Rulemanes para Telémaco

April 29, 2007

Esto es lo que hay

En la casilla: Ancho de banda

Saliendo de una zambullida en la cultura pop venezolana. Todo el kitsch. Bajo la cúpula… Amigos invisibles y el nuevo ídolo de esta generación: ¡Ou Yeei Colina!

La parte del Miss Venezuela ya se la saben. Está trillado. Sin embargo sigue teniendo su gracia, la gente mirando la pantalla y diciendo los nombres de las misses. Casi total ignorancia de mi parte, apenas reconozco a Irene Sáez y a Bárbara Palacios. Tampoco vayan a creer que yo no tengo cultura de masas. Fui de las primeras en reconocer a Colina, paseándose por la olla, con su cabello amarillo pollito. (No me tomé fotos con él, como hicieron muchos).

No apareció Yordano, que estaba anunciado en el cartel inicial (pero Medialuna fue una de las mejores interpretaciones). No apareció Frank Quintero, que había sido anunciado a última hora. Apareció Jorge Spiteri. Amor… Wincho calvo y Pablo Dagnino con barriguita (y el mismo tinte amarillo pollito que usa Colina), quemado, pero Ganas (es el momento en que volteo yo). Evio Di Marzo lució antropológicamente desubicado con No es fácil amar, pero mucho más a tono con De dónde viene tu nombre. Yo aproveché, pipí y más cerveza, cuando salió Diveana (porque uno tiene sentido del humor, pero no tanto). Muy buena la versión salsera de la balada que cantaba José Luis, con Vladimir Quintero apoyando en la percusión. El tipo que vendía la cerveza en la olla me ofreció “de la buena”. Pasé. Buenísima la versión del tema de Vytas Brenner.

Lo más kitsch, Dun Dun, Un poquito más (comenzamos a fumar). ¿Entenderán la joda de los Amigos fuera de Venezuela? Imagino que no.

Sin dudas, el come back glorioso de la noche fue de Colina. El más aplaudido y el más coreado. Y el más comentado a la salida. No me lo crean. Colina es lo que hay.


Daniel Pratt también echó su cuento del segundo concierto mítico de Los Amigos Invisibles (el primero fue aquel en el CELARG)

April 21, 2007

Y no te puedo hallar

Una banda sonora cautivadora y yo pendiente de recordar el título del bolero. No logro recordarlo, aunque sé que he escuchado esa canción muchas veces. Es que ese bolero está en la memoria colectiva caribeña. Y alguna vez lo usé en un texto, como recuerdo cuando finalmente aparece en mi memoria el título: Perfidia es el nombre del bolero que escucho en 2046.

Sospecho que mi pequeña trampa de memoria hace juego con todas las trampas de la memoria que exhibe Wong Kar Wai en 2046. Memoria es invención del pasado, imposible de atrapar más que imposible de recuperar. Sobre todo el pasado amoroso, que probablemente nunca fuera como nos empeñamos en las mitologías que sobre nuestras vidas creamos. Vivimos siempre en la habitación 2047, no obstante, siempre nos vamos a empeñar en que la esencia de nuestra vida se quedó en la habitación 2046. En un verano en el cual fuimos dos escribiendo el mismo libro. Mentira. Él escribía un cuento de ciencia-ficción erótica y ella escribía un cuento de artes marciales.

El montaje de 2046 me produce la sensación de ser helicoidal. La película avanza dando vueltas sobre el eje de un cilindro. La historia del escritor/periodista se repite con ligeras variaciones en cada ciclo anual. La misma esencia. La misma mujer aunque cambien las circunstancias, el vestuario e incluso el rostro. Aparecen la mujer enigma, la mujer disipación, la mujer concupiscencia, la mujer candor. Es la misma mujer, una que quizás nunca vemos.

2047

Yo me quedo con la concupiscencia. Es el amor. Hoy pago yo.

Son lecturas.

Ese es el mayor atractivo de 2046. Da libertad para hacer lecturas. Eso la hace bella.

Apuesto a que mi lectura sería diferente si hubiese visto In the Mood of Love. Apuesto a que mi lectura después de ver la primera parte de este díptico (o la segunda del tríptico, según insisten algunos) siempre estará marcada por el hecho de haber visto primero 2046. El orden marca una comprensión distinta.

Supongo que alguien advirtió el riesgo de incomprensión. Supongo que a eso le debemos que 2046, no pueda ser una obra maestra. Pareciera que queriendo vencer la incomprensión de quien no vio In the Mood of Love, se embutieron algunas líneas de narración que pretenden explicar la película. Y la maltratan. Por Dios, que alguien corte ese fragmento en el cual nos deletrean que significa la zona 1224 / 1225.

El amor es cuestión de timing. Generalmente, la otra persona cae en intervalo de pausa antes de dar la respuesta correcta. El montaje también es cuestión de tempo. No se debe romper el tiempo para explicar el significado de la película que se está narrando. Se derrocha una obra maestra que pudo ser.

Película conmovedoramente hermosa. Obra maestra fallida.

*

(Desde que estaba en el cine viendo 2046, tengo ganas de volver a ver Solaris. No sé explicar (en pocas palabras) por qué.)

*

Hicieron la tarea:

The Observer, Fábrica de ilusiones, Cinematic World, Cineahora, El lamento de Portnoy, La linterna mágica, El diario de Mr. Macguffin, El trono de Hatti, El día del cazador, Padded Room: Chronics floor, Books&Films, La mujer justa, Sesión Doble, Toque HiMn€M , Mitte y Ekilore.

April 18, 2007

La poceta de Duchamp

En la casilla: Modelos para armar

El artilugio de baño salió a colación en una anécdota de María Ángeles Octavio (simpática anécdota que no voy a contar aquí, ya tendrán oportunidad de oírla o leerla en otra ocasión) durante la mesa 2, en la cual los secretos (Carlos Sandoval, Sonia Chocrón, Luis Felipe Castillo y María Ángeles Octavio, con la participación de Rodrigo Blanco Calderón, como moderador) hablaron de sus visiones del cuento, de la crítica y de los blogs.

Y bueno, al final, yo salí del auditorio con la imagen de “la obra” de Duchamp.

Inodoro

Sonia Chocrón apuntó casi como una nota al margen que el ser cuentista hacía sentir como un Dios, mientras que la poesía era un trabajo de más sufrimiento y la novela posterga la satisfacción. Yo veo la novela más como un placer que se prolonga, no uno que se posterga. Habrá que indagar más en la erótica de la escritura literaria.

Luis Felipe Castillo hizo una intervención casi contra-corriente porque defendió el trabajo en la estructura de la ficción, se trate de cuento o novela. Una visión que no encuentro con frecuencia en las declaraciones de escritores venezolanos actuales, quienes parecen más pendientes de la anécdota, del lector y del mercado, que de la ficcionalización.

María Ángeles Octavio aseguró que la escritura literaria le permitía ajustar las dioptrías para ver la realidad, que ella normalmente ve con ciertas distorsiones a juzgar por la visión de quienes la rodean. Empatía.

Carlos Sandoval, asumiéndose crítico más que narrador, coincidió con Castillo en optar por enfatizar los problemas estructurales de la escritura narrativa, de la maquinaria ficcional.

Lamentablemente, el lomito de la sesión no fue la discusión sobre la escritura de cuentos, sino el recurrente clamor por la crítica y su más reciente encarnación: la diatriba sobre las críticas literarias en las bitácoras.

Otra vez se habló, más y con más despecho, de las críticas a Las voces secretas en De mala madre.

Apenas se abrió el derecho de palabra, Boris Múñoz se hizo dueño del micrófono de los secretos (literalmente) para informar a la audiencia del levantamiento de un cadalso en una bitácora bajo el nombre de Alicia Perdomo, en el cual se había procedido a fusilar la novela de Héctor Bujanda, ganadora de la II Bienal Adriano González León.

Castillo apuntó que si la crítica era dura y mordaz entonces era posible que Alicia Perdomo la hubiese escrito. Ella siempre escribió así, aseguran quienes dicen conocerla desde hace muchos años. (Según el perfil del autor de la bitácora, no es Perdomo quien escribe, sino un colectivo que prefiere el pseudónimo. Ellos sabrán, que este infierno es muy chiquito).

Chocrón conjeturó que existe entre nosotros una avidez por la crítica y la falta de espacio podría ser una explicación del creciente número de blogs que parecen entrar en el terreno de la crítica literaria. Por su parte, Octavio manifestó que muchos blogs literarios parecían servir sólo para “botar la hiel”. Esta vez, sentado entre la audiencia, Antonio López Ortega tomó la palabra para opinar que ante ”la muerte de los espacios para la crítica periódica”, los blogs podían constituir una herramienta poderosa, que no debía sub-utilizarse.

Lo cierto es que la contundente crítica a La última vez, que inauguró A. Perdomo C.A. está bien articulada y fundamentada. Otra cosa es que el lector comparta o no el juicio de valor negativo hacia la novela de Bujanda. No se justifican las quejas por una crítica que evalúa la trama, los recursos y las intenciones estéticas/éticas de la novela. Dicen fusilamiento y yo pienso en esos asesinatos morales, en esos escritos que se meten con las preferencias sexuales, las relaciones con los amigos, el empleo y las posiciones políticas de la gente, para evitarse el esfuerzo de enfrentarse al texto y a su autor (De esas vilezas hay abundancia en los comentarios, pero no en la nota). Incluso en su punto más duro, cuando dice “La novela de Bujanda es deshonesta porque tiene dos centros sociales y dos moralidades”, quien firma Los Perdomo se refiere al texto y no a la persona, usa citas del texto y de la teoría de la crítica literaria. Crítica escrita con demasiadas ganas de pegar duro, sí; fusilamiento, no.

Chocrón sintetizó el problema de la crítica literaria en Venezuela con una frase que no por ser jocosa deja de ser severamente cierta: “Nos damos palmadas como adecos”. Tiene razón, el mundo pequeño, forzadamente benevolente con los panas, le restringe el oxígeno de la crítica a los escritores venezolanos. Quizás sea la desesperación por estarse ahogando lo que lleve a esas descargas anónimas que poco tienen de literarias, ni siquiera de civiles. Quizás falta crítica dura, con aparato teórico y lectura del texto. En el caso de La última vez la hubo, aunque sea anónima, aunque algunos lectores no estén de acuerdo.

April 17, 2007

La salud de los secretos

En la casilla: Modelos para armar

A eso de las 3:43 p.m. leí en el boletín de Ficción Breve Venezolana el anuncio del Ciclo “Nuevo Cuento en Venezuela: Visiones y Revisiones”. La “mesa” la servían en el Auditorio de Humanidades a las 4:30 p.m. y yo estaba cruzando Tierra de Nadie en la Escuela de Trabajo Social. No tenía ningún compromiso para la tarde, así que cumplí con el gesto de avisarle al mundo de mi paradero, y me fui a que me cayeran a cuentos sobre la salud de la narrativa venezolana y la ya predecible crítica de los críticos.

El evento (¿por qué lo llamarían mesa?) giraba en torno a Las voces secretas, la compilación de cuentos de autores nacidos ente 1960 y 1970, realizada por Antonio López Ortega. Comenzó pintando mal. Llegué a eso de 4:35 p.m. y el auditorio estaba casi vacío. Casi había más gente en el estrado que entre el público. No sé quien estaba presentando el evento; supongo que era una profesora de Letras, pero a mí no me dio clases. Luego habló López Ortega, para poner su compilación en el contexto de la tradición de antologías del cuento venezolano (ya se ha hablado de que este libro no es exactamente una antología, pero cada quien tiene derecho a verse dentro de las tradiciones que elija para sí mismo; la discusión del punto puede ser bizantina).

La cosa volvió a pintar mal cuando Barrera Tyzska comenzó su intervención diciendo que no tenía muy claro de que debía hablar porque el título de la mesa le parecía muy amplio, general (o algo así). Asentimientos de sus compañeros de mesa, Armando Coll y Milagros Socorro. Prepárate, que van a hablar sin saber de qué van a hablar.

Todo salió bien. Esto es Venezuela. La audiencia llegó como a las 5:07 p.m., cuando iba a comenzar Barrera Tyzska. Como quien llega un poquito retrasado a clase, después de todo, la mayoría eran estudiantes de la Escuela de Letras de la UCV. Cada uno de los cuatro en el estrado aportó a la visión y a la revisión (eran cinco con la representante de Santillana, pero dado su rol, lo que dijo fue y debía ser RRPP). La audiencia también aportó, con preguntas y comentarios con algún sentido y hasta algo de provocación, lo cual se agradece.

¿Qué nos contaron?

López Ortega nos volvió a hablar de la importancia que está tomando lo urbano en la narrativa venezolana actual. Lo urbano que se manifiesta en la violencia, en la enajenadora desolación y en las anécdotas de edificios. Convivencia temática con el erotismo y las tentativas de recuperar la memoria de la infancia. El surgimiento de la vivencia del exilio, de esa primera generación de narradores venezolanos que vive y escribe en el exterior (no ya temporalmente como los becarios de Fundayacucho o los agregados culturales de la Venezuela saudita, sino emigrantes que hacen casa a miles de millas por avión, mientras aquí se les quedó un sentimiento). Nos contó del desuso en que cayò el relato de lo histórico (afortunadamente, digo yo) y del realismo (supongo que se refería al realismo costumbrista, a la novela de la tierra, porque nada más realista que el sexo y el atraco).

Barrera Tyzska hizo énfasis en el esfuerzo que están poniendo los narradores actuales en enamorar al lector de cuentos, más allá del regodeo en el estilo y la escritura con pretensiones de gran obra. Posición esta que ciertamente pareciera popular entre los escritores venezolanos. Posición que veo con cautela. Pensar un lector, sí claro, que para masturbación ya tenemos las bitácoras. ¿El lector como el principio y el fin del trabajo de crear ficciones? No. Sin dudas. La ficcionalización está en el núcleo, en el principio. El lector y el crítico viven en otro momento, en los márgenes.

Armando Coll elogió la vitalidad, la pasión y el rigor de la nueva crítica literaria. ¿Cómo dijo? ¿Crítica? ¿En la tina? No. Aquí. En la web, en la bitosfera. Según Coll, la crítica literaria que ya no se hace en los periódicos (en los periódicos venezolanos ya no se crítica nada, punto) se está haciendo en las bitácoras. Yo no soy tan optimista, aunque me contentó que el dinamismo de las discusiones en las bitácoras haya sido reconocido en un espacio cultural institucional. Rigor, no, ahí disiento. Al menos en Venezuela (de México, Perú y Argentina conozco bitácoras literarias ambiciosas y metódicas), el rigor crítico no se ve todavía; entusiasmo, sensibilidad y desparpajo, hasta ahí llegamos. De todos modos, Coll recomienda seguir la discusión sobre Las voces secretas en De mala madre. Vayan para allá y si comentan pongan un nombre (aunque sea Pedro Pérez) porque yo perdí el hilo de los anónimos (Les adelanto, el cuento de Coll es uno de los pocos que no sale vilipendiado) . Las críticas, los chismes y el drama en torno a sí son secretos los autores que aparecen en la compilación o si tienen voz propia (o pagada con favores) también se dio en La duda melódica. Yo creo que la crítica debe remitirse a la valoración de los textos, no a los sabrosos (y malintencionados) chismes de cuando nos caemos a caña.

La “mesa” terminó con Milagros Socorro reclamando espacios para una literatura “en clave de realidad”, para el “relato sin ficción”. Tema que me interesa, pero creo iba un poco fuera del tópico de la discusión. Ojalá haya otro momento para discutirlo.

*

Pendientes, martes y miércoles:

Mesa 2: Carlos Sandoval, Sonia Chocrón, Luis Felipe Castillo y María Ángeles Octavio. Moderador: Rodrigo Blanco Calderón.

Mesa 3: María Celina Núñez, Héctor Torres, Salvador Fleján, Luis Laya y Roberto Echeto. Moderadora: Gisela Kozak.

*

Las “voces” que se oyen en libro/pretexto son: Alberto Barrera Tyszka, Milagros Socorro, Armando Coll, Karl Krispin, Fátima Celis, Sonia Chocrón, Luis Felipe Castillo, María Celina Núñez, Miguel Gomes, Carlos Sandoval, Norberto José Olivar, María Ángeles Octavio, Luis Laya, Salvador Fleján, Juan Carlos Méndez Guédez, Juan Carlos Chirinos, Héctor Torres, Slavko Zupcic, Armando Luigi Castañeda y Roberto Echeto.

(Del libro hablo la semana próxima. Aún no lo he leído).

April 12, 2007

Todos tus besos

Bailamos. Como se baila un bolero. Después, cuando Bob Marley comienza a cantar Looooord looooord, volvemos a la barra. Don Julio Reposado. Preguntas: “¿Te gustaron mis besos?”

En la apartada soledad de nuestras almas
se dieron cita tu ansiedad y mi inquietud
Y saturados por la más divina llama
Besos de fuego tú me diste a media luz

Estamos parados frente a la pila. Nos vemos entre penumbras. El sacerdote nos da la bendición. Nos damos el primer beso. “Ahora, viene la luna de miel”, dice el sacerdote. Estás contento. Yo pienso que no es bueno irnos a la luna de miel tan pronto. Así que entro corriendo a mi casa por la puerta del patio. A tomar el ponche que mi mamá prepara antes de la cena. Quizás tú estás listo para ese paso, porque eres un año mayor. Yo creo que es muy pronto; sólo tengo seis años.

Tiemblo ardorosa al recordar aquel momento
En que mis labios se quemaron en los tuyos

Vamos caminando de la mano, por el malecón. Nerviosamente risueños. Un marinero, nos mira y pregunta si somos hermanos. Tú lo miras con una expresión airada que resulta cómica. Me río por dentro y pienso que sí parecemos hermanos. Nos sentamos en el banco, siempre tomados de la mano. No recuerdo que hayamos dicho nada. Nos besamos. Como se dan los besos de verdad. Ya es tiempo. Tengo doce años. Cumplirás trece la semana que viene.

Ven otra vez porque me ciega el cruel tormento
De no sentirme entre tus brazos y soñar

Te aplaudo cuando cantas Caramba, mi amor caramba. Te aplaudo cuando encestas y ganamos el partido. Supongo que tú me aplaudes cuando contesto las respuestas correctas en la competencia inter-liceos. Me mandaste un beso desde el tercer piso; yo sonrío al recibirlo en el segundo. Estoy sentada en la arena de la playa, pasas en bicicleta y me dejas otro beso.

Quiero de nuevo estar aprisionada
en el dulce embeleso de toda tu pasión

Acabamos de ver Tre fratelli. Pero no hablamos de la película. Hablamos de tu primer amor. No fui yo. Vamos en tu carro, hacia mi casa. Te estacionas. Es más de medianoche, es normal que la calle esté tan sola. Nos besamos. Impetuosamente. Comienza.

Quiero por eso la llama embriagadora
Del beso tuyo que me turba la razón

Esta tarde me has regalado el poema de la salamandra. Hemos caminado por el boulevard y nos hemos tomado un par de cervezas. Me dejas en la puerta de mi casa. Un beso de despedida. No digo nada. Quiero pedirte que te quedes.

Ven hacia mí, ven hacia mí

No es el disco de Pixies lo que suena. Es algo de Irakere. Nos hemos tomado una botella de whisky. Hablamos del hijo que tienes en Alemania. Nos paramos junto al ventanal, a ver los carros pasar por la autopista. Dejamos que nuestros cuerpos se junten. Los besos que llevan a lo hondo.

Besos de fuego son los que brinda tu boca
Besos que matan y reviven a la vez

Me muestras las letras de tus canciones, en un cuaderno de espiral, mientras escuchamos Tales from the Topographic Ocean. Ya hemos dejado de beber. Supongo que tienes sueño. Yo no. Son las cuatro de la madrugada. Nos besamos y vamos a tu cama a hacer el amor.

Quiero tus besos con la furia de una loca
Porque sin ellos ya no puedo vivir

Te paras detrás de mí. Aprietas mi hombro; me volteo. Tu boca tan cerca de la mía. Dos meses cultivando el deseo. La lancha llega al muelle. Nos vamos a Caye Caulker.

“¿Te gustaron mis besos?”, repites. “Sí. Todos tus besos”.

April 10, 2007

Narrar el vía crucis

Creo que fue en la Semana Santa de 2001 cuando comencé a escribir una serie de textos que titulé Vía Crucis. La idea era escribir un texto breve con el nombre de cada estación del Metro de Caracas. El tema de cada una de las narraciones era un suceso ocurrido en el área servida por la correspondiente estación de metro. Un mapa de las particulares expresiones de violencia que la ciudad nos ofrecía, dependiendo de si estábamos cerca de Propatria, Altamira, Zoológico, La Paz o El Valle.

Algunas estaciones, Antímano, La Hoyada, Bellas Artes o Chacaito eran fáciles. Podía contar mis propios encuentros, hierro a cuerpo, con Caracas criminal e indiferente. Algunos amigos también me habían contado sus encuentros. Víctimas del miedo. Reporteros, investigadores, misioneros, defensores de derechos humanos, habitantes del territorio. Cargadores todos de las imágenes del vía crucis.

En contadas veces los periódicos ofrecían buenas crónicas, que no requerían demasiado trabajo para convertirse en un cuento. De hecho, creo que fue una crónica periodística el disparador de esa serie; una crónica sobre un ajusticiamiento en un barrio en Catia, uno de esos con comandos encapuchados que eran noticia a principios del siglo XXI, que ya no son noticia (que siguen ocurriendo).

No fue por falta de material que abandoné la serie. Por razones, en parte personales y en parte de búsqueda estilística, decidí poner a dormir el tema de la violencia urbana, decidí explorar temas más cercanos a la esencia, menos contingentes, menos enzarzados con el dolor.

A veces, como hoy, me topo con razones para volver a intentar hacer literatura con la violencia nuestra de todos los días. Esta mañana fueron los taxis de Puerto Cabello. Los taxis que llevaban escrito con tiza en el parabrisas trasero: Justicia para David. Al mediodía me enteré de que a ese David lo habían matado en la noche, frente al terminal de pasajeros, a tiros, “ni siquiera lo robaron, lo mataron porque les dio la gana”. Tampoco fue sicariato, simplemente “lo mataron porque les dio la gana”.

En la noche, siguiendo un enlace que me dejaron en un mensaje, llegué a la crónica de un linchamiento, en Palo Verde, el último linchamiento del cual he sabido. Recordé la estación Plaza Sucre: el cuerpo colgado del puente, el olor, el linchamiento de mi Vía Crucis. Recordé El Onoto, el primero que se supo.

Narrar el vía Crucis no hará que el de Palo Verde sea el último. Narrar el Vía Crucis es lo único que se puede hacer en este espacio.

April 4, 2007

2046 cinefilos

¿Te enamoraste de Happy Together? ¿Infiel a ese deslumbramiento inicial, nunca volviste a ver otra película de Wong Kar-Wai? Dos opciones para reavivar el enamoramiento: 2046 y Con ganas de amar. Un incentivo adicional para verlas: Participar en Sesiones Dobles: Wong Kar-Wai, la primera ronda del proyecto Sesiones Dobles, promovido por The Observer.

Sesiones Dobles

Ya los participantes van llegando a 20: Books&Films, ¿Y si esta vez te quedaras?, Cineahora, Cinematic World, El día del cazador, El séptimo arte, El diario de Mr. Macguffin, Marco Velez, Himnem, Fábrica de ilusiones, Padded Room: Chronics floor, El lamento de Portnoy, La mujer justa, Bogotá 35MM, Ojo de buey, Viaje a Itaca, The Observer.

Rulemanes para Telémaco se anota en la lista.

Período para ver las películas: Del 30 de Marzo al 15 de Abril

Período para publicar las notas: Del 16 al 20 de Abril

Quienes están en Caracas, tiene la oportunidad de ir a ver 2046 en la Margot Benacerraf. Aprovechen la excusa.

Notas previas

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