Rulemanes para Telémaco

January 22, 2007

Los robalibros

Era una pareja de lindos jóvenes. De veras, tanto ella como él tenían rostros bonitos. No recuerdo si eran buenos actores. Tampoco recuerdo sus nombres. En esta historia, su trabajo era robar libros. A eso se dedicaban. No estoy segura de si el guión especificaba las razones que tenían para robar libros. En el fondo, para mí tenía que ver con el deseo de conocer, con la aventura de ser libres.

El lugar de la filmación era la librería del Ateneo de Caracas. Probablemente, el lugar donde con más frecuencia se producían episodios de robo de libros. Ahora hay detectores. Supongo que ya no es tan fácil robar libros allí. No sé si habrá jóvenes arriesgados al juego de llevarse Palinuro de México, en edición de la Biblioteca Ayacucho, o la aventura más modesta de Si yo fuera Pedro Infante.

Un librero alto y gordo, con pinta de adeco, los atrapaba una mañana. Aunque quizás la toma no permitiera verlos todos, la docena de libros que salían del abrigo del muchacho de la película fueron cuidadosamente seleccionados. Ya no recuerdo cuales libros eran. Supongo que allí estaría Ficciones. Quizás un Ferdydurke. Los efectos especiales fueron robados de Zabriskie Point.

Tras las rejas, en una jaula cálidamente iluminada, la pareja de muchachos se turnaba para leer fragmentos de Rayuela. Creo que el corto terminaba con este pasaje:

Hay quizá un reino milenario, pero no es escapando de una carga enemiga que se toma por asalto una fortaleza. Hasta ahora este siglo se escapa de montones de cosas, busca las puertas y a veces las desfonda. Lo que ocurre después no se sabe, algunos habrán alcanzado a ver y han perecido, borrados instantáneamente por el gran olvido negro, otros se han conformado con el escape chico, la casita en las afueras, la especialización literaria o científica, el turismo. Se planifican los escapes, se los tecnologiza, se los arma con el Modular o con la Regla de Nylon. Hay imbéciles que siguen creyendo que la borrachera puede ser un método, o la mescalina o la homosexualidad, cualquier cosa magnífica o inane en sí pero estúpidamente exaltada a sistema, a llave del reino. Puede ser que haya otro mundo dentro de éste (…)

Guión, producción y dirección a tres. Hace 15 años que no sé de Laurie Márquez. Quizás diez años del último encuentro con Carlos Cova, en Sabana Grande. Hablamos de una adaptación de un cuento de Cortázar para una película. Creo que era Circe.

Da alegría recordar historias de robalibros. (Vía el boletín de Libreros).

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