Las conversaciones de los amantes
El deseo de gozar de las conversaciones ha sido uno de mis temas más recurrente en estos días. Monotema, quizás.
Encuentro este Durar y Arder:
Todo el mundo parece creer que la conversación es uno de los placeres de la vida. Desde que la especie conquistó el lenguaje, es lógico pensar que su evidente utilidad incentivara el frecuentar su uso. Viendo en qué consisten algunas de las realizaciones concretas de esta habilidad –inacabables chácharas circulares que se prolongan deleitosamente sin más aparente finalidad que la pura fonación–, uno está tentado a pensar que la comunicación oral de los humanos está a medio a camino entre la transmisión del pensamiento y el puro contento del gorjeo compartido de una pareja de periquitos. Entre estos dos extremos se sitúa el repertorio de los infinitos diálogos habidos y por haber.
- Juan Raigón
Me deleita su sarcasmo; me regodeo en confesar mi indeseada admiración.
Me rebelo ideológicamente. No estoy de acuerdo, que conste.
La cita –no textual, pues no la conservo—decía que los amantes deberían ser sordomudos y comunicarse sólo mediante cartas de amor.
Se busca alguien lo suficientemente talentoso para reivindicar la conversación de los amantes.







