carajo que de verdad no la comprendan, van a quemar, a degollar y a ultrajar metódicamente. El corazón detiene su ritmo por un breve momento y luego lo acelera, mientras el poeta se limpia la lágrima. “El amor todo lo comprende.” Sus versos vienen por un camino accidentado, a través de los años y de los pueblos. Lo reproducen monjes en la soledad de las abadías. Lo reproduce Gutenberg en la Biblia Mazarin. Lo reproduce Casiodoro de Reina en 1569. Y yo lo escribo en este mensaje. El poeta sonríe cuando nos ve. Asiente con un leve movimiento de la cabeza; con su dedo apunta primero al sol, luego al reflejo en el agua.

CEM

(Feliz aniversario)

March 6, 2006

Make Light of It

En la casilla: Correspondencia
I wanted to write a poem
that you would understand.
For what good is it to me
if you can't understand it?

    But you got to try hard.

William Carlos Williams. January Morning en Al que quiere!

Yo no escribo poemas. Nunca quise escribir poemas. Ni siquiera soy aficionada a leer poesía.

Mi escritura es una miríada de fragmentos, dándole vueltas a mis obsesiones. Siempre los mismos temas. (No voy a poner la lista aquí, ya la he escrito muchas veces).

Sólo vuelvo a robarme las palabras del doctor Williams para decirte que necesito que me entiendas. No tienes que hacerlo si no quieres. Tienes que hacerlo si me quieres. Si no puedes entenderme, nada te obliga. Sólo sé respetuoso: No digas que quieres a quien no conoces.

I’m trying hard.

Hágase la luz. No lo tomes en serio.

Notas previas

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