Casa desaparecida
Resiste, aguanta, no te dejes maltratar. Resiste, en algún momento, esto tiene que acabar. [...] Parada en la acera, de repente desesperas ¿Por qué todas las ventanas miran para afuera? Ay, carajita, alimenta tu paciencia cuando sientas que te invade la nostalgia.
Cayayo Troconis
Desentierro la memoria de un martes de otro noviembre, Mata de Coco, bailé, feliz. Y, más abajo en el pasado, aquella tarde en que coronaron a un Presidente. Y la tarde de Donna Helena, cuando falté al examen final de lingüística.
Calculé las demoras en el tráfico de las 6. Mis cálculos fueron en vano: las filas de vehículos eran escuálidas. Por motivos que es mejor ignorar las calles estaban apesadumbradas. Así que llegué temprano, con tiempo para una cerveza en el Rajatabla. En la orilla de la acera, un muchacho enarbolando un pasquín; portada y contraportada, el mismo icono: Cayayo.
Nueva resaca de recuerdos. En la plaza Brion, a un chico le rompieron la frente, justo delante de mí, que coreaba:
Si alzamos la mirada
en un cerro se divisa
una gente que engañada
te devuelve una sonrisa...
(una sonrisa al revés)
Y en el ruedo. El día que Aldo y yo decidimos que era buena idea enamorarnos. Varios años después, el epílogo sería:
... pasar las páginas de un mismo cuento de un mismo cuento, envejeciendo.
Con la cabeza dando vueltas de memoria, llegué hasta la barra. ¡Una negra! Las cervezas más baratas de la ciudad. Miles de veces, antes o después de la cinemateca, nos sentamos en estas mesas desvencijadas. Aquí vimos a Los Gusanos y (casi) a Mano Negra. Aquí desciframos Drowning by numbers. Aquí leímos, 1919 y tantos otros libros robados.
Justo al lado, esa vez sola, vi La Máquina Hamlet: Ofelia con mi angustia, la madre patética y las ratas que me hicieron entrecerrar los ojos. Quizás fue allí, veinticinco años atrás, donde Raúl vio Tu país está feliz. O donde Francesco vio El día que me quieras.
Abre el telón.
Buenas noches ladies and gentlemen bon soir sean bienvenidos a la primera función...
Tantas reminiscencias, adormecidas.
Habrá que declararse un inocente o habrá que ser abyecto y desalmado...
La sala queda totalmente oscura. Adivino el significado. Supongo que algunos otros también lo saben: ellos también copiaron cassettes piratas.
La verdad es que desafina: una cuchillada del amor / luna de los pobres siempre abierta… Lo sabe. Mueve los brazos como mimo, mientras la sala está en silencio. … Para Cayayo.
Después 11 y 6.
Es un concierto pop, y yo una fan.
El rosarino comienza a cantar. Casa desaparecida.
Ojalá que nunca se hagan realidad nuestras pesadillas. Y cada vez sean más tenues los ecos del dolor, Montevideo, Santiago, Buenos Aires… Aquí los oficiales tienen medallas por buena conducta y amistades en el Capitolio; más al sur, las ganaron con la Operación Cóndor, Malvinas, La Cantuta, más al norte, Chalantenango. Y tengo deseo de un buen vino tinto para cubrir el mar sabor.
Boca Juniors, River Plate, San Lorenzo, Rosario Central… Cuando yo era niña, el arquero del Unión Atlético Táchira hizo un gol con un saque de portería, Pueblo Nuevo tembló, 3 a 2, el favorito Independiente de Avellaneda estaba fuera de la Copa Libertadores. Pero aquí no hay fútbol, hay Caracas-Magallanes, la cantera de los mejores campo-corto del mundo; y, Trotamundos, el Expreso Azul, cinco campeonatos suramericanos de clubes, el Mago Sheppard, Iván Olivares, Nelcha, Allison, Rostyn, Luis Jiménez, All Smith. Y al presidente, Sammy Sosa le metió cuatro jonrones, pero no importa porque el muchacho de Sabaneta cumplió su sueño de lanzar una bola en un juego de Grandes Ligas. Magallanes será campeón… y palo, y palo, y palo. A la salida del Universitario, los niños de la calle sacan choripanes y pinchos a medio comer del pote de la basura al lado del kiosko de Polar.
Supongo que ésta es la verdadera Conjura de los Necios. El mesianismo, Santos Luzardo y el sombrero de Zamora. Es que somos muy pobres, como en el cuento de Rulfo.
¿Duerme usted, señor Presidente?
Allí, al lado, al salir del teatro, está el Parque Los Caobos, donde yo amé, igual que el Corcho de Piedra de mar. Ahora han puesto puertas, a las siete con el crepúsculo, los niños de la calle te rodeaban, y es el miedo, y es el resentimiento, huelepega, chicos de la tapa que nos dejó el 11 y 6 de los barrios marginales que se comen las faldas del Ávila. Y matan a pobres corazones… Cada día somos más violentamente diferentes: “situación de pobreza”, una fiesta en el Meliá; nosotros, cada vez más desesperanzados y cínicos, tomando Solera en El Lagar.
Ahora nos llaman los balseros del aire, Miami ya no está barato, pero todos los boletos están vendidos. Tu país no está feliz, querido Raúl. Escapamos: vámonos de aquí, en esta tierra no nos quieren. Y la nostalgia que se te pega, aunque nunca más quieras volver. La nostalgia de los cuentacuentos en Tierra de Nadie, de los besos en el páramo de La Culata, del último eclipse en la bahía de Patanemo, de la canoa de mariscos en el bulevar de Macuto. Todos los recuerdos que no podrán cubrir los cinco metros de lodo que bajaron sobre el litoral, porque únicamente para quienes murieron se acabó la memoria; quienes huyen se llevan su nostalgia, en los discos, en los libros, en las películas.
“Llegó la hora”. No recuerdan el 27F, no recuerdan que son ellos quienes ponen los muertos. La bandera enloquecida… maten a los inmigrantes.
Sigo vivo, sigo atento, y observando con el tiempo
esta extraña enfermedad inclasificada
que te afecta muy deprisa, que te quita la sonrisa
cuyo síntoma es que ya no importa nada
Y los buenos recuerdos. “Usted es libre, elija”. Te vas. Te llevas el Fausto, los discos de Charly, los discos de Sentimiento, el Quijote, el Hamlet, el Mandarín Maravilloso, el video de Brazil, la Rayuela, La Odisea. Y los recuerdos.
El rosarino termina de cantar. Casa desaparecida.
Y son 8 minutos de aplausos emocionados. Recuerdos de La noche de los lápices,
Y escarbo hasta abrazarte, y me sangran las manos pero que libres vamos a crecer Y rasguña las piedras y rasguña las piedras Y rasguña las piedras Y rasguña las piedras hasta mí (hasta mí)
En el fondo, aquí es igual, aunque parezca diferente. En una de esas cajas, donde se amontona mi memoria, tengo las fotografías de las exhumaciones de La Peste. Caracas, te quiero viva.
Cerca de la revolución,
el pueblo pide sangre
cerca de la revolución
yo estoy cantando esta canción...
Sé que debo guardar mis deseos de tirar un cable a tierra, para algún día regresar a casa.
Caracas, te quiero viva. Es sólo un concierto pop: arrivederci é buona fortuna.
Caracas, 30 de noviembre, 1999 / Caracas, 5 de octubre, 2000
* El mundo cabe en una canción, dicen. Mañana tengo otra cita con el rosarino. La séptima creo.







