Recuerdo de las sierras
Leí este cuento cómo dicen que se leen los buenos cuentos, con intensa curiosidad por saber que ocurriría en el siguiente párrafo, hacia que desenlace irían esos dos personajes, juntos en un cuarto de hotel, por un afortunado error.
El desenlace me decepcionó. Fue como si toda la tensión se desinflara.
Pensé en la posibilidad de discutir este cuento con otros lectores. Quizás con otros más conocedores de la obra de Bioy Casares.
Y volví al inicio, buscando una frase que me había enganchado.
«Recuerdo que esa tarde discutimos acaloradamente sobre la verdad. Según Javier, la verdad es absoluta, una sola; yo creo que es relativa. Con poco tino, y acaso con no mejor lógica, estuve a punto de alegar, como ejemplo de verdad relativa, el viaje proyectado. Las razones de Javier para desear que yo acompañara a Violeta y las mías para acompañarla se excluían mutuamente; sin embargo, unas y otras son buenas.»
Y la decepción del desenlace se atenúa. Esta cita deberá guiarme en una eventual re-lectura.







