Stailyn no está registrado en Karakas
Si vas pa’casael pana, todo el mundo te la va fumar, sabes que eso es así. No joda, güeón, yo no le voya estar brindando a un poco’e mamagüevos que ni conozco. Entonces no vayas pa’la fiesta y ya. Ah verga, tú vas a seguir. Que te digo que a los convives sí, a Jaykson, a Maykel, todo es bien, ¿ah?, pero no a todas las lacras que andan por ahí. Y esos que se la pasan mal hablando, diciendo que siel Willy esto, que siel Jimmy aquello. Tranquilo, yow, siempre hay envidia.
¿Se fijaron en los nombres?
-Buenos días, caballero. José Luis Manccini, de la Quinta “Mis Delicias”. Vengo en la tarde. ¿Usted cómo se llama? ¿Ah? ¿Rogny? ¿Rodney? Ah. Con “g”. OK. Buen día, “rogny”-. Subo el vidrio y vuelvo a ponerme los lentes. Rogny. Hábrase visto. Alguien debería prohibir esos nombres. El Papa o alguien. Rogny, Neylson, Stalyn… que buena vaina. Espérate a que los panas escuchen este cuento. Se van a morir de risa.
Aquí, en la reina de Guaraira Repano, muriéndonos de risa porque se va acabar esa vaina de ponerle a los chamos pobres nombres que los expongan a burla de esos niños de la Metropolitana. ¿Se acabará el lacreo cuando desaparezcan del registro civil los Joldan y las Yuleisi?
Mientras tanto le seguimos el ritmo al habla caraqueña de los ‘90s, leyendo Caracas Cruzada, la novela de Vicente Ulive-Schnell, de la cual tenía pendiente comentar por aquí. (Las citas al inicio están tomadas de la novela).
Aprovecho y les doy un anticipo de la reseña pendiente, Ulive hace rezumar de sus palabras nuevos conceptos y perspectivas. Las páginas de Caracas Cruzada concentran tinta como savia de nuestra tierra, esa feria de luces que define el camino de un pueblo entero y sus orígenes.
(Alerta: las cursivas son copiadas directamente de la presentación de la colección Páginas Venezolanas de la editorial El perro y la rana).
No se asusten, la novela de Ulive está escrita en lenguajes que habla la gente, como Julia y Andrés (para mí las mejores secciones) o como el Willy y el Jimmy, no en el cursi croar de la editorial. Léanla, antes de que se agote.








Hay querida…todos estamos dejando saber lo que pensamos, yo en forma de preguntas.
Y la verdad, esto de los nombres es triste y ridículo pero a la vez, parece ser de las cosas “inocuas” de la reforma. Un abrazo.
Comment por Martha Beatriz — September 1, 2007 @ 8:28 pm
Igualmente, empecé a leer la novela de Vicente en estos días.
Un dato aparte para tacaños: se consigue en las Librerías del Sur (antiguas Kuai-Mare, que acorde con los nuevos tiempos también cambiaron de nombre…) y cuesta 2.000 bolos, o 2 bolívares fuertes para quienes lean esto en el 2008.
Comment por Jorge Gómez Jiménez — September 6, 2007 @ 12:08 am