Una tormenta en la tina
Una ponencia presentada por Roberto Echeto en la Bienal Mariano Picón Salas abrió algo así como una polémica intelectual. Echeto da cuenta con cierta sorpresa de sucesos extraños que incluyen el hecho de que las editoriales “hayan desempolvado la maquinaria que recibe y lee manuscritos, que edita, diseña, imprime, distribuye y vende libros”. Echeto conjetura que en Venezuela ha aparecido un público lector “que encuentra cierto refugio en la lectura y cierta intuición de que en los libros hay respuestas para calmar el desasosiego imperante, dicho sea de paso, no sólo en nuestro país, sino en el mundo entero”. Agrega que los escritores se han puesto a escribir respuestas “porque allá afuera, en la calle donde te matan para quitarte los zapatos o te emboscan para secuestrarte y violarte, hay unos lectores que las esperan, así sea para burlarse o para comprobar que las suyas no distan mucho de las que encuentran en cada página”.
La única mácula en este milagro son los críticos. Echeto le dedica dos cuartillas y media a criticar a los críticos. Yo hubiera preferido que ese espacio se lo dedicara a contarme más sobre las obras de los nuevos narradores venezolanos. Pero, reconozco que los críticos tienen un rol importante que justifica el número de cuartillas que se le dedica.
No obstante, parece que fue demasiado, porque los comentarios que me llegan se refieren a la ponencia “contra los críticos”. Nadie dice nada sobre los apuntes de Echeto con respecto a las necesidades del lector, a mí juicio la parte más interesante de la ponencia.
En el Papel Literario, Karina Sainz Borgo describe una especie de diálogo de sordos, entre quienes aseguran que la narrativa venezolana goza de buena salud y aquellos que dudan de su existencia. Al final, quedan sus preguntas: “Si todo homenaje implica una relectura, y toda discusión un intercambio enriquecedor, ¿qué significa la poca concurrencia a los reconocimientos otorgados a nuestros escritores? ¿Qué representa un debate sobre la literatura local en el cual los primeros en abandonar las sillas son los escritores? ¿Hay acaso una voluntad de no releernos? ¿Es que, por sintomática, resulta preferible aplazar la duda sobre nuestra existencia en un mapa literario?”
Otro narrador se apunta a hacer crítica de los críticos. En el Papel Literario, Juan Carlos Chirinos se extraña porque “no haya crítica interesada leyendo lo que se produce en el país para comentarlo en y para el país.” Recalca Chirinos que “el mundo de la escritura necesita editores, librerías, distribuidores, suplementos literarios, lectores e incluso escritores (y ghostwriters, como en España); y con muchísima más razón, necesita críticos; que hablen bien o mal, con odio o sin él, pero que lo hagan.”
Estoy de acuerdo con Chirinos en ese punto. Uno de esos críticos necesarios parece ser Carlos Sandoval, quien ha publicado trabajos sobre Barrera Linares, Ricardo Azuaje, José Luis Palacios, Juan Calzadilla Arreaza y Slavko Zupzic, entre otros escritores venezolanos. Según Sainz Borgo, Carlos Sandoval causó urticaria entre los escritores asistentes a la bienal al acusarlos “de alimentar una narrativa incapaz de superar lo anecdótico y descriptivo.” Curiosa acusación contra un narrador, pero no puedo juzgar porque no he conseguido leer el texto original de Sandoval.
En todo caso, desde mi posición de lectora, no pude evitar expresar mi extrañeza sobre esta nueva tendencia de la crítica a los críticos por parte de los narradores. ¿Estarán los críticos ocupados escribiendo alguna novela? Es posible. En todo caso, Chirinos insiste en que es un verdadero problema que los críticos venezolanos sólo escriban sobre Carpentier y sobre Gallegos. Que yo recuerde, el único que escribe sobre Carpentier es Alexis Márquez. ¿En estos tiempos, escribe alguien sobre Gallegos?
Como yo no vivo en Venezuela, pensé que era posible que hubiese ocurrido un revival gallegiano y los críticos venezolanos estuvieran redescubriendo el boom. Sentí curiosidad ante el anacronismo.
Visité la página del CELARG. No parece haber mucho interés en Gallegos, en el centro que lleva su nombre. En el área de investigación literaria, Rafael Castillo Zapata conduce un estudio sobre ciudadanía y sexualidad en la obra de Andrés Mariño Palacio, José Lezama Lima y Salvador Novo. Cierto que Lezama Lima ha sido bastante estudiado, también Novo. No así el venezolano Mariño Palacio, injustamente olvidado.
En el Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias de la UCAB, las investigaciones en marcha incluyen una sobre el sainete, pero el resto parece bastante contemporáneo: Literatura venezolana finisecular, la metaficción virtual en la narrativa venezolana, y mujeres escritoras en la Venezuela de finales del siglo XX. El curso de la Literatura venezolana de la Escuela de Letras de la UCAB, no incluye a Gallegos, pero si incluye a Armando José Sequera, Luis Barrera Linares, Igor Delgado Senior, Ángel Gustavo Infante, Israel Centeno, José Luis Palacios, Stefanía Mosca, y a Juan Carlos Méndez Guédez.
No pude encontrar el pensum de la Escuela de Letras de la UCV, quizás es allí donde tiene su espacio el revival gallegiano. Aunque lo dudo. Tampoco encontré detalles sobre los programas de la maestría en literatura venezolana de la UCV. Ni los de ULA o LUZ. ¿Serán Mérida y Maracaibo los centros de la reacción gallegiana? ¿Será la Simón Bolívar? ¿Habrá algún instituto de investigación en el cual se reunan los críticos venezolanos a estudiar la vigencia de Mujiquita y Ño Pernalete?
Quizás sólo se trate de una tormenta en la tina.
* Pueden leer la ponencia de Echeto en El meollo.
La reseña de Sainz Borgo sobre la Bienal Mariano Picón Salas se encuentra en Poesía.org.
El artículo de Chirinos puede leerse en El cuaderno de Taganga.







