Bajando
4
Había un pollito en el huevo. Mi papá lo tiró a la basura. Yo me quedé viendo la cabecita medio hecha del pollito. Mi papá me dijo que no me quedara parado como un pendejo. Acabo de pasar la raya de luz. Fui a botar la bolsa por el bajante, para que el pollito no se pudriera en el pote de la basura de la cocina. Mi papá fritó otro huevo. Me lo comí sin asco. No me acordé del pollito mientras comía. Ahora me estoy acordando. Las ratas se deben estar comiendo la cabeza del pollito. Ya debo ir por el quinto piso.
8
Me acabo de acordar que tengo que recordarle a mi papá que arregle el guater. Está como tapado. Cuando lo bajo, siempre queda un monjoncito dando vueltas en el agua. No se porqué, me da como tristeza ese monjocito, flotando en el agua del guater. “Si la mamá viviera, ese muchacho no andaría moneando en ese ascensor”. Ya veo la raya de luz del ocho. “Déjalo, que el golpe avisa”.
12
Subir por el ascensor es como ser trapecista en el circo. Ojalá mi papá me llevara al circo. Catire me dijo que llegó uno, por Plaza Venezuela. Hay un hombre con la mandíbula de acero. ”Tomasito, se va a matar”. Dice Catire que ponen un cable grueso, como la guaya del ascensor y por el cable va una rueda, una polea, y de allí cuelga un gancho, como de grúa, pero más pequeño. Voy llegando al doce. El hombre se mete el gancho en la boca, y así con el gancho mordido cruza todo el circo. Eso dice Catire, porque él fue a verlo. Mi papá no me ha llevado.
Sotano
El vidrio debe haber estado en la esponja. Ya estaba terminando de lavar los platos, cuando sentí el pinchazo. Abrí la mano y no se veía ningún vidrio. Me la lavé. No me salía sangre. Me dolía un poquito. Hoy voy bajando. El ascensor se quedó varado entre el ocho y el doce. Le quité la espuma a la esponja, pero no se veía ningún vidriecito. A lo mejor era muy pequeño. Debe habérselo llevado el agua. A lo mejor se quedó clavado en mi mano. Hoy no se me quebró nada. Lo que más me costó fue abrir la puerta para meterme. El vidriecito debe haber quedado en la esponja desde hace tres días, cuando se me quebró el vaso. Me apreté la mano. Apareció el puntico de sangre en el medio. Seguía saliéndome sangre cuando terminé de fregar. Abajo está todo oscuro. Todavía siento el pinchacito. No duele tanto. Pero, no quiero apretar mucho la guaya y que salga el puntico de sangre.
Y el golpe avisa.







