Por aquellas calles
Me bajo del jeep. Comienzo a cruzar la calle, sin haber mirado hacia los lados. Cuando volteo hacia la izquierda veo al motorizado zigzagueando, tratando de evitar el choque. Yo también zigzagueo. Bailamos, o algo así. Chocamos.
El tinto de mi sangre, le mancha la camisa verde. Me lleva al Periférico de Coche. Se queda en la emergencia, tomándome la mano, mientras la estudiante de medicina me sutura la barbilla. Seis puntos, si mal no recuerdo. Suturó bien. No es tan fácil notar la cicatriz. El muchacho (creo que nunca me dijo su nombre) me lleva de regreso a mi casa, parrillera en su moto. Va a llegar muy tarde al trabajo. Ojalá que no lo boten.
Al pasar la anestesia, duele mucho. No puedo comer. Casi no puedo hablar.
María Teresa viene a mi casa a buscar la entrada. Están agotadas. Así que la reventa es segura.
Yo quería estar allí.
Ahora, más gordos, más viejos, un poquito más prósperos, estoy allí.
No bajo la cúpula de El Poliedro, sino en la sala Ríos Reyna. Ilan & Yordano, 20 años después.
(De Ilan no voy a hablar. Ya se despidió, una docena de veces. )
Ríos de fuego, de acero, de vida y de tiempo Que van sin remedio, a tumbas que llegan al cielo Donde se brinda con llantos de miles de liras Como la vida les pasa de largo y los dejar ir No me importará morir…
Giordano Di Marzo comienza con Vivir en Caracas. No está la Sección Rítmica de Caracas en pleno, pero están Nené Quintero, en la percusión, y Eddie Pérez, en la guitarra. Está el video con las imágenes de una Caracas, que ya no es; los intensos ‘80s. Suenan con todo, y el disfrute es más fuerte que la nostalgia. Punto de encuentro con el futuro. También dijimos verdades, todavía nos quedan ilusiones que no rodaron con la noche.
Por estas calles la compasión ya no aparece, Y la piedad hace rato que, se fue de viaje, Cuando se iba la perseguía la policía, Oye conciencia mejor te escondes con la paciencia, Por ningún lado se encuentran rastros de valentía, Quienes la vieron dicen que estaba pálida y fría, Se daba cuenta que estaba sola y sin compañía, Y cada vez que asomaba el rostro se les reía, Coro (bis) Por eso cuídate de las esquinas, No te distraigas cuando caminas, Que pa´ cuidarte yo solo tengo esta vida mía, Por estas calles hay tantos pillos y malhechores, Que en eso si que no importan credo, raza o colores, Te la juegas si andas diciendo lo que tú piensas, Al hombre bueno le ponen precio a la cabeza, Y los que andan de cuello blanco son los peores, Porque además de quemarte se hacen llamar señores, Tienen amigos en altos cargos muy influyentes, Y hay algunos que hasta se lanzan pa´ presidente, Coro (bis)
Se oyó claro y fuerte. Giordano Di Marzo también está reste@do.







