Ella no quiso ponerme triste
“(…) there are words you will need to have. There are many of them. Many millions I think. Perhaps only three or four. Excuse me. But I am doing well today. So much better than usual. If I can give you the words you need to have, it will be a great victory. Thank you (…)”.
El joven Peter Stillman
I’m OK… I can’t imagine when we’ll be able to go back there. I don’t know if I can go back down there. I wouldn’t be surprised if we all will know, or know of, someone who was killed. I can’t even begin to think about that. I’m OK…but I think I needed to put this all down in words…for myself.
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Recuerdo su rostro. “No, I didn’t know anybody who was there”. Ahora, pienso que ella hablaba parecido al joven Peter Stillman. Do you know that book? It’s set in New York. Es un libro de los que se leen de un tirón. Por ejemplo, empezar a leerlo a esta hora y parar únicamente para servirme un whisky. Leer hasta la última página, sin notar siquiera que ya son las cuatro de la madrugada. El relato comienza con una llamada equivocada. Todas las llamadas a mi casa son equivocadas; no le he dado ese número a nadie, nunca lo contesto; suena mucho en las mañanas. Volviendo al libro, desde el principio se anuncia un juego de dobles. “I know that I am still the puppet boy. That cannot be helped. No, no. Anymore. But sometimes I think I will at last grow up and become real”. Me habría gustado que la historia de Henry Dark, la contara el propio profesor Stillman, en el parque. Allí habría encajado la cita de Humpty Dumpty: “When I use a word, Humpty Dumpty said, in rather scornful tone, it means just I choose it to mean—neither more nor less.”
Su rostro, ahora que escribo lo noto, era muy parecido al de Antonieta, alguien a quien conocí en Caracas, cuando yo aún no tenía 20 años, alguien que había perdido un hijo, como tantos. I don’t know poems by heart, I don’t know enough songs, enough prayers. I don’t know how to think about God. Creo que eso pensaba ella. No tenía palabras para contarme una historia, sólo esos ojos, mirando, allí donde la gente saltaba aquel martes. Uno a uno, saltando desde las ventanas de los pisos altos, saltando antes de que todo se cayera, antes de que todo se quemara, antes de que la muerte les estallara. Apresurando el negro, como en el pésimo corto. Ella debe haber gritado. Su voz, junto a todas las voces que gritaban desde las ventanas del hotel, desde la acera de enfrente. Las últimas voces que oyeron quienes saltaban. Sus gritos no los salvaron. Los gritos nunca sirven para un carajo. No detienen la caída desde los pisos altos. Díos mío, sálvanos, no sirve para un carajo.
Supongo que ella caminó, alejándose de allí. Daze. “Sister, if you don’t mind, there is a cloud of glass coming at us, grab my hand, lets get the hell out of here”. Ella no corrió. Somehow, she was walking down Madison, eventually making her way to Madison Square Park. No recuerda a quien intentó llamar por teléfono, mientras caminaba, alejándose. No importa; no respondió. Ahora ella vuelve. No le pregunto por el olor. Otra gente dice que recuerda el olor, como de pintura que se quema, como de asbestos. Puedo imaginarla frente a la lista, buscando el nombre de la persona amada, buscando sin querer encontrar. Treinta minutos para buscar, en una lista en orden alfabético. Con la foto en la cartera, sin mostrarla a nadie. Ella no fue la última persona que escuchó su voz. A él lo vieron bajando las escaleras del piso 55 al piso 54. Volvió a leer la lista, nombre a nombre, aunque la lista no había cambiado desde el segundo día.
Y cuando cruza George Washington Bridge, ella no puede ver. It really happened. Escombros.
Él llegaba cada mañana desde New Jersey. Tomaba el tren. Luego el ferry. Caminaba a su oficina. No era raro que la llamara por teléfono mientras hacia ese trayecto de rutina. Ella lo acompañó en ese trayecto más de una vez. No puede borrar los rostros de los desconocidos del ferry. Alguno de ellos recordará también. Alguno que no tomó el ferry a la misma hora de todos los días. A él lo vieron en el ascensor, tarareando algo de “Man of La Mancha”.
Ella vuelve, de vez en cuando. I want to feel that hurt, lessening with time but still present. Eso siente y no dice nada.
(Primer borrador. No sé si habrá un segundo borrador) Algunas frases han sido robadas de testimonios de gente que estuvo allí. Recuerdo a dos personas: la mujer con quien ¿hablamos? en dónde estuvo el World Trade Center y una compañera de estudios que entonces vivía en New York.








Y como banda sonora, John Adams: ‘On the transmigration of souls’
Comment por Jose Angel F. — July 29, 2007 @ 1:04 pm
Sugerencia perfecta para la banda sonora, José Angel. Preferí escuchar rock mientras escribía, pero On the transmigration of souls sería la pieza ideal Habrá que tenerlo de fondo para el segundo borrador.
Comment por Iria — July 30, 2007 @ 12:00 am