Rulemanes para Telémaco

May 26, 2007

Esperando el temblor

En la casilla: (eto ne)pravda

Plooff. Es un ruido como si a alguien se le hubiese caído un saco de harina, del hombro al suelo. Le sigue un coro de griticos guturales y ays, nerviosos. Le sigue: “¡A agarrarse que lo que viene es joropo!” No volteo para confirmar que cayó al suelo un saco de harina PAN. Los rostros tensos, nerviosos, son más interesantes. A la expectativa del momento en el cual comenzarán los saqueos o saldrán los tanques. No más una rutinaria cola de sábado en el supermercado.

Al subirme al carro sigue hablando en cadena el teniente coronel.

May 21, 2007

En el intermedio de la película

En la casilla: (eto ne)pravda
Maitre: Buenas noches, caballero, ¿cómo estamos hoy?

Mr. Creosote: Mejor...

Maitre: ¿Mejor?

Mr. Creosote: Mejor consiga un balde. Voy a vomitar.  

Viajando por la ARC, escuchaba en la radio una sucesión de programas de información y opinión política. Ya llegando a Caracas un par de muchachos en RNV Activa (la voz de la revolución) comentaban que les había dado ganas de vomitar la transmisión de la marcha de RCTV el pasado sábado.

Trajeron a mi mente estas imágenes:

(No ver si tienes el estómago delicado)

Terry Jones & Terry Gilliam. The Meaning of Life (1983).

Sirva como imagen de la calidad del debate político que nos amenaza. Píntense la cara, color de esperanza… Así vamos, mientras nuestra única reacción frente al otro bando sea vomitarnos en sus posiciones.

May 19, 2007

It’s mine!

En la casilla: Telemaquia

Fue una tarde a mediados de julio del año pasado. Había ido a buscar a Telémaco al pre-escolar y jugábamos en los jardines de North Campus. El joven Telémaco se había adueñado de uno de los carros que estaban por la vereda, uno cualquiera en un vecindario en donde los juguetes siempre están en la calle, como si fueran de todos. Otro niño también quería jugar con ese carro. Mi pequeño caribe no quería cedérselo. Ninguno de los dos era dueño del juguete. Tampoco importaba mucho. El otro niño era aún más pequeño y yo le pedí a Telémaco que se lo dejara. Su respuesta: “It’s mine!”.

En cualquier otra ocasión, no habría sido precisamente la frase que más me habría gustado escuchar como respuesta de Telémaco al momento de pedirle que compartiera un juguete. Pero, en esa ocasión me llenó de alegría. Un pronombre personal, un verbo, un adjetivo posesivo. Una frase completa. La primera frase completa del pequeño caribe de dos años, que batallaba silenciosamente con la docena de idiomas que se hablaban en McIntyre Dr.

Tuve que esperar casi un año para sentir una emoción similar. Fue lindo “Feliz cumpleaños” (quien sabe cuanto lo ensayarían) dicho por teléfono el año pasado. Más lindo aún: “¡Tu regalo, mamá! ¡Feliz cumpleaños!”, dicho en la cama el domingo pasado, que no era día de mi cumpleaños y me causó mucha risa. Pero no fueron frases tan emocionantes como esta de hoy.

Estábamos en el supermercado. Tomé dos paquetes de nuestras galletas favoritas, rellenas de guayaba (sí, esas ricas; no voy a escribir la marca). Las puse en el carrito. Su sonrisa de placer: “Ahh, son nuestras”.

“Nuestras”. No más “es mío”, “es tuyo”. “Nuestras”, por primera vez en la vocecita de Telémaco.

Nosotros. (Somos tres).

May 17, 2007

Ciudades posibles

Hace unos instantes, atravesaba la calle, a toda prisa, y brincaba entre el barro, a través del caos movedizo en el cual la muerte llega al galope por todas partes a la vez, en un movimiento brusco, mi aureola ha resbalado de mi cabeza y caído al fango de la calzada. No he tenido valor para recogerla. […] Heme, pues aquí, tal como me ves, enteramente igual a ti.

Charles Baudelaire. La pérdida del halo. Pequeños poemas en prosa.

Soy un efímero y no por demás descontento ciudadano de una metrópolis que se supone moderna porque todo gusto conocido se eludió en el mobiliario y en el exterior de las casas tanto como en el trazado de la ciudad.

Arthur Rimbaud. Ciudad. Las Iluminaciones.

Cada día tengo ocasión de llegar a una ciudad posible, conocida, inusitada. Siempre convocada por mi pensamiento. Siempre de otros, desconocidos, afines. Las encrucijadas surgen inesperadamente, enriqueciendo mis mapas, colocando los hitos unos pasos más allá, sorprendiéndome con conexiones que aparecen lúdicas, proponiéndome nuevas rutas.

No leo blasfemias en mis ciudades posibles. Lápidas, oratorios, coros, escrituras, pretextos. Las ruinas y las gramáticas ofrecidas en armisticio. Los silencios, mudos dicen. Voces prodigas me acompañan en el parto, entre las sombras, tal como entre la claridad, siempre palabras como refugios. Aunque quienes buscan, no siempre puedan verlas y, algunas veces, teniéndolas adentro las olviden.

Hay señales en las calles. Quizás puedan parecer señales ambiguas. Por siglos, las ciudades han impuesto castigos para segregar las diferencias; la experiencia de la marginalidad se volvió común. Ahora las ciudades sólidas se evaporan en el aire. Las ciudades virtuales se construyen sobre las memorias. Y lo distinto se torna vínculo. No aceptamos ser desahuciados. Sobrevivimos. Nos empeñamos en la esperanza de no tener que mentir. Las ciudades imposibles donde los raros pudieran ser felices, se vuelven ciudades posibles, densamente habitadas.

Es en nuestras palabras donde realmente estamos obligados a reconocernos. Aunque la discusión sea difícil y el monólogo estéril. Quizás podamos abrazarnos. Y, entonces, desde los cuerpos, reiniciar el diálogo. Evitar perdernos en la ciudad de los espejos, en el bosque de las ficciones, en la biblioteca de las intuiciones. Sabemos que tender hilos puede ser útil entre los laberintos de las ciudades, incluso en las fantásticas ciudades imposibles. Así que venimos tendiendo hilos a través de textos. Construyendo mundos posibles. Mecanos. Juguetes para armar. Puerta abierta a la imaginación de niños encerrados tras rejas de seguridad, niños para quienes está prohibido jugar en las peligrosas aceras, en las hostiles calles.

En mi ciudad—la de pobres corazones—están construyendo muros protectores, artísticos, para impedir que la inclemencia de balas y piedras nos impida transitar por el subterráneo. En mi ciudad—la virtual—, las verdades, los panas, los rituales, las mitologías, la Joda y el Libro de Manuel. Credos sin manifiestos.

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