Rulemanes para Telémaco

March 16, 2007

Marx, secretamente obsceno

A ellos les gusta ir en camionetas 4x4 (Hummers y Cherokees, preferiblemente, aunque el detalle de la marca no se mencione). Hay que decirlo. En las salas de teatro, que en principio son para decir desde la simulación y el intercambio de palabras. Puede ser obsceno porque por ahí pasan las niñas que salen del colegio (que quizás no sean inocentes, pero son niñas) y es ofensivo mostrarles penes flácidos, en lugar de echarles cuentos sobre quienes pensaron en el siglo XIX. Sería más correcto reciclar pasajes de ese sueño de fantasmas recorriendo Europa, fantasmas que salen algunas noches a enredar el principio del siglo XXI, del siglo en el cual verdaderamente todo lo sólido se desvaneció en el aire. Nada de grandes caídas, sólo desvanecerse en motores que no encienden y tragos de alcohol para apaciguar la frustración.

Hombres torturados que se encuentran en el parque. Torturadores, si la ocasión obliga. Paranoicos. Múltiples. Culpables. Conciencia colectiva de una sociedad que sospecha mentiras de sus interlocutores y dice mentiras propias. Farsantes. Buhoneros y saltimbanquis. Terroristas contra los ministros del poder.

…voy a jugar, a divertirme, a reír y si después de la función alguien quiere compartir un instante de libertad y me brinda una copa, la aceptaré con gusto. Si todo sale bien entonces al día siguiente podré sentarme en la poceta y como un rey, ahí relajado, dejaré mis excrementos con dignidad.

Dimas González, en el programa de mano. (Para leer en el baño).

*

Salí alegre de la sala Horacio Peterson. Y así es como uno debe salir del teatro. De repente, debí brindarle el trago a este acosado Marx caraqueño. O a Dimas, quien probablemente sea un tipo simpático.

Teatro Itinerante de Caracas produce La secreta obscenidad de cada día, la obra del chileno Marco Antonio De la Parra, dirigida por Fermín Reina. Una de esas obras clásicas del teatro caraqueño, vista en este mismo escenario y en otros escenarios, con estos mismos y con otros actores. Dimas González es Carlos Marx, Fermín Reina es Sigmund Freud, en una versión puesta al día con la frustración y el fantasma político nacional.

Nos reconocemos en la ironía del viejo Karl Marx y en la impostación del profesor vienés. A partir de la próxima semana se mudan a Los espacios cálidos. La temporada se alarga y se justifica un espacio un poco más grande que la minúscula sala Horacio Peterson. Son muchos los caraqueños que quieren ver la (no tan secreta) cotidiana obscenidad.

Se me ocurre que deberían montarla en el Centro de Arte La Estancia. Nos hace falta volver a reírnos de nuestras desventuradas mitificaciones.

*

Otro espectador

TecBear: Reirse sin pensar pensando deprimirse

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Hacen falta piolines

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