Rulemanes para Telémaco

December 3, 2007

Sólo en la brega hay derecho al descontento

“(…) Grito político, crítica política en la que el grito está ahí como un pulmón que respira; así he entendido siempre, así la seguiré sintiendo y diciendo. Hoy hay que gritar una política crítica, hay que criticar gritando cada vez que se lo cree justo: sólo así podremos acabar un día con los chacales y las hienas.

De qué sirve escribir la buena prosa, de qué vale que exponga razones y argumentos, si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo, lo mutilan, le sacan lo que quieren, dejan de lado el resto, vuelven lo blanco negro, el signo más se cambia en signo menos. Los chacales son sabios en los telex, son las tijeras de la infamia y del malentendido. Manada universal, blancos, negros, albinos, lacayos si no firman y todavía más chacales cuando firman, de qué sirve escribir midiendo cada frase, de qué sirve pesar cada acción, cada gesto que expliquen la conducta, si al otro día los periódicos, los consejeros, las agencias, los policías disfrazados, los asesores del gorila, los abogados de los trusts se encargarán de la versión más adecuada para consumo de inocentes o de crápulas, fabricarán una vez más la mentira que corre, la duda que se instala, y tanta buena gente en tanto pueblo y tanto campo de tanta tierra nuestra que abre su diario y busca su verdad y se encuentra con la mentira maquillada, los bocados a punto, y va tragando baba prefabricada, mierda en pulcras columnas, y hay quien cree y hay quien olvida el resto, tantos años de amor y de combate, porque así es, compadre, los chacales lo saben: la memoria es falible y como en los contratos, como en los testamentos, el diario de hoy con sus noticias invalida todo lo precedente, hunde el pasado en la basura de un presente traficado y mentido. Entonces no, mejor ser lo que se es, decir eso que quema la lengua y el estómago, siempre habrá quien entienda este lenguaje que del fondo viene como del fondo brotan el semen, la leche, las espigas. Y el que espera otra cosa, la defensa o la fina explicación, la reincidencia o el escape, nada más fácil que comprar el diario Made in USA y leer los comentarios a este texto, las versiones de Reuters o de la UPI donde los chacales sabihondos le darán la versión satisfactoria, donde editorialistas mexicanos o brasileños o argentinos traducirán para él, con tanta generosidad, las instrucciones del chacal con sede en Washington [o en cualquier otra parte], las pondrán en correcto castellano, mezcladas con saliva nacional con mierda autóctona, fácil de tragar. No me excuso de nada, y sobre todo No excuso este lenguaje. Es la hora del Chacal, de los chacales y de sus obedientes: Los mando a todos a la reputa madre que los parió. Y digo lo que vivo y lo que siento y lo que sufro y lo que espero.

Diariamente, en mi mesa, los recortes de prensa: París, Londres, Nueva York, Buenos Aires, Ciudad de México, Río. Diariamente (en poco tiempo, apenas dos semanas) la máquina montada, la operación cumplida, los liberales encantados, los revolucionarios confundidos, la violación con letra impresa, los comentarios compungidos, alianza de chacales y de puros, la manada feliz, todo va bien. Me cuesta emplear esta primera persona del singular, y más me cuesta decir: esto es así, o esto es mentira. Todo escritor, Narciso, se masturba defendiendo su nombre, el Occidente lo ha llenado de orgullo solitario. ¿Quién soy yo frente a los pueblos que luchan por la sal y la vida, con qué derecho he de llenar más páginas con negociaciones y opiniones personales? Si hablo de mí es que acaso, compañero, allí donde te encuentran estas líneas, me ayudarás, te ayudaré a matar a los chacales. Veremos más preciso el horizonte, más verde el mar y más seguro el hombre. Les hablo a todos mis hermanos, pero miro hacia [Venezuela]. No sé de otra manera mejor para abarcar la América Latina.

Comprendo a [ Venezuela] como sólo se comprende al ser amado, los gestos, las distancias y tantas diferencias, las cóleras, los gritos: por encima está el sol, la libertad. Y todo empieza por lo opuesto […] por la necesidad de comprender por qué, de preguntar y de esperar […] Tantos que diariamente resistimos el aluvión y el vómito de las buenas conciencias, de los desencantados, de los que ven cambiar ese modelo que imaginaron por su cuenta y en sus casas, para dormir tranquilos sin hacer nada, sin mirar de cerca, la luna de miel barata con su isla Paraíso, lo bastante lejana para ser de verdad paraíso y que de golpe encuentran que su cielito lindo les cae en la cabeza. Tienes razón Fidel: sólo en la brega hay derecho al descontento, sólo de adentro ha de salir la crítica, la búsqueda de fórmulas mejores, Sí, pero de adentro es tan afuera a veces, y si hoy me aparto para siempre del liberal a la violeta, de los que firman los virtuosos textos por-que-Cu-ba-no-es-eso-que-e-xi-gen-sus-es-que-mas-de-bu-fe-te, no me creo excepción, soy como ellos, qué habré hecho por [Venezuela] más allá del amor, qué habré dado por [Venezuela] más allá de un deseo, una esperanza. Pero me aparto ahora de su mundo ideal, de sus esquemas, precisamente ahora cuando se me pone en la puerta de lo que amo, se me prohibe defenderlo, es ahora que ejerzo mi derecho a elegir […] a mi manera. Y mi manera torpe, a manotazos es ésta, es repetir lo que me gusta o no me gusta, aceptando el reproche de hablar desde tan lejos y a la vez insistiendo (cuántas veces lo habré hecho para el viento) en que soy lo que soy, y no soy nada, y esa nada es mi tierra americana […]

De nuevo el patrioterismo de escarapela, cómodo y rendidor, de nuevo la baba de los resentidos, de tantos que se quedan en sus pozos sin hacer nada, sin ser oídos más que en sus casas a la hora del bife; como si en algo dejara yo de ser latinoamericano, como si un cambio a nivel de pasaporte (y ni siquiera lo es, pero no vamos a poner a explicar, al chacal se lo patea y se acabó) mi corazón fuera a cambiar, mi conducta fuera a cambiar, mi camino fuera a cambiar. Demasiado asco para seguir con esto; mi patria es otra cosa, nacionalista infeliz; me sueno los mocos con tu bandera de pacotilla, ahí donde estés. La revolución también es otra cosa; a su término, muy lejos, tal vez infinitamente lejos, hay una magnífica quema de banderas, una fogata de trapos manchados por todas las mentiras y la sangre de la historia de los chacales y los resentidos y los mediocres y los burócratas y los gorilas y los lacayos.

Y así es, compañeros, si me oyen en La Habana, en cualquier parte, hay cosas que no trago, hay cosas que no puedo tragar en una marcha hacia la luz, nadie llega a la luz si saca a relucir los podridos fantasmas del pasado, si los perjuicios, los tabúes del macho y de la hembra siguen en sus maletas, y si un vocabulario de casuistas cuando no de energúmenos arma la burocracia del idioma y los cerebros, condiciona a los pueblos que Marx y que Lenin soñaron libres por dentro y por fuera, en carne y en conciencia y en amor, en alegría y trabajo. Por eso, compañeros, sé que puedo decirles lo que creo y no creo, lo que acepto y no acepto. Esta mi policrítica, mi herramienta de luz, y en [Venezuela] sé de ese combate contra tanto enemigo, sé de esa isla de hombres enteros que nunca olvidarán la risa y la ternura, que las defenderán enamoradamente, que cantan y que beben entre turnos de brega, que hacen guardia fumando, que son los que buscó Martí, lo que firmaron con su sangre tantos muertos a la hora de caer frente a chacales de dentro y a chacales de fuera. No seré yo quien proclame al divino botón el coraje de [Venezuela] y su combate; siempre hay alguna hiena maquinada de juez, poeta o crítico, lista a cantar las loas de lo que odia en el fondo de sus tripas, pronta a asfixiar la voz de los que quieren el verdadero diálogo, el contacto. […]

Y también en contacto con el otro, el sencillo camarada que necesita la palabra y el rumbo para impulsar mejor la máquina, para cortar mejor la caña. Nadie espere de mí el elogio fácil, pero hoy es más que nunca tiempo de decisión y de aguas claras: Diálogo pido, encuentro en las borrascas, policríticas diaria, no acepto la repetición de humillaciones torpes, no acepto risas de los fariseos convencidos de que todo anda bien después de cada ejemplo. No acepto la intimidación ni la vergüenza. Y es por eso que acepto la crítica de veras, la que viene de aquel que aguanta en el timón, de aquellos que pelean por una causa justa, allá o aquí, en lo alto o en lo bajo, y reconozco la torpeza de pretender saberlo todo desde un mero escritorio y busco humildemente la verdad en los hechos de ayer y de mañana, y te busco la cara, [Venezuela] la muy querida, y soy el que fue a ti como se va a beber el agua, con la sed que será racimo o canto. Revolución hecha de hombres, llena estarás de errores y desvíos, llena estarás de lágrimas y ausencias, pero a mí, a los que tantos en horizontes somos pedazos de América Latina, tú nos comprenderás al término del día, Volveremos a vernos, a estar juntos, carajo, contra hienas y cerdos y chacales de cualquier meridiano, contra tibios y flojos y escribas y lacayos en París, en La Habana o Buenos Aires, contra lo peor que duerme en lo mejor, contra el peligro de quedarse atascado en plena ruta, de no cortar los nudos machetazo limpio, así yo sé que un día volveremos a vernos. […] Hablémonos, eso es de hombres: al comienzo fue el diálogo. Déjame defenderte cuando asome el chacal de turno, déjame estar ahí. Y si no lo quieres, oye, compadre, olvida tanta crisis barata. Empecemos de nuevo, di lo tuyo, aquí estoy, aquí te espero; toma, fuma conmigo, largo es el día, el humo ahuyenta los mosquitos. Sabes, nunca estuve tan cerca como ahora, de lejos, contra viento y marea. El día nace.”

Julio Cortazar. Publicado en la revista Casa de las Américas, n º 67, julio-agosto de 1971, La Habana

Entre corchetes [ ] mis correcciones de contexto. En negritas, los detalles que hoy sentimos re-semantizados.

*

Porque uno escoge a quien prenderle velas, con sus errores. Y no acepta semidioses autoproclamados. Y no acepta gorilas, ni fascistas sin pararse en la excusa del color de la camisa. Porque en este espacio se escribe desde el sentimiento. Desde el poli-grito, no desde crítica política que tendrá sus momentos y sus espacios en los días que se nos vienen.

November 28, 2007

October 19, 2007

Buscando imágenes para resistir

Sin previa declaración de guerra invadieron
el país mientras él pintaba sus flores.

Siguieron las batallas y las derrotas.
Él continuó pintando sus flores.

Vino la resistencia contra el terror que desató el ocupante.
Él se obstinó en no abandonar sus flores.

Al fin los que hicieron el mal fueron vencidos.
Él prosiguió pintando sus flores.

Ahora reconocemos qué valiente fue ante todo ese horror
porque nunca dejó de pintar sus flores.

José Emilio Pacheco. Pintar las flores.

Hace un año, Aldán me regaló este poema de José Emilio Pacheco.

Hace un año que recuerdo al pintor de flores, cada vez que me da por pensar que debería ser más egoísta y ponerme a escribir una novela.

Todavía no he podido. He tenido 337 razones para no pintar flores.

De la serie realizada por José Arocha. (Licencia CC: Atribución, compartir igual).

Buscando imágenes para resistir.

December 3, 2006

–No hay vuelta atrás.

En la casilla: Emergente
La frase no la oía con los oídos sino directamente en el interior de su cerebro. Norton ha adquirido poderes telepáticos, pensaba Morini. No es mala, es buena. No es malignidad lo que percibí, sino telepatía, se decía para torcer el rumbo de un sueño que en su fuero interno sabía inamovible y fatal. Entonces la inglesa repetía, en alemán, no hay vuelta atrás. Y, paradójicamente, le daba la espalda y se alejaba en dirección contraria a la de la piscina, y se perdía en un bosque apenas silueteado entre la niebla, un bosque del que se desprendía un resplandor rojo, y en ese resplandor rojo Norton se perdía.

Roberto Bolaño. 2666

October 16, 2006

Llamada al 171

En la casilla: Emergente, (eto ne)pravda

Lo vi el viernes pasado cuando iba al banco. Estaba sentado en la acera, comiéndose un pedazo de pan. Olía mal. Olía a mierda. Volví a verlo al regreso. Ya no comía. Estaba acostado en la acera; lo que quedaba del pan a un lado. Tenía los ojos vidriosos, la expresión ausente. Esta vez vi el charco de mierda que lo rodeaba. El hombre estaba enfermo. Tenía diarrea, evidentemente.

Llegué a la casa, busqué el número de emergencia. Sigue siendo el 171; pensaba que podría haber cambiado porque este país cambió definitivamente. Llamé y pedí una ambulancia.

El sábado no pasé por allí.

El domingo volví a pasar, camino del supermercado. Allí estaba el hombre, inconsciente o dormido. Allí estaba la mierda que lo rodeaba.

Al llegar al centro comercial, busqué al vigilante. Le conté lo que ocurría y le pedí que llamara a una ambulancia o a la policía. Otros dos hombres, escuchaban nuestra conversación. Debe ser Ibarra, dijeron entre ellos, cuando se los describí. Dijeron que ellos se hacían cargo.

De regreso a casa, con mis dos bolsas de pañales y cervezas y mi chamo de la mano, vi al hombre que seguía tirado en el mismo sitio. Como que no era Ibarra, por su mala suerte. Me devolví.

De venida había visto que también había un vigilante en el McDonald de la esquina. Me dijo que él había visto al hombre el día anterior, que no podía hacer nada. Él no tenía el teléfono de la policía, ni de ningún servicio de ambulancias. Alguien le había contado que al hombre lo habían botado del hospital cercano para que se muriera en la calle. No podía hacer nada, repitió y se fue.

No me quedó más que seguir para mi casa. Pensé pedirle al conserje que me ayudara, pero domingo es su día libre y él tampoco podría hacer nada. Volví a llamar al servicio de emergencia.

Esta mañana, cuando iba a llevar al niño al pediatra, pasé por allí en taxi. Me fijé. El hombre no estaba; hasta parecía que habían lavado la acera. Deben haber venido a atenderlo anoche; deben haber limpiado esta mañana, pensé.

De regreso del pediatra, cuando pasaba por el lugar, iba delante del taxi una camioneta de la Policía de Carabobo. Corneteó, insistentemente. Entonces, lo vi. A un par de metros del lugar, en una jardinera estaba tirado el hombre. No creo que haya podido arrastrarse hasta allí. La acera está libre y limpia. La Policía de Carabobo patrulla.

~

Un momento, antes de volver a los temas importantes: ¿Ustedes creen que debo volver llamar al 171 para pedir que socorran a este hombre?

¿Será que si vuelvo a llamar esta noche viene una ambulancia para llevarlo al hospital? ¿Será que viene la policía a limpiar la jardinera y se llevan el despojo al relleno sanitario?

August 9, 2006

Libros viajeros

En la casilla: Emergente

Una tonelada de libros debe viajar de Ann Arbor (USA) hasta Caracas (Venezuela). Ando buscando alternativas económicas, rápidas y seguras. Recibo datos y sugerencias en los comentarios o en mi gmail.

July 12, 2006

139 días después

En la casilla: Emergente

No llegan muchas, pero hoy llegó una buena noticia desde China. Luego de 139 días de prisión, incomunicado y sin que su familia conociera los cargos que se le imputaban, el cineasta y bitacorista Hao Wu ha sido liberado por las autoridades de Beijing.

Notas previas

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