Rulemanes para Telémaco

March 17, 2006

Las conversaciones de los amantes

En la casilla: A través de espejos

El deseo de gozar de las conversaciones ha sido uno de mis temas más recurrente en estos días. Monotema, quizás.

Encuentro este Durar y Arder:

Todo el mundo parece creer que la conversación es uno de los placeres de la vida. Desde que la especie conquistó el lenguaje, es lógico pensar que su evidente utilidad incentivara el frecuentar su uso. Viendo en qué consisten algunas de las realizaciones concretas de esta habilidad –inacabables chácharas circulares que se prolongan deleitosamente sin más aparente finalidad que la pura fonación–, uno está tentado a pensar que la comunicación oral de los humanos está a medio a camino entre la transmisión del pensamiento y el puro contento del gorjeo compartido de una pareja de periquitos. Entre estos dos extremos se sitúa el repertorio de los infinitos diálogos habidos y por haber.
    Juan Raigón

Me deleita su sarcasmo; me regodeo en confesar mi indeseada admiración.

Me rebelo ideológicamente. No estoy de acuerdo, que conste.

La cita –no textual, pues no la conservo—decía que los amantes deberían ser sordomudos y comunicarse sólo mediante cartas de amor.

Se busca alguien lo suficientemente talentoso para reivindicar la conversación de los amantes.

Novelista: Odiseo o Edipo

En la casilla: Modelos para armar
Suelo decir en broma (…) que sólo existen dos grandes historias básicas: o contamos un viaje o contamos una investigación. Así, el escritor es Ulises o es Edipo. O uno se va y luego cuenta lo que vio en su viaje, o hay un misterio, un enigma que trata de descifrar.

Este comentario de Ricardo Piglia, en una entrevista reciente, reproducida en Puente Aéreo, me ha traído de vuelta a un tema que siempre me ha interesado: las razones por las cuáles un autor elige un tema, una fábula y una intriga determinada.

En Lector in fabula, Eco decía que “la fabula es el esquema fundamental de la narración, la lógica de las acciones y la sintaxis de los personajes, el curso de los acontecimientos ordenado temporalmente“. Es, entonces, a la fábula de la narración a lo que Piglia se refiere en el fragmento que cito al inicio. Acepto el reto de pensar otras opciones, además del viaje y el develamiento del enigma. Decido pensarlas con quienes se animen a compartir. En todo caso, de las alternativas propuestas yo tiendo a quedarme con el viaje. El viaje interior, de ser posible.

Pienso en un tercer esquema narrativo, quizás podría llamarlo paisajístico o topográfico. Las palabras que uso pueden llevar a que alguien se pregunte si no se trata del esquema del viaje. Pienso en una distinción. Al viajero le ocurren cosas que cambian el sentido de su vida. El paisajista anota detalles de los hechos y los lugares, y no pasa nada en el espíritu, los personajes son impasibles, la lógica de las acciones es constante.

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