Rulemanes para Telémaco

March 28, 2007

Explícamelo mientras vamos a la deriva

En la casilla: Serendipity

No puedo dejar de pensar en alguien que entra a explorar un parque zoológico, sin ninguna guía, sin leer las tarjeticas que colocan junto a las exhibiciones y sin siquiera saber cual es la función social de estos establecimientos. Observa con atención, con curiosidad, guardando las distancias.

Luego, en casa, toma apuntes de memoria y arma un inventario coherente que luce más o menos así:

*

En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.

Jorge Luis Borges. El idioma analítico de John Wilkins. Otras inquisiciones.

La clasificación de los animales, según la antigua enciclopedia china citada por Borges, es un feliz hallazgo al inicio de un libro sobre cluster analysis. Sobre todo en estos días en que he estado vacilando con respecto a la idea de las vidas escindidas, cada parte en su casilla o en su carril, sin unirse nunca en un conjunto armónico.


Lo que va de la cita de Borges al rant, ya apareció publicado en otra nota por aquí. La recordé camino a casa.

Cuando tenga algo de tiempo, me pondré a contestar las preguntas de la agenda presentada en la introducción del conversatorio, la agenda que nos saltamos porque era más jovial andar dando vueltas desordenadamente por el zoológico.

Me divertí mucho.

March 20, 2007

En esta ciudad de mientras tanto

Venganza: crear enormidades que destilen fealdad, despertar la admiración de los elegidos —los cuerpos—, y de los otros. Figuras grotescas, inconfundibles porque nacen de la exageración y no de la medianía. Piensa obsesivamente en el enigma de su generación, coro de la perpetua alabanza fraudulenta ante extravagancias congeladas de museo, y amantes desfallecientes de muñecos de afiche callejero o de comercial de televisión. Finalmente, renuncia a entregarse a la escultura. No quiere desviarse de su objetivo. Por otra parte, percibe como una estupidez aceptar como alternativa viable el reconocimiento colectivo obtenido con largos años de trabajo. René desea las caricias de la fama en vida y antes de cumplir los treinta y cuatro.

Gisela Kozak. Resplandor de eternidad o héroes de video.

Ell@s son urban@s. Álvaro Pérez Capiello, Víctor Vegas, Gisela Kozak, Ricardo Waale, José Tomás Angola, Carlos Ávila, Mario Morenza, Marianne Díaz, Eduardo Cobos, Carolina Rodríguez, Rafael Victorino Muñoz, Miguel Hidalgo, Arnoldo Rosas, Leopoldo Tablante y Ana García Julio. Ell@s son narrador@s.

Organizan: Ana Teresa Torres y Héctor Torres. El Pen de Venezuela, la Fundación de la Cultura Urbana y la Fundación Chacao dan el apoyo institucional. Judit Gerendas, Antonieta Madrid, Federico Vegas, Ángel Gustavo Infante y Oscar Marcano son maestros de ceremonias, y críticos si hay suerte.

A la segunda ya es tradición, en esta ciudad de gente de prisa, sin constancia. En esta ciudad de mientras tanto.

Ocaso de hedor insoportable, así fue la tarde que la encontré solitaria, extasiada en vidrieras que mostraban artículos baratos mientras un camión del aseo recogía centenares de bolsas supurantes de líquidos viscosos en Sabana Grande. Este boulevard se parece cada vez más al pecado: hediondo, plagado de detritus y sin embargo atrayente y posesivo.

José Tomás Angola. Plano amoroso de ciudad.

UrbanoII

Oiremos sus lecturas. Centro Cultural Chacao, entre el 23 y el 27 de abril. Los leeremos. (Semana del Libro, para los desprevenidos).

March 18, 2007

Las boquitas que pintó Torre Nilsson

Es como si el libro se resistiera a ser leído porque quiere ser visto y la película nos devolviera con su coherencia en el ordenamiento del relato cierta cualidad o condición literaria que el libro rechaza. Torre Nilsson desmonta la textura cinemática del texto de Puig haciendo un discurso más literario que la propia novela. Él es consciente de que reescribe la novela en imágenes: “Estoy convencido —declaraba al diario La Opinión cinco meses después del estreno de la película— de que es una versión fiel del libro y no una adaptación”, y continua explicando: “…una ventaja por demás obvia es que Boquitas pintadas es un libro más ‘visto’ que ‘pensado’ (…) Se trata, en suma, de una literatura influida por el cine, que en este caso particular exigirá, además, un gran rigor narrativo y extrema precisión documental” (*). Con este rigor narrativo que se propone, Torre Nilsson traduce las imágenes del libro a un lenguaje que no por ser cinematográfico resulta menos literario que el texto de la novela.

En el artículo Boquitas pintadas: Puig y Torre Nilsson entre el cine y la literatura, publicado en Zona Moebius, Alexander Pérez-Heredia analiza la traducción al cine que hace Torre Nilsson de la novela de Puig. A juicio de Pérez-Heredia, se trata de uno de esos extraños casos en los cuales una versión cinematográfica logra ser fiel no sólo al contenido sino a la estructura y al estilo mismo de una novela.

No estoy segura de poder estar de acuerdo con ese juicio.

Más allá de que coincidimos en un cierto gusto por el pastiche y en la propensión a incorporar elementos de la cultura popular urbana a la novela, no hay ninguna afinidad que me enganche con la obra de Manuel Puig. No despierta mi interés estético. Me deja apática. No logro recordar Boquitas pintadas (la novela de Puig) como tampoco logro recordar La traición de Rita Hayworth, la otra de sus novelas que me parece haber leído.

Caso distinto en lo que respecta a Boquitas pintadas (la película de Torre Nilsson), que comparte esa esencia revulsiva común a todas las películas de este director que he visto (Menos de las que quisiera. Me falta su Siete Locos, ¿qué otro director argentino podría dar la talla con Roberto Arlt?).

Yo diría que Boquitas pintadas de Leopoldo Torre Nilsson es muy superior estéticamente a la novela de Puig. Pero, quizás no sea un juicio atinado. Quizás valga mejor decir que a mí me perturba el cine de Torre-Nilsson y me enfría la escritura de Puig.
Boquitas Pintadas - Torre Nilsson

En todo caso, me pareció que vale la pena darle una revisión a ambas obras, para verificar los argumentos del artículo de Pérez-Heredia. Sobre todo, dado que recientemente hemos tocado los temas de las novelas imposibles de filmar, las anti-adaptaciones de novelas que terminan siendo grandes películas infieles y las películas imposibles de novelar.

(*) Mónica MARTIN. El gran Babsy (biografía novelada de Leopoldo Torre Nilsson),
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993, p. 243.

March 17, 2007

Yo entré al teatro cuando era grande

¿A ustedes los llevaron al teatro cuando eran niños? A mí no. Al menos no lo recuerdo. Tendría 17 o 18 años, cuando mi primera vez en una obra teatral. Fue en el Teatro Nacional. Era un montaje de la Compañía Nacional de Teatro. Esos dos datos son seguros. No logro precisar si la obra fue La Tempestad o La verdadera historia de Pedro Navaja (versión libre de La ópera de tres centavos). ¿O sería Acto Cultural? (La cronología de la CNT sirve mejor que mi memoria, fue La verdadera historia de Pedro Navaja).

Quizás no sea tan raro que mis padres no me llevaran al teatro de niña; no deben haber sido muchas las oportunidades en Puerto Cabello. Lo que si me extraña es no recordar una obra de teatro infantil en algún “acto cultural” de la escuela o en la semana del liceo. Quizás mi memoria prefirió olvidar el evento.

Lo cierto es que sólo recuerdo haber visto una obra de teatro infantil en mi vida. Fue La estrella azul, un montaje de El Chichón, en el Aula Magna. Ya era adulta, alguien me regaló entradas de cortesía y fui con mi sobrino, quien era entonces un poco mayor de lo que Telémaco es ahora (Pensar que mi sobrinito es hoy un chaval de más de un 1.70, voz ronca y un bozo que lo hace lucir como El Zorro, todavía con cara de inocencia). Por cierto, el día que fui a ver La estrella azul, el público infantil asistente absolvió a Disney de los cargos que le hacían en la producción de Armando Carías. Quizás no sea un detalle asombroso, tengo entendido que los niños absolvieron a Disney en 99% de las funciones.

Apuesto a que me pondré al día con el teatro infantil, durante la infancia de Telémaco. Hay bastante que ver, según una rápida búsqueda que hago en Google: Buscando a Dodó (Romano Rodríguez), Las aventuras de Pio Jito (Gilberto Agüero), El Tesoro de Rosalía (Martín Brassesco), Oliverio Migajita (Néstor Caballero), La cucarachita Martínez (Manuel Trujillo), La guerra entre Tío Tigre y Tío Conejo (Rodolfo Santana), ¿Quién se comió el cuento? (Lali Armengol Argemí), ¿Qué sueña el dragón? (Mireya Tabuas), La historia del Cid Escobante (Rubén Martínez), ¿Quién se tomó la Vía Láctea? (Luiz Carlos Neves), El circo más grande del mundo (César Sierra), ¿Por qué los gnomos menean la cabeza? (Armando Carías y Morelba Domínguez).

El problema no es que no existan obras de teatro infantil venezolanas. El problema es que yo no las he visto, ni siquiera las he leído. Es un problema porque una amiga chilena, me escribe desde Ann Arbor, preguntándome por obras de teatro infantil venezolanas o latinoamericanas. Y no le puedo dar una respuesta.

Si alguien se anima a recomendar una obra, a comentarla, a poner un enlace a una crítica o (mejor aún) al texto, los niños annarboritas tendrán la oportunidad de conocer en su infancia, las obras que yo no conocí. Y yo voy agarrando notas para la agenda cultural de Telémaco.

March 16, 2007

Marx, secretamente obsceno

A ellos les gusta ir en camionetas 4x4 (Hummers y Cherokees, preferiblemente, aunque el detalle de la marca no se mencione). Hay que decirlo. En las salas de teatro, que en principio son para decir desde la simulación y el intercambio de palabras. Puede ser obsceno porque por ahí pasan las niñas que salen del colegio (que quizás no sean inocentes, pero son niñas) y es ofensivo mostrarles penes flácidos, en lugar de echarles cuentos sobre quienes pensaron en el siglo XIX. Sería más correcto reciclar pasajes de ese sueño de fantasmas recorriendo Europa, fantasmas que salen algunas noches a enredar el principio del siglo XXI, del siglo en el cual verdaderamente todo lo sólido se desvaneció en el aire. Nada de grandes caídas, sólo desvanecerse en motores que no encienden y tragos de alcohol para apaciguar la frustración.

Hombres torturados que se encuentran en el parque. Torturadores, si la ocasión obliga. Paranoicos. Múltiples. Culpables. Conciencia colectiva de una sociedad que sospecha mentiras de sus interlocutores y dice mentiras propias. Farsantes. Buhoneros y saltimbanquis. Terroristas contra los ministros del poder.

…voy a jugar, a divertirme, a reír y si después de la función alguien quiere compartir un instante de libertad y me brinda una copa, la aceptaré con gusto. Si todo sale bien entonces al día siguiente podré sentarme en la poceta y como un rey, ahí relajado, dejaré mis excrementos con dignidad.

Dimas González, en el programa de mano. (Para leer en el baño).

*

Salí alegre de la sala Horacio Peterson. Y así es como uno debe salir del teatro. De repente, debí brindarle el trago a este acosado Marx caraqueño. O a Dimas, quien probablemente sea un tipo simpático.

Teatro Itinerante de Caracas produce La secreta obscenidad de cada día, la obra del chileno Marco Antonio De la Parra, dirigida por Fermín Reina. Una de esas obras clásicas del teatro caraqueño, vista en este mismo escenario y en otros escenarios, con estos mismos y con otros actores. Dimas González es Carlos Marx, Fermín Reina es Sigmund Freud, en una versión puesta al día con la frustración y el fantasma político nacional.

Nos reconocemos en la ironía del viejo Karl Marx y en la impostación del profesor vienés. A partir de la próxima semana se mudan a Los espacios cálidos. La temporada se alarga y se justifica un espacio un poco más grande que la minúscula sala Horacio Peterson. Son muchos los caraqueños que quieren ver la (no tan secreta) cotidiana obscenidad.

Se me ocurre que deberían montarla en el Centro de Arte La Estancia. Nos hace falta volver a reírnos de nuestras desventuradas mitificaciones.

*

Otro espectador

TecBear: Reirse sin pensar pensando deprimirse

March 10, 2007

Duerme, pequeño

Te quedamos debiendo las canciones de cuna. Te escribo una, para no deberte tanto. Y por la noche, te la voy a cantar bajito, mientras sigues moviendo tus piernas, muy rápido, como si quisieras que tu marca de pedaleo sorprendiera al cronómetro.

Acalanto

Duerme mi pequeña,
no vale la pena despertar.
Duerme mi pequeña,
no vale la pena despertar.

Voy a salir por ahí, ahora,
tras la aurora más serena.

Duerme mi pequeña,
no vale la pena despertar.
Duerme mi pequeña,
no vale la pena despertar.

           (Chico Buarque / Daniel Viglietti)

Duerme, Femto.

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