Rulemanes para Telémaco

September 19, 2007

El hombre rana no se robó la pierna de Pedro

- ¿Qué te pareció, Román? ¿Te gustó?
- Me gustó. Es conmovedora. 
- ¿No sabes quien te habla?
- No. No te veo. Está muy oscuro aquí. 
- Es Edmundo Aray.

Supongo que a Edmundo Aray también le gustó. De verdad estaba oscura la sala del Centro Plaza y no me quedé a escuchar la conversación ajena. Me estaban esperando las cervezas en el café Margana, un sitio que desapareció con el siglo XXI, pero l@s amig@s insisten en seguir llamando así al sitio que está ahora en su lugar. Es que la gente no acepta que le cambien los nombres a las cosas que conoció de siempre.

A mí me gustó la película. Me pareció bien hecha, forma y trama articuladas. No me conmovió. No creo que sea una película conmovedora. No explota la emotividad, a pesar de que sea la mirada de los niños sobre las situaciones de angustia que vive la familia. Es una película que espera al espectador-intérprete. No sé si sean muchos quienes se animen a ese rol tan arriesgado en estos días de poca crítica.

La película empieza con un video de las fiestas de Carnavales. De allí que no deba sorprendernos que haya tanta gente disfrazada. Vemos al hombre rana metiéndose de cabeza en los pipotes, cochecitos cargados de pistolas, la Señorita Mayonesa conduciendo su Volkswagen, flacuchentos con uniforme de beisbol, militares “de los nuestros“.

También es una película que reconoce la cultura de la imagen sesentosa. Los comerciales de TV, tan modernos. Los documentales militares tan fachos y nacionalistas, tan de cazadores. El documental del gringo sobre las heroicas FALN, a cuyos combatientes sólo vemos hablándole a la cámara y caminando por el monte. El comando de las FALN va caminando para encontrarse con el otro frente, presumen que cuando se encuentren habrá que hablar menos de Marx & Lenin y más de Bolívar; no vemos ese encuentro en la película, pero igual nos sabemos la historia.

FALN. The movie! Fíjense en la foto. Identifiquen el disfraz más pop. A mí me parece que el mejor es el guerrillero heroico, con su boina y la sombra que le cae en la cara. Sí, el que se comía las sardinas, escondido por el monte. “Usted me ha delatado”. El que le dará miedo a la niña.

En la cárcel, por supuesto, también hay miedo. Hay tortura. Pero, esa no es la única causa del miedo. Hay un tribunal disciplinario. Hay delatores. Hay jerarquías. Tu hermano, camarada, puede ser tu asesino. La parte buena es que dejan que comas naranjas. Y uno se hace el loco.

O se hace el frívolo, el pop, el lúdico. Como las chicas tan maquilladitas en la tienda, señoritas mayonesa, en serie. Al fondo suena Hasta siempre comandante. ¿Será casualidad que entre tantas canciones de la época hayan elegido precisamente la canción de la despedida del Ché Comandante de Cuba? La que oculta el tribunal disciplinario, la traición, la sentencia del burócrata que mandó a la gloria (y a la muerte) al guerrillero heroico. No puede ser casualidad que hayan elegido una versión punk. ¿Porque cómo puede mi generación reconstruir el mito del chico de los afiches, del hombre nuevo, con piezas del Presidente del Banco Nacional, con el responsable de tantos fusilamientos? Hay que pedir ayuda al anacronismo punk (anacronismo en 1966 y en 2006, cuando se hizo Postales de Leningrado) para seguir alimentando el mito de la rebeldía y del anti-autoritarismo. Para no tener miedo a las ratas.

¿Una película oficialista? “Niños, no hagan eso, que militar no piensa”. ¿Quién se robaría la pierna de Pedro? La pierna que Teo y su abuela prepararon, no para comérsela, sino para que se viera bien bonita. ¿Una película oficialista? “Niños, no hagan eso, que militar no piensa”. Lo lograste, Teo. Pasaste con la bicicleta por el puente y no se notó tanto que tenías miedo. Lo lograste niña sin nombre. Los policías que subieron al autobús no te vieron. Eres invisible.

Plan Pop/Punk

Este es el plan:

Vean Postales de Leningrado. No tengan miedo. Vamos a volvernos invisibles.

September 15, 2007

Un niño cruel en Tierra Baldía, Aguascalientes

En la casilla: Mundos posibles
¿Qué son estas raíces que se atascan, qué ramas crecen
De estos desechos pedregosos? Hijo de hombre,
No puedes decirlo, ni adivinarlo, pues sólo conoces
Un montón de imágenes rotas, donde golpea el sol,
Y el árbol muerto no da amparo, ni alivio el grillo,
Ni sonido de agua la piedra seca. Sólo
Hay sombra bajo esta roca roja
(Ven bajo la sombra de esta roca roja),
Y te mostraré algo diferente de las dos,
Tus sombra que por la mañana te persigue apresurada
Y tu sombra que por la noche se alza para recibirte:
Te mostraré tu miedo en un puñado de polvo. 

T. S. Elliot

Las revistas literarias suelen ser efímeras. Llegar al #3 es un hito que alcanzan pocas. Según cuenta Jorge Gómez Jiménez, 11 suele ser el número fatídico para las más resistentes. Deben ser muy pocas las que alcanzan 39 números, esas que crecen en terrenos pedregosos, entre el polvo de tierras baldías, en aguas calientes.

En una de esas raras revistas longevas, nos encontramos: Salvador Gallardo Topete, Eduardo Milán, Alejandro Molina Valerio, Aehécatl Muñoz González, Arlette Luévano, Laura Cristina Villalobos, Salvador Gallardo Cabrera, Arturo Villalobos, Miguel Fernando Yacamán, Diego Andrés Reyes, Sergio Martínez, Martín Molina, Edgar Alberto García, edilberto aldán, Eduardo Garay Vega, Elsa Pérez Paredes, Ana Romo, Andrés Téllez Parra, Iria Puyosa, Jorge Gómez Jiménez, Juan Manuel Rodríguez, Edaín R.V., Yavick Loera, Emanuel Durán, Laura Zapata, Miguel Ángel Méndez, Ilse Díaz , Regina Kalach Atri, Rodolfo JM, Rodrigo Romo, Santiago Rojas Valdivia, Rosa Patricia Vázquez, Juan Pablo de Ávila, Ricardo Moreno Zapata, Néstor Duch Gary, Diana Martín del Campo, Ramón López Rodríguez, James Wright, Víctor Sandoval, Lourdes de Santos, Rubén Torres, Aldo García Ávila, Elena de Casas, Marc Jiménez Rolland, y fotografías de Sergio Rosales.

Tierra Baldía, revista de literatura de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Aquí estamos, en Tierra Baldía # 39, con un niño cruel.

September 1, 2007

Stailyn no está registrado en Karakas

En la casilla: A través de espejos
Si vas pa’casael pana, todo el mundo te la va fumar, sabes que eso es así. No joda, güeón, yo no le voya estar brindando a un poco’e mamagüevos que ni conozco. Entonces no vayas pa’la fiesta y ya. Ah verga, tú vas a seguir. Que te digo que a los convives sí, a Jaykson, a Maykel, todo es bien, ¿ah?, pero no a todas las lacras que andan por ahí. Y esos que se la pasan mal hablando, diciendo que siel Willy esto, que siel Jimmy aquello. Tranquilo, yow, siempre hay envidia.

¿Se fijaron en los nombres?

-Buenos días, caballero. José Luis Manccini, de la Quinta “Mis Delicias”. Vengo en la tarde. ¿Usted cómo se llama? ¿Ah? ¿Rogny? ¿Rodney? Ah. Con “g”. OK. Buen día, “rogny”-. Subo el vidrio y vuelvo a ponerme los lentes. Rogny. Hábrase visto. Alguien debería prohibir esos nombres. El Papa o alguien. Rogny, Neylson, Stalyn… que buena vaina. Espérate a que los panas escuchen este cuento. Se van a morir de risa.

Aquí, en la reina de Guaraira Repano, muriéndonos de risa porque se va acabar esa vaina de ponerle a los chamos pobres nombres que los expongan a burla de esos niños de la Metropolitana. ¿Se acabará el lacreo cuando desaparezcan del registro civil los Joldan y las Yuleisi?

Mientras tanto le seguimos el ritmo al habla caraqueña de los ‘90s, leyendo Caracas Cruzada, la novela de Vicente Ulive-Schnell, de la cual tenía pendiente comentar por aquí. (Las citas al inicio están tomadas de la novela).

Aprovecho y les doy un anticipo de la reseña pendiente, Ulive hace rezumar de sus palabras nuevos conceptos y perspectivas. Las páginas de Caracas Cruzada concentran tinta como savia de nuestra tierra, esa feria de luces que define el camino de un pueblo entero y sus orígenes.

(Alerta: las cursivas son copiadas directamente de la presentación de la colección Páginas Venezolanas de la editorial El perro y la rana).

No se asusten, la novela de Ulive está escrita en lenguajes que habla la gente, como Julia y Andrés (para mí las mejores secciones) o como el Willy y el Jimmy, no en el cursi croar de la editorial. Léanla, antes de que se agote.

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