Las boquitas que pintó Torre Nilsson
Es como si el libro se resistiera a ser leído porque quiere ser visto y la película nos devolviera con su coherencia en el ordenamiento del relato cierta cualidad o condición literaria que el libro rechaza. Torre Nilsson desmonta la textura cinemática del texto de Puig haciendo un discurso más literario que la propia novela. Él es consciente de que reescribe la novela en imágenes: “Estoy convencido —declaraba al diario La Opinión cinco meses después del estreno de la película— de que es una versión fiel del libro y no una adaptación”, y continua explicando: “…una ventaja por demás obvia es que Boquitas pintadas es un libro más ‘visto’ que ‘pensado’ (…) Se trata, en suma, de una literatura influida por el cine, que en este caso particular exigirá, además, un gran rigor narrativo y extrema precisión documental” (*). Con este rigor narrativo que se propone, Torre Nilsson traduce las imágenes del libro a un lenguaje que no por ser cinematográfico resulta menos literario que el texto de la novela.
En el artículo Boquitas pintadas: Puig y Torre Nilsson entre el cine y la literatura, publicado en Zona Moebius, Alexander Pérez-Heredia analiza la traducción al cine que hace Torre Nilsson de la novela de Puig. A juicio de Pérez-Heredia, se trata de uno de esos extraños casos en los cuales una versión cinematográfica logra ser fiel no sólo al contenido sino a la estructura y al estilo mismo de una novela.
No estoy segura de poder estar de acuerdo con ese juicio.
Más allá de que coincidimos en un cierto gusto por el pastiche y en la propensión a incorporar elementos de la cultura popular urbana a la novela, no hay ninguna afinidad que me enganche con la obra de Manuel Puig. No despierta mi interés estético. Me deja apática. No logro recordar Boquitas pintadas (la novela de Puig) como tampoco logro recordar La traición de Rita Hayworth, la otra de sus novelas que me parece haber leído.
Caso distinto en lo que respecta a Boquitas pintadas (la película de Torre Nilsson), que comparte esa esencia revulsiva común a todas las películas de este director que he visto (Menos de las que quisiera. Me falta su Siete Locos, ¿qué otro director argentino podría dar la talla con Roberto Arlt?).
Yo diría que Boquitas pintadas de Leopoldo Torre Nilsson es muy superior estéticamente a la novela de Puig. Pero, quizás no sea un juicio atinado. Quizás valga mejor decir que a mí me perturba el cine de Torre-Nilsson y me enfría la escritura de Puig.
En todo caso, me pareció que vale la pena darle una revisión a ambas obras, para verificar los argumentos del artículo de Pérez-Heredia. Sobre todo, dado que recientemente hemos tocado los temas de las novelas imposibles de filmar, las anti-adaptaciones de novelas que terminan siendo grandes películas infieles y las películas imposibles de novelar.
(*) Mónica MARTIN. El gran Babsy (biografía novelada de Leopoldo Torre Nilsson),
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993, p. 243.








Tampoco recuerdo muy bien la novela de Puig, ¿era algo así como epistolar-folletinesca? a priori, por su estructura parece improbable que pueda ser adaptada, pero por su contenido, resulta bastante cinematográfica… claro que puede ser que me equivoque de novela
;-)
Comment por Portnoy — March 20, 2007 @ 7:58 am
Sí, Boquitas Pintadas es un folletín en modo epistolar. Torre Nilsson reproduce el folletín, sin parodiarlo, pero dándole otra vuelta. Es el melodrama y esa cosa vil que está en el fondo de nuestra afición por hacer de la vida un melodrama.
Dudo si realmente traduce lo epistolar, pero si hay una narración subjetiva, tan adulterada como pueden ser las cartas.
Comment por Iria — March 20, 2007 @ 8:58 pm