Rulemanes para Telémaco

April 18, 2007

La poceta de Duchamp

En la casilla: Modelos para armar

El artilugio de baño salió a colación en una anécdota de María Ángeles Octavio (simpática anécdota que no voy a contar aquí, ya tendrán oportunidad de oírla o leerla en otra ocasión) durante la mesa 2, en la cual los secretos (Carlos Sandoval, Sonia Chocrón, Luis Felipe Castillo y María Ángeles Octavio, con la participación de Rodrigo Blanco Calderón, como moderador) hablaron de sus visiones del cuento, de la crítica y de los blogs.

Y bueno, al final, yo salí del auditorio con la imagen de “la obra” de Duchamp.

Inodoro

Sonia Chocrón apuntó casi como una nota al margen que el ser cuentista hacía sentir como un Dios, mientras que la poesía era un trabajo de más sufrimiento y la novela posterga la satisfacción. Yo veo la novela más como un placer que se prolonga, no uno que se posterga. Habrá que indagar más en la erótica de la escritura literaria.

Luis Felipe Castillo hizo una intervención casi contra-corriente porque defendió el trabajo en la estructura de la ficción, se trate de cuento o novela. Una visión que no encuentro con frecuencia en las declaraciones de escritores venezolanos actuales, quienes parecen más pendientes de la anécdota, del lector y del mercado, que de la ficcionalización.

María Ángeles Octavio aseguró que la escritura literaria le permitía ajustar las dioptrías para ver la realidad, que ella normalmente ve con ciertas distorsiones a juzgar por la visión de quienes la rodean. Empatía.

Carlos Sandoval, asumiéndose crítico más que narrador, coincidió con Castillo en optar por enfatizar los problemas estructurales de la escritura narrativa, de la maquinaria ficcional.

Lamentablemente, el lomito de la sesión no fue la discusión sobre la escritura de cuentos, sino el recurrente clamor por la crítica y su más reciente encarnación: la diatriba sobre las críticas literarias en las bitácoras.

Otra vez se habló, más y con más despecho, de las críticas a Las voces secretas en De mala madre.

Apenas se abrió el derecho de palabra, Boris Múñoz se hizo dueño del micrófono de los secretos (literalmente) para informar a la audiencia del levantamiento de un cadalso en una bitácora bajo el nombre de Alicia Perdomo, en el cual se había procedido a fusilar la novela de Héctor Bujanda, ganadora de la II Bienal Adriano González León.

Castillo apuntó que si la crítica era dura y mordaz entonces era posible que Alicia Perdomo la hubiese escrito. Ella siempre escribió así, aseguran quienes dicen conocerla desde hace muchos años. (Según el perfil del autor de la bitácora, no es Perdomo quien escribe, sino un colectivo que prefiere el pseudónimo. Ellos sabrán, que este infierno es muy chiquito).

Chocrón conjeturó que existe entre nosotros una avidez por la crítica y la falta de espacio podría ser una explicación del creciente número de blogs que parecen entrar en el terreno de la crítica literaria. Por su parte, Octavio manifestó que muchos blogs literarios parecían servir sólo para “botar la hiel”. Esta vez, sentado entre la audiencia, Antonio López Ortega tomó la palabra para opinar que ante ”la muerte de los espacios para la crítica periódica”, los blogs podían constituir una herramienta poderosa, que no debía sub-utilizarse.

Lo cierto es que la contundente crítica a La última vez, que inauguró A. Perdomo C.A. está bien articulada y fundamentada. Otra cosa es que el lector comparta o no el juicio de valor negativo hacia la novela de Bujanda. No se justifican las quejas por una crítica que evalúa la trama, los recursos y las intenciones estéticas/éticas de la novela. Dicen fusilamiento y yo pienso en esos asesinatos morales, en esos escritos que se meten con las preferencias sexuales, las relaciones con los amigos, el empleo y las posiciones políticas de la gente, para evitarse el esfuerzo de enfrentarse al texto y a su autor (De esas vilezas hay abundancia en los comentarios, pero no en la nota). Incluso en su punto más duro, cuando dice “La novela de Bujanda es deshonesta porque tiene dos centros sociales y dos moralidades”, quien firma Los Perdomo se refiere al texto y no a la persona, usa citas del texto y de la teoría de la crítica literaria. Crítica escrita con demasiadas ganas de pegar duro, sí; fusilamiento, no.

Chocrón sintetizó el problema de la crítica literaria en Venezuela con una frase que no por ser jocosa deja de ser severamente cierta: “Nos damos palmadas como adecos”. Tiene razón, el mundo pequeño, forzadamente benevolente con los panas, le restringe el oxígeno de la crítica a los escritores venezolanos. Quizás sea la desesperación por estarse ahogando lo que lleve a esas descargas anónimas que poco tienen de literarias, ni siquiera de civiles. Quizás falta crítica dura, con aparato teórico y lectura del texto. En el caso de La última vez la hubo, aunque sea anónima, aunque algunos lectores no estén de acuerdo.

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