Señales impersonales
Cuando titulé mi primera novela sobre mi hijo, «Un asunto personal», yo creía, yo sabía lo más importante: no hay ningún asunto personal. Debemos encontrar el vínculo entre nosotros mismos, nuestro ‘asunto personal’ y la sociedad.
Esta bitácora comenzó con un cuento, fragmentos de Litio, un texto ajeno (y cercano) sobre Pi y una nota sobre el tema de la dignidad (perdida en Blogger). Eran textos impersonales para un lector casual. Tenían como motivo asuntos personales para las personas que me conocen muy bien.
Me siento cómoda con esa manera de comunicarme, distante cuando escribo sobre cosas que me afectan muy directamente, reservada incluso cuando publico mis asuntos personales. Esa intimidad impersonal era algo que me hacía sentir en mi espacio cuando escribía en esta bitácora. Escribía en mi propio tono sin concesiones al contexto. Esa independencia fue afectada con la llegada a la conversación de gente con quien compartía intereses pero no una historia privada. Creo que logré un balance durante un buen tiempo, explorando vínculos entre los intereses de los otros y mis asuntos personales. A mí regreso a Venezuela, se volvió difícil mantener ese equilibrio. Quizás tenga que ver con el síndrome de los repatriados.
Hoy es 10 de marzo. No podía dejarlo pasar sin una señal.







