Caracas Notebook
poem of the injustice borne with homelessness errantry tags on suitcases folded legs, a bed for desk País portátil returned / wearing emptiness
Guillermo Parra
Ya no hay arinchini en el menú. Tampoco cerveza Stout. Otro sitio con pasado, en dónde aún veo con frecuencia a cineastas, narradores o poetas que eran reconocidos y populares en el medio cultural hace 20 años; no sé si por casualidad, ahora funcionarios de la cultura oficial. El sitio de encuentro no tiene ya el nombre (¿elegante?) de Café Margana, sino un nombre en francés que subraya la falta de gusto. Un nombre que va bien con tratar de disimular la molestia que produce el olor a basura que comienza a descomponerse, ese olor que se ha vuelto característico de los sótanos de Centro Plaza y que comienza a sentirse en los ascensores y en la planta baja.
Por razones de ubicación, a pesar del olor a decadencia, Café Margana sigue siendo un sitio conveniente para encontrarse con amigos a conversar.
En esta ocasión, el sitio se presta para que conversemos sobre ese amor (difícil de comprender para la mayoría) que ambos sentimos por Caracas. Ese amor que hace que nuestro lugar de encuentro haya sido el CSI o el Centro Plaza, no algún café en Boston o en Ann Arbor.
Ha sido en Caracas donde hemos compartido nuestra común admiración por Rafael Cadenas. Nuestras coincidencias con Bolaño. Nuestro interés por la narrativa y la poesía venezolana. En esta ocasión, Guillermo me cuenta de su lectura de El Bonche de Renato Rodríguez. Yo lo tiento a leer Los alegres desahuciados. Leímos versiones en inglés de los poemas de Ramos Sucre. Prometí hacer una. Segunda vez que lo prometo. Hablamos de nuestro compromiso con este país, y del hastío que va dejando.
Ahora tengo para releer Caracas Notebook, cuaderno de arraigo en el país perdido que me acompañará en mi próxima mudanza. No sé adónde. (También compartimos la afinidad con los beatnik).
Hay un montón de cosas pasándonos en la vida, mientras hablamos.







