Corre, conejo
¿Existe una etiqueta del desamor?
¿Cuánto puede no decirse en tres minutos de conversación?
¿Existe una etiqueta del desamor?
¿Cuánto puede no decirse en tres minutos de conversación?
poem of the injustice borne with homelessness errantry tags on suitcases folded legs, a bed for desk País portátil returned / wearing emptiness
Guillermo Parra
Ya no hay arinchini en el menú. Tampoco cerveza Stout. Otro sitio con pasado, en dónde aún veo con frecuencia a cineastas, narradores o poetas que eran reconocidos y populares en el medio cultural hace 20 años; no sé si por casualidad, ahora funcionarios de la cultura oficial. El sitio de encuentro no tiene ya el nombre (¿elegante?) de Café Margana, sino un nombre en francés que subraya la falta de gusto. Un nombre que va bien con tratar de disimular la molestia que produce el olor a basura que comienza a descomponerse, ese olor que se ha vuelto característico de los sótanos de Centro Plaza y que comienza a sentirse en los ascensores y en la planta baja.
Por razones de ubicación, a pesar del olor a decadencia, Café Margana sigue siendo un sitio conveniente para encontrarse con amigos a conversar.
En esta ocasión, el sitio se presta para que conversemos sobre ese amor (difícil de comprender para la mayoría) que ambos sentimos por Caracas. Ese amor que hace que nuestro lugar de encuentro haya sido el CSI o el Centro Plaza, no algún café en Boston o en Ann Arbor.
Ha sido en Caracas donde hemos compartido nuestra común admiración por Rafael Cadenas. Nuestras coincidencias con Bolaño. Nuestro interés por la narrativa y la poesía venezolana. En esta ocasión, Guillermo me cuenta de su lectura de El Bonche de Renato Rodríguez. Yo lo tiento a leer Los alegres desahuciados. Leímos versiones en inglés de los poemas de Ramos Sucre. Prometí hacer una. Segunda vez que lo prometo. Hablamos de nuestro compromiso con este país, y del hastío que va dejando.
Ahora tengo para releer Caracas Notebook, cuaderno de arraigo en el país perdido que me acompañará en mi próxima mudanza. No sé adónde. (También compartimos la afinidad con los beatnik).
Hay un montón de cosas pasándonos en la vida, mientras hablamos.
Tan altos son los edificios que ya no se ve nada de mi infancia.
Leía yo en Ann Arbor. La imagen de las torres de Parque Central. La presencia del Guaire, caminando sobre el puente de la avenida Salvador Allende, en ruta por el Paseo Colón, cruzando el Parque Los Caobos. Estaba en Ann Arbor, precisamente porque la tierra giró para acercarnos… Y me fui allí a escribir una historia, a escribir mi pequeño Fedón, a cuatro manos, a dos cuerpos calientes.
Ahora he vuelto:
Caracas, ¿dónde estuvo? Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras, ya no se ve nada de mi infancia. Puedo pasearme ahora por sus calles a tientas, cada vez más solitario; su espacio es real, impávido, concreto, sólo mi historia es falsa.
No conocí a Eugenio Montejo. No le hablé nunca. No me duele su muerte, porque la promesa es que el poeta será inmortal. Y al hombre no lo conocí.
Preparados para otros 21 segundos de fama.
Entretanto:
Se oye un sapo a la sombra en todo esto que no se ve porque no hay sombra, sino luz recta y piedras refractarias.
I shut my eyes and all the world drops dead; I lift my lids and all is born again. (I think I made you up inside my head.) The stars go waltzing out in blue and red, And arbitrary blackness gallops in: I shut my eyes and all the world drops dead. I dreamed that you bewitched me into bed And sung me moon-struck, kissed me quite insane. (I think I made you up inside my head.) God topples from the sky, hell’s fires fade: Exit seraphim and Satan’s men: I shut my eyes and all the world drops dead. I fancied you’d return the way you said, But I grow old and I forget your name. (I think I made you up inside my head.) I should have loved a thunderbird instead; At least when spring comes they roar back again. I shut my eyes and all the world drops dead. (I think I made you up inside my head.)
Desde hace tres noches, leo poemas de Sylvia Plath antes de dormir. Nunca antes había leído sus poemas (supongo que habré leído alguno suelto, pero no lo recuerdo con precisión). Lo cierto es que el melodrama que rodea el relato de su suicidio y cierto culto feminista en torno a su nombre me espantaron como lectora.
Un trivia-test logró que me pusiera a leer poemas de Sylvia Plath. Entre muchos, me encontré con este. I think I made you up inside my head. Eso es lo que decimos (en silencio, para nosotras mismas) todas las mujeres, de nuestros pequeños amantes. Digo pequeños pensando en que los hombres nunca pierden esa condición de niños. Sólo son hombres cuando los acabamos de encontrar, cuando apenas comenzamos a conocerlos y nos enamoramos. Eso dura hasta el primer orgasmo. Si acaso.
“Yo soy un niño muy hombre”, suele decir el hombre que viene en este momento a interrumpir mi escritura. Viene muerto de la risa a invitarme a bailar funk, a reírme con él porque “es un gordo muy loco, muy cómico” ese cuya voz sale del sistema de sonido del laptop nuevo que me regaló el Highlander. Estoy de acuerdo en que es “muy loco, muy cómico” es Lo mejor de Mano Negra, y no sé porqué suena a gordo la voz de Manu Chao. Bailamos.
Y regreso a terminar de escribir el primer rulemán de 2008.
“(…) Grito político, crítica política en la que el grito está ahí como un pulmón que respira; así he entendido siempre, así la seguiré sintiendo y diciendo. Hoy hay que gritar una política crítica, hay que criticar gritando cada vez que se lo cree justo: sólo así podremos acabar un día con los chacales y las hienas.
De qué sirve escribir la buena prosa, de qué vale que exponga razones y argumentos, si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo, lo mutilan, le sacan lo que quieren, dejan de lado el resto, vuelven lo blanco negro, el signo más se cambia en signo menos. Los chacales son sabios en los telex, son las tijeras de la infamia y del malentendido. Manada universal, blancos, negros, albinos, lacayos si no firman y todavía más chacales cuando firman, de qué sirve escribir midiendo cada frase, de qué sirve pesar cada acción, cada gesto que expliquen la conducta, si al otro día los periódicos, los consejeros, las agencias, los policías disfrazados, los asesores del gorila, los abogados de los trusts se encargarán de la versión más adecuada para consumo de inocentes o de crápulas, fabricarán una vez más la mentira que corre, la duda que se instala, y tanta buena gente en tanto pueblo y tanto campo de tanta tierra nuestra que abre su diario y busca su verdad y se encuentra con la mentira maquillada, los bocados a punto, y va tragando baba prefabricada, mierda en pulcras columnas, y hay quien cree y hay quien olvida el resto, tantos años de amor y de combate, porque así es, compadre, los chacales lo saben: la memoria es falible y como en los contratos, como en los testamentos, el diario de hoy con sus noticias invalida todo lo precedente, hunde el pasado en la basura de un presente traficado y mentido. Entonces no, mejor ser lo que se es, decir eso que quema la lengua y el estómago, siempre habrá quien entienda este lenguaje que del fondo viene como del fondo brotan el semen, la leche, las espigas. Y el que espera otra cosa, la defensa o la fina explicación, la reincidencia o el escape, nada más fácil que comprar el diario Made in USA y leer los comentarios a este texto, las versiones de Reuters o de la UPI donde los chacales sabihondos le darán la versión satisfactoria, donde editorialistas mexicanos o brasileños o argentinos traducirán para él, con tanta generosidad, las instrucciones del chacal con sede en Washington [o en cualquier otra parte], las pondrán en correcto castellano, mezcladas con saliva nacional con mierda autóctona, fácil de tragar. No me excuso de nada, y sobre todo No excuso este lenguaje. Es la hora del Chacal, de los chacales y de sus obedientes: Los mando a todos a la reputa madre que los parió. Y digo lo que vivo y lo que siento y lo que sufro y lo que espero.
Diariamente, en mi mesa, los recortes de prensa: París, Londres, Nueva York, Buenos Aires, Ciudad de México, Río. Diariamente (en poco tiempo, apenas dos semanas) la máquina montada, la operación cumplida, los liberales encantados, los revolucionarios confundidos, la violación con letra impresa, los comentarios compungidos, alianza de chacales y de puros, la manada feliz, todo va bien. Me cuesta emplear esta primera persona del singular, y más me cuesta decir: esto es así, o esto es mentira. Todo escritor, Narciso, se masturba defendiendo su nombre, el Occidente lo ha llenado de orgullo solitario. ¿Quién soy yo frente a los pueblos que luchan por la sal y la vida, con qué derecho he de llenar más páginas con negociaciones y opiniones personales? Si hablo de mí es que acaso, compañero, allí donde te encuentran estas líneas, me ayudarás, te ayudaré a matar a los chacales. Veremos más preciso el horizonte, más verde el mar y más seguro el hombre. Les hablo a todos mis hermanos, pero miro hacia [Venezuela]. No sé de otra manera mejor para abarcar la América Latina.
Comprendo a [ Venezuela] como sólo se comprende al ser amado, los gestos, las distancias y tantas diferencias, las cóleras, los gritos: por encima está el sol, la libertad. Y todo empieza por lo opuesto […] por la necesidad de comprender por qué, de preguntar y de esperar […] Tantos que diariamente resistimos el aluvión y el vómito de las buenas conciencias, de los desencantados, de los que ven cambiar ese modelo que imaginaron por su cuenta y en sus casas, para dormir tranquilos sin hacer nada, sin mirar de cerca, la luna de miel barata con su isla Paraíso, lo bastante lejana para ser de verdad paraíso y que de golpe encuentran que su cielito lindo les cae en la cabeza. Tienes razón Fidel: sólo en la brega hay derecho al descontento, sólo de adentro ha de salir la crítica, la búsqueda de fórmulas mejores, Sí, pero de adentro es tan afuera a veces, y si hoy me aparto para siempre del liberal a la violeta, de los que firman los virtuosos textos por-que-Cu-ba-no-es-eso-que-e-xi-gen-sus-es-que-mas-de-bu-fe-te, no me creo excepción, soy como ellos, qué habré hecho por [Venezuela] más allá del amor, qué habré dado por [Venezuela] más allá de un deseo, una esperanza. Pero me aparto ahora de su mundo ideal, de sus esquemas, precisamente ahora cuando se me pone en la puerta de lo que amo, se me prohibe defenderlo, es ahora que ejerzo mi derecho a elegir […] a mi manera. Y mi manera torpe, a manotazos es ésta, es repetir lo que me gusta o no me gusta, aceptando el reproche de hablar desde tan lejos y a la vez insistiendo (cuántas veces lo habré hecho para el viento) en que soy lo que soy, y no soy nada, y esa nada es mi tierra americana […]
De nuevo el patrioterismo de escarapela, cómodo y rendidor, de nuevo la baba de los resentidos, de tantos que se quedan en sus pozos sin hacer nada, sin ser oídos más que en sus casas a la hora del bife; como si en algo dejara yo de ser latinoamericano, como si un cambio a nivel de pasaporte (y ni siquiera lo es, pero no vamos a poner a explicar, al chacal se lo patea y se acabó) mi corazón fuera a cambiar, mi conducta fuera a cambiar, mi camino fuera a cambiar. Demasiado asco para seguir con esto; mi patria es otra cosa, nacionalista infeliz; me sueno los mocos con tu bandera de pacotilla, ahí donde estés. La revolución también es otra cosa; a su término, muy lejos, tal vez infinitamente lejos, hay una magnífica quema de banderas, una fogata de trapos manchados por todas las mentiras y la sangre de la historia de los chacales y los resentidos y los mediocres y los burócratas y los gorilas y los lacayos.
Y así es, compañeros, si me oyen en La Habana, en cualquier parte, hay cosas que no trago, hay cosas que no puedo tragar en una marcha hacia la luz, nadie llega a la luz si saca a relucir los podridos fantasmas del pasado, si los perjuicios, los tabúes del macho y de la hembra siguen en sus maletas, y si un vocabulario de casuistas cuando no de energúmenos arma la burocracia del idioma y los cerebros, condiciona a los pueblos que Marx y que Lenin soñaron libres por dentro y por fuera, en carne y en conciencia y en amor, en alegría y trabajo. Por eso, compañeros, sé que puedo decirles lo que creo y no creo, lo que acepto y no acepto. Esta mi policrítica, mi herramienta de luz, y en [Venezuela] sé de ese combate contra tanto enemigo, sé de esa isla de hombres enteros que nunca olvidarán la risa y la ternura, que las defenderán enamoradamente, que cantan y que beben entre turnos de brega, que hacen guardia fumando, que son los que buscó Martí, lo que firmaron con su sangre tantos muertos a la hora de caer frente a chacales de dentro y a chacales de fuera. No seré yo quien proclame al divino botón el coraje de [Venezuela] y su combate; siempre hay alguna hiena maquinada de juez, poeta o crítico, lista a cantar las loas de lo que odia en el fondo de sus tripas, pronta a asfixiar la voz de los que quieren el verdadero diálogo, el contacto. […]
Y también en contacto con el otro, el sencillo camarada que necesita la palabra y el rumbo para impulsar mejor la máquina, para cortar mejor la caña. Nadie espere de mí el elogio fácil, pero hoy es más que nunca tiempo de decisión y de aguas claras: Diálogo pido, encuentro en las borrascas, policríticas diaria, no acepto la repetición de humillaciones torpes, no acepto risas de los fariseos convencidos de que todo anda bien después de cada ejemplo. No acepto la intimidación ni la vergüenza. Y es por eso que acepto la crítica de veras, la que viene de aquel que aguanta en el timón, de aquellos que pelean por una causa justa, allá o aquí, en lo alto o en lo bajo, y reconozco la torpeza de pretender saberlo todo desde un mero escritorio y busco humildemente la verdad en los hechos de ayer y de mañana, y te busco la cara, [Venezuela] la muy querida, y soy el que fue a ti como se va a beber el agua, con la sed que será racimo o canto. Revolución hecha de hombres, llena estarás de errores y desvíos, llena estarás de lágrimas y ausencias, pero a mí, a los que tantos en horizontes somos pedazos de América Latina, tú nos comprenderás al término del día, Volveremos a vernos, a estar juntos, carajo, contra hienas y cerdos y chacales de cualquier meridiano, contra tibios y flojos y escribas y lacayos en París, en La Habana o Buenos Aires, contra lo peor que duerme en lo mejor, contra el peligro de quedarse atascado en plena ruta, de no cortar los nudos machetazo limpio, así yo sé que un día volveremos a vernos. […] Hablémonos, eso es de hombres: al comienzo fue el diálogo. Déjame defenderte cuando asome el chacal de turno, déjame estar ahí. Y si no lo quieres, oye, compadre, olvida tanta crisis barata. Empecemos de nuevo, di lo tuyo, aquí estoy, aquí te espero; toma, fuma conmigo, largo es el día, el humo ahuyenta los mosquitos. Sabes, nunca estuve tan cerca como ahora, de lejos, contra viento y marea. El día nace.”
Julio Cortazar. Publicado en la revista Casa de las Américas, n º 67, julio-agosto de 1971, La Habana
Entre corchetes [ ] mis correcciones de contexto. En negritas, los detalles que hoy sentimos re-semantizados.
*
Porque uno escoge a quien prenderle velas, con sus errores. Y no acepta semidioses autoproclamados. Y no acepta gorilas, ni fascistas sin pararse en la excusa del color de la camisa. Porque en este espacio se escribe desde el sentimiento. Desde el poli-grito, no desde crítica política que tendrá sus momentos y sus espacios en los días que se nos vienen.
- ¿Qué te pareció, Román? ¿Te gustó? - Me gustó. Es conmovedora. - ¿No sabes quien te habla? - No. No te veo. Está muy oscuro aquí. - Es Edmundo Aray.
Supongo que a Edmundo Aray también le gustó. De verdad estaba oscura la sala del Centro Plaza y no me quedé a escuchar la conversación ajena. Me estaban esperando las cervezas en el café Margana, un sitio que desapareció con el siglo XXI, pero l@s amig@s insisten en seguir llamando así al sitio que está ahora en su lugar. Es que la gente no acepta que le cambien los nombres a las cosas que conoció de siempre.
A mí me gustó la película. Me pareció bien hecha, forma y trama articuladas. No me conmovió. No creo que sea una película conmovedora. No explota la emotividad, a pesar de que sea la mirada de los niños sobre las situaciones de angustia que vive la familia. Es una película que espera al espectador-intérprete. No sé si sean muchos quienes se animen a ese rol tan arriesgado en estos días de poca crítica.
La película empieza con un video de las fiestas de Carnavales. De allí que no deba sorprendernos que haya tanta gente disfrazada. Vemos al hombre rana metiéndose de cabeza en los pipotes, cochecitos cargados de pistolas, la Señorita Mayonesa conduciendo su Volkswagen, flacuchentos con uniforme de beisbol, militares “de los nuestros“.
También es una película que reconoce la cultura de la imagen sesentosa. Los comerciales de TV, tan modernos. Los documentales militares tan fachos y nacionalistas, tan de cazadores. El documental del gringo sobre las heroicas FALN, a cuyos combatientes sólo vemos hablándole a la cámara y caminando por el monte. El comando de las FALN va caminando para encontrarse con el otro frente, presumen que cuando se encuentren habrá que hablar menos de Marx & Lenin y más de Bolívar; no vemos ese encuentro en la película, pero igual nos sabemos la historia.
Fíjense en la foto. Identifiquen el disfraz más pop. A mí me parece que el mejor es el guerrillero heroico, con su boina y la sombra que le cae en la cara. Sí, el que se comía las sardinas, escondido por el monte. “Usted me ha delatado”. El que le dará miedo a la niña.
En la cárcel, por supuesto, también hay miedo. Hay tortura. Pero, esa no es la única causa del miedo. Hay un tribunal disciplinario. Hay delatores. Hay jerarquías. Tu hermano, camarada, puede ser tu asesino. La parte buena es que dejan que comas naranjas. Y uno se hace el loco.
O se hace el frívolo, el pop, el lúdico. Como las chicas tan maquilladitas en la tienda, señoritas mayonesa, en serie. Al fondo suena Hasta siempre comandante. ¿Será casualidad que entre tantas canciones de la época hayan elegido precisamente la canción de la despedida del Ché Comandante de Cuba? La que oculta el tribunal disciplinario, la traición, la sentencia del burócrata que mandó a la gloria (y a la muerte) al guerrillero heroico. No puede ser casualidad que hayan elegido una versión punk. ¿Porque cómo puede mi generación reconstruir el mito del chico de los afiches, del hombre nuevo, con piezas del Presidente del Banco Nacional, con el responsable de tantos fusilamientos? Hay que pedir ayuda al anacronismo punk (anacronismo en 1966 y en 2006, cuando se hizo Postales de Leningrado) para seguir alimentando el mito de la rebeldía y del anti-autoritarismo. Para no tener miedo a las ratas.
¿Una película oficialista? “Niños, no hagan eso, que militar no piensa”. ¿Quién se robaría la pierna de Pedro? La pierna que Teo y su abuela prepararon, no para comérsela, sino para que se viera bien bonita. ¿Una película oficialista? “Niños, no hagan eso, que militar no piensa”. Lo lograste, Teo. Pasaste con la bicicleta por el puente y no se notó tanto que tenías miedo. Lo lograste niña sin nombre. Los policías que subieron al autobús no te vieron. Eres invisible.
Este es el plan:
Vean Postales de Leningrado. No tengan miedo. Vamos a volvernos invisibles.
Si vas pa’casael pana, todo el mundo te la va fumar, sabes que eso es así. No joda, güeón, yo no le voya estar brindando a un poco’e mamagüevos que ni conozco. Entonces no vayas pa’la fiesta y ya. Ah verga, tú vas a seguir. Que te digo que a los convives sí, a Jaykson, a Maykel, todo es bien, ¿ah?, pero no a todas las lacras que andan por ahí. Y esos que se la pasan mal hablando, diciendo que siel Willy esto, que siel Jimmy aquello. Tranquilo, yow, siempre hay envidia.
¿Se fijaron en los nombres?
-Buenos días, caballero. José Luis Manccini, de la Quinta “Mis Delicias”. Vengo en la tarde. ¿Usted cómo se llama? ¿Ah? ¿Rogny? ¿Rodney? Ah. Con “g”. OK. Buen día, “rogny”-. Subo el vidrio y vuelvo a ponerme los lentes. Rogny. Hábrase visto. Alguien debería prohibir esos nombres. El Papa o alguien. Rogny, Neylson, Stalyn… que buena vaina. Espérate a que los panas escuchen este cuento. Se van a morir de risa.
Aquí, en la reina de Guaraira Repano, muriéndonos de risa porque se va acabar esa vaina de ponerle a los chamos pobres nombres que los expongan a burla de esos niños de la Metropolitana. ¿Se acabará el lacreo cuando desaparezcan del registro civil los Joldan y las Yuleisi?
Mientras tanto le seguimos el ritmo al habla caraqueña de los ‘90s, leyendo Caracas Cruzada, la novela de Vicente Ulive-Schnell, de la cual tenía pendiente comentar por aquí. (Las citas al inicio están tomadas de la novela).
Aprovecho y les doy un anticipo de la reseña pendiente, Ulive hace rezumar de sus palabras nuevos conceptos y perspectivas. Las páginas de Caracas Cruzada concentran tinta como savia de nuestra tierra, esa feria de luces que define el camino de un pueblo entero y sus orígenes.
(Alerta: las cursivas son copiadas directamente de la presentación de la colección Páginas Venezolanas de la editorial El perro y la rana).
No se asusten, la novela de Ulive está escrita en lenguajes que habla la gente, como Julia y Andrés (para mí las mejores secciones) o como el Willy y el Jimmy, no en el cursi croar de la editorial. Léanla, antes de que se agote.
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