El síndrome de Ulises
Hallóle sentado en la playa, que allí se estaba, sin que sus ojos se secasen del continuo llanto, y consumía su dulce vida suspirando por el regreso; pues la ninfa ya no le era grata. Obligado a pernoctar en la profunda cueva, durmiendo con la ninfa que le quería sin que él la quisiese, pasaba el día sentado en las rocas de la ribera del mar y consumiendo su ánimo en lágrimas, suspiros y dolores, clavaba los ojos en el ponto estéril y derramaba copioso llanto.
La Odisea. Canto V. (Trad. Luis Segalá y Estalella).
Navegando por la red, me topé con un nuevo mal que parece aquejar a los países industrializados: el síndrome de Ulises. Al parecer se trata de un conjunto de problemas socio-afectivos que afecta a los inmigrantes, más allá de los problemas económicos y legales ya conocidos.
De acuerdo con la sintomatología descrita por quienes estudian el problema, los inmigrantes, cual Odiseo en Ogigia, viven en duelo por la pérdida de su status social, la nostalgia por los amigos y la cultura que quedaron en el hogar, el apego a una lengua que los “extranjeros” entre quienes vive no saben hablar y el cansancio que deja la lucha por sobrevivir en un ambiente hostil. Agotados por la pelea cotidiana contra esos dos mundos que parecen apostar por su fracaso. Sufriendo por un supuesto daño irreparable, que se le ha hecho a alguien que quedó en casa.
Contrario a los depresivos, los Ulises no tienen ideas suicidas y no son apáticos. Continúan emprendiendo proyectos, mientras van cayendo las lágrimas.
Luchan para no ahogarse. Responden al constante estado de emergencia. Sobreviven a naufragios.
Y velan por las noches planeando el regreso a Ítaca.







