Rulemanes para Telémaco

September 23, 2006

Revolver

Conozco la inquietud. Sé que pronto volveré a gastar noches de insomnio en la escritura.

Sospecho que el tema del desarraigo, se entremezclará con los temas del hastío y la violencia.

Supongo que la paradoja de elegir no hacer para no tener que cargar con el compromiso de la responsabilidad sobre las propias elecciones, se hará más evidente, fundamental.

Después de un tiempo tratando de explorar anécdotas, creo que me reencontraré con los problemas de la ficcionalización. Los problemas de la interpretación seguirán siendo cruciales. Quizás haga más concesiones a un hipotético lector, quizás no me envíe tantas cartas cifradas.

Intentaré volver a la mujer del World Trade Center. Si me da las tres o cuatro palabras que necesito, si la encuentro alguna noche que se vuelva real, como deseaba el joven Peter Stillman.

Le contestaré a aquel camarada que me decía “I speak no Spanish, señorita“, mientras iba en su bicicleta al ritmo de mis pasos por Market St; yo camino a mi hotel, él en ruta a un establecimiento de Walgreens.

Reiré, cuando algún personaje diga: “Pásame el brochurl de la guagua, que’l skeidul no está listeao”.

September 11, 2006

Despachada en la calle Comercio

En la casilla: (eto ne)pravda

Esta no es una típica mueblería de libaneses; los muebles no están amontonados y el negocio no es oscuro. Es una mueblería bien iluminada y con suficiente espacio para que los clientes caminen mientras miran la mercancía. Hay suficiente espacio para que la moto de la Policía de Valencia se desplace por el pasillo entre las cocinas y las lavadoras, hasta estacionarse junto a la caja, que está ubicada justo en el centro del negocio. Al llegar a la caja, baja de la moto, Andrés Makled El Chaer, quien no es policía, sino el dueño (o el hijo del dueño) de la mueblería.

La cajera está conformando un cheque por poco más de un millón, un cheque por una nevera. La cliente no sonríe mientras mira a Makled bajándose de la moto, con la ayuda de un policía. El policía se ríe contento, como muchacho que sale al recreo. Makled parece aburrido. La cajera cuelga el teléfono de la oficina y toma un celular para cuadrar el transporte que entregará la nevera. Le dice a la cliente que son Bs. 50 mil por el transporte y que ya el fletero viene.

La cliente va hacia la entrada del negocio, donde está su papá hablando con Carmen, la vendedora. Cruzan la calle para tomarse sendos refrescos en una panadería, mientras esperan al fletero. Al rato regresan a la tienda para averiguar qué ha pasado que aún no hay movimiento de transporte.

La cliente habla con la cajera, quien asegura que el fletero está a punto de llegar, “fue darle la vuelta a la manzana para estacionarse enfrente”. Makled está sentado en un banco alto, al lado de la caja; un policía está sentado en el suelo, a los pies del joven. Otro policía está parado al lado de Makled y le pregunta risueño si se divirtió anoche. Makled le contesta que también se divertirá esta noche.

Un ayudante de la tienda saca la nevera hasta la acera. La cliente piensa que ya llegó el transporte y sale tras él. La nevera queda en la acera, mientras el trabajador comienza a bajar las santamarías. La cliente entra a reclamar por el retraso en el transporte. No han conseguido transporte le contesta la cajera; es muy tarde y nadie quiere hacer el viaje, todos los transportistas se han ido. La cliente pide que cancelen la transacción. No se puede.

Makled asegura que él va a conseguir la camioneta. Voy ahora y mando el carro para acá, dice. “A mí me hacen caso, porque yo soy el dueño”. Los empleados salen de la tienda. El papá de la cliente está parado en la acera, junto a la nevera, impotente ante la situación que ya está clara. La cliente sigue dentro de la tienda. Sabe que en cuanto salga y bajen la santamaría estarán contando minutos para el momento en que los van a atracar. Se queda dentro de la tienda, hasta que Makled le dice que tiene que salir porque ya van a cerrar. La cliente sabe que no vendrá ningún transporte. Sabe que los van a dejar con la nevera en la acera, sin importar si los roban o los matan. Piensa resistirse a salir, hasta que llegue el carro. Hay un policía a la izquierda de Makled, hay un policía a la derecha de Makled. La cliente sale de la tienda. Conoce el riesgo de salir, tiene la certeza de lo que ocurrirá si no sale.

“Esa mercancía ya está despachada”, dice la vendedora, al irse. Hay un policía a volante de la Hummer. Makled entra por la puerta del pasajero. El policía que estaba a la derecha de Makled sube a una moto y se coloca delante de la Hummer. La cliente y su papá ven como arranca la Hummer. Dos motorizados de la Policía de Valencia, van detrás del costoso carro, especialmente diseñado para quienes quieren que los muertos los pongan otros (según el concepto en la estrategia de mercadeo para el lanzamiento comercial de Hummer).

Una nevera queda despachada en la Calle Comercio de Valencia, frente a Tiendas Makled. Es cuestión de minutos.

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