Rulemanes para Telémaco

June 22, 2007

Por el mundo que habitas distraído

 
Su número de teléfono, el número de su cuenta bancaria.
Siga por este pasillo, doble a la derecha
siga la flecha
manipule.
¡Empuje!, ¡pase adelante!
Avenida 144 con calle 21-3, bloque 35A
Sección 18 zona 4, piso 15, apartamento 19
lado A
Decreto Ley 14.230
Párrafo 13, línea 4, página 25, volumen 3
Baje por la escalera, siga por el corredor
No mire por las ventanas, siga las consignas
¡¡No toque!!
Silencio
pase adelante
su número, por favor

 
y nos vamos consumiendo
y nos vamos engañando
pudriendo y soñando
resignados
condicionados
dirigidos
alienados
y vamos y vamos
y vamos
y vamos
quedando
quedando
quedando

Libertad

 
Jeques que llegan
artistas de cine que parten
carreras de caballos
metro
helicoides
acueductos
oleoductos
viaductos

Tu país está feliz.

Dirección: José Domínguez. Puesta en escena: Francisco Alfaro & Juan Pages. Intérpretes: Gabriel Agüero, Elvis Chaveinte, Carolina Gentile, Rossana Hernández, Indira, Jiménez, Rafael Marrero, Jean Carlos Rodríguez, Jesús Viera. Guitarra: Jerry Maneiro Batería: Angel Suárez Grupo Rajatabla.

Tela Metalica

De la pieza, me quedo con el momento en que se apagan las luces. Oí las voces. Las siento.

Me quedo con algunas palabras que no parecen venir de 1971, de 1968. Uno piensa que es una adaptación, una actualización, pero no, estaban en el texto original, escritas para que se oyeran hoy.

 
desempleo no existe
no hay ranchos ni miseria
no hay analfabetismo
y tú duermes sobre un pozo de petróleo.

Textos panfletarios y sentimentales como debieron ser los ´70s. Con esa música jiposa, macrobiótica.

Yo lo pondría punk para que agrietar un poquito la costumbre.

Aunque el mercadeo aconseja ponerlo en tono de reggae, para atraer a los chamos bronceados, de surf y marchas de flores. En ritmo de hip hop, para que les demos en la madre.

A pesar de ese ritmo a 30 rpm menos que el ritmo que lleva está ciudad tan violentamente azorada, conectamos. No sólo yo (por motivos que alguien entenderá), sino la audiencia toda de esta noche de estreno.

Hemos sido felices aquí.

June 16, 2007

Ocho citas para contarme

En la casilla: A través de espejos

8

Cuando tenía 20 años me regalaron una edición de Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo. La dedicatoria decía que el juego trataba de encontrar una verdad y de que la cera de la vela me quemara las manos. No estoy muy segura del significado de todo eso, pero en el down de la rampa sigo buscando ese sentido.

7

Si no tiene sentido, nos ahorra una buena cantidad de trabajo, porque así no tenemos que buscarlo.

Lewis Carroll. Alicia en el país de las maravillas.

Mi respuesta a quienes no tienen ganas de entender.

6

 
Hoy no ha venido nadie a preguntar; ni me han pedido en esta tarde nada. No he visto ni una flor de cementerio en tan alegre procesión de luces. Perdóname, Señor: qué poco he muerto! En esta tarde todos, todos pasan sin preguntarme ni pedirme nada. Y no se que se olvidan y se queda mal en mis manos, como cosa ajena. He salido a la puerta, y me dan ganas de gritar a todos: Si echan de menos algo, aquí se queda! Porque en todas las tardes de esta vida, yo no sé con qué puertas dan a un rostro, y algo ajeno se toma el alma mía. Hoy no ha venido nadie; y hoy he muerto qué poco en esta tarde.

César Vallejo. Ágape

Muchas veces he sentido lo que expresa este poema.

5

Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivir combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer.

Juilo Cortazar. Rayuela.

Recuerdo siempre la carta de la Maga a bebé Rocamadour.

4

Quería ahogarme. No estoy hablando paja. Quería ahogarme y salir de Carolina y de todo el mundo. A propósito de ahogarse. José, ¿te acuerdas del día que tú te metiste en el mar? ¿Te acuerdas que era de noche? José se metió y que a nadar, y como una hora después, regresó agotado y nos confesó que no había tenido suficiente coraje para morir. A mí me parecía eso rarísimo. Sucedió hace ya como dos años, y entonces el deseo de morir lo hallaba cómicamente falso.

Francisco Massiani. Piedra de mar.

Sí, claro, por supuesto, esta no es una gran revelación.

3

Gran tiempo, frenético, diabólico, con todos los goces y placeres imaginables, y también con sus pequeñas miserias, sus pequeñas y sus grandes, lo concedo, y no sólo lo concedo, lo subrayo con orgullo, porque entiendo que es algo conforme a la naturaleza del artista y su carácter. El artista tiende a lo extremado, a la exageración en ambos sentidos. A grandes bandazos oscila el péndulo entre la exaltación y la melancolía. Pero todo esto es vulgar al lado de las experiencias que nosotros podemos procurar. Se trata de llegar a los verdaderos extremos y eso es lo que suscitamos: ascensiones, iluminaciones, privaciones y desbordamientos, sensaciones de libertad, de seguridad en sí mismo, de ligereza, de poder y de triunfo, tales que nuestro hombre llega a dudar de sus propios sentidos (sin contar la propia admiración por lo creado), una admiración sin límites que le permite prescindir fácilmente de la admiración de los demás; el amor escalofriante de si mismo, acompañado de un delicioso temor, bajo cuya influencia vive con la ilusión de ser un vocero encantado, un monstruo divino. Y vienen también, ocasionalmente, los profundos descensos, de una augusta profundidad, no sólo en el vacío, en el desierto, en la impotente tristeza, sino en el dolor y en la náusea, dolores ya conocidos, naturales congénitos, pero agudizados por la iluminación.

Thomas Mann. Doktor Faustus.

Creo que sí le hubiese vendido mi alma al diablo, si me hubiese prometido los 24 años.

2

Quien no posee la memoria de su viaje, no puede emprender el retorno. Los siete años en Ogigia, bajo el cuidado de Calipso, le facilitan al varón de multiforme ingenio el encuentro consigo mismo y el crecimiento de su mundo interior. Calipso guía a Odiseo hacia la aventura trascendente, el retorno al hogar verdadero, el viaje hacia el fin del camino.

Somos Odiseo.

1

-Yo sé quién soy -respondió don Quijote.


La cadena de ocho cosas sobre mí convertida en un paseo por fragmentos-espejos.

De recuerdos inútiles a cosas que podemos compartir.

June 11, 2007

Un comunista memorioso en guayabera

En la casilla: Máquina del tiempo

Cada jueves, a las 7:15 a.m., en el aula que está al final de la planta baja, justo antes de los laboratorios de fotografía, por la entrada de Antropología. Allí hablábamos sobre la narrativa venezolana de la violencia política. Esa que iba de Memorias de un venezolano de la decadencia a Abrapalabra. Hablábamos de País Portátil, de Cuando quiero llorar no lloro.

La novelización de la historia política no es precisamente el tipo de literatura que más me atrae, como se habrán dado cuenta quienes visitan por aquí frecuentemente. Pero, entonces no tenía un gusto tan definido, sólo una enorme voracidad lectora y ganas de escribir. Tenía 17 años. Era mi primer semestre en la UCV. En Comunicación Social, porque no creía que se pudiese estudiar para ser escritor, no creía que valiese la pena estudiar Letras (después estudié Letras y valió más la pena que ninguna otra cosa que haya estudiado en más de 30 años de ser estudiante; pero, entonces yo creía que era mejor estudiar Comunicación). Tenía que escoger una electiva y no tuve ninguna duda: Literatura venezolana. Del profesor sabía que escribía artículos de opinión en la prensa nacional (yo los leía en casa, algunas veces, sin mayor deslumbre) y que era comunista (a mí me caían bien los comunistas, al menos me caían mejor que los adecos y que los copeyanos; aunque yo nunca podría ser comunista, porque era un partido autoritario y moralista).

La clase era un goce. Más que hablar de los textos, hablábamos del contexto. Hablábamos de la Semana del Estudiante, de Zacalapatalaja, del Castillo de Puerto Cabello (Libertador, lo llaman). Hablábamos de las elecciones de 1952, de la dictadura de Pérez Jiménez, del movimiento estudiantil anti-perijemenista (y quien guiaba la conversación había sido protagonista de algunos de esos episodios), de la SN y de Guasina. Hablábamos de la lucha armada, del famoso boicot a El Nacional, de la pacificación. De la Renovación. De la Venezuela Saudita.

No era una clase de historia política, ni de historia de la literatura. Era un gordo serio, como buen comunista, de prodigiosa memoria echando sus cuentos en guayabera, en las frescas mañanas en las cuales uno miraba hacia Tierra de Nadie y se sentía contento.

Sólo años después (en Letras, por supuesto) leí los textos de Sardio, de Tabla Redonda. Sólo más de cinco años después supe que Jesús Sanoja Hernández también era poeta, de esos raros, con palabras que aluden más que decir, como tormentas en desierto. Pero, para mí, siempre sería un comunista memorioso en guayabera que me hacía llegar a la UCV a las 7:15 a.m. de puras ganas de oírlo echar sus cuentos.

June 4, 2007

300 mil metamorfosis

En la casilla: (eto ne)pravda

Una mañana, tras un sueño intranquilo, I. P. se despertó en un cuerpo con algo de sobrepeso, pero claramente un cuerpo de mujer, no del todo repugnante. Fue al baño a realizar la rutina de higiene, lavarse los ojos, orinar, cepillarse los dientes. Fue a la cocina, tomó agua, se sirvió café. Regresó al cuarto, todavía persona con sueño, tomó el libro Teoría de la acción comunicativa, que quería releer y se dirigió a su pequeño escritorio. Encendió la radio para buscar música que sirviera de fondo a la lectura y al café. En la primera emisora que se sintonizó en la radio, mencionaban el nombre de una persona a quien I. P. había conocido casi 20 años atrás, un profesor de periodismo, ahora diputado. Quien hablaba, parecía ser un periodista u otro profesor universitario (quizás ambas cosas) y fue mientras lo escuchaba que I. P. se convirtió en un monstruoso insecto, un bicho repugnante sin ética.

—¿Qué me ha sucedido?-se preguntó, mientras en la radio seguían hablando de la misión Boves.

En ese mismo momento, otras 300 mil personas sufrían la misma inusitada metamorfosis. Algunos mientras dormían, otros mientras iban en la cola, otros mientras estaban en clase. Algunos mientras hablaban en la radio.

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