December 14, 2011

4 3 2 1 … ¿Dónde está el futuro?

Más allá del despecho generacional… Y sí yo escuché Políticos Paralíticos en un cassette pirata. Y estuve en el Encuentro en el Ruedo, un 30 de septiembre de 1989. Y aquel concierto brutal en El Basurero. Y una vez que hicieron la cursilería de cantarle cumpleaños y picarle una torta a la UCV en la Plaza del Rectorado. Y el año pasado en Sabana Grande, con orquesta sinfónica, para el día de Caracas. Y Canto Popular de la Vida y Muerte está en mi lista de los 10 mejores discos en la historia pop de Latinoamérica. Y “guarde su miedo” que Allá cayó.

El espanto de leer: “-No te estoy arrinconando. Tú dices que hay que tener tolerancia, y todo lo demás. Tú, por ser tolerante, ¿le tocarías al Gran Dictador (Pinochet) en una tarima? ¿Le tocarías a alguien contrario a tu posición? Ejemplo: si te contrata la empresa de armas CAVIM para su fiesta de fin de año, ¿tú les tocarías en la fista de fin de año? ” (sic)

Acorralado, sí. Pobre Horacio Blanco.

“-Es que… es como preguntarme aquello… de si un lado… es que no quiero que me arrinconen. ” (Da tanta lástima, en la fase final, arrastrado.)

Pero, en realidad el espanto comienza al leer: “Por eso creo pertinente bajar la cabeza…”

* Y yo recuerdo el 2 de noviembre de 2006 (Fue fácil encontrar la cita, porque la fecha no se me olvida). El día que los rojos rojitos nos dijeron que debíamos “aplaudir de rodillas”:

A mí me indigna, y yo estoy seguro que ustedes también se indignan, nuestra Junta Directiva se indigna, cuando nosotros nos encontramos que haya gente ni-ni, que haya gente light, que haya gente que ahora diga que aquí estamos en unos procesos de tal para cual, que necesitamos abrir esta cosa, no señor, aquí el que se le olvide que estamos en medio de una revolución se lo vamos a recordar a carajazos, pero aquí esta empresa está con el Presidente
(aplausos) [de rodillas y lamiendo el piso].

Los que aplauden de rodillas ya tienen instrucciones claras. Este proceso está bajo el control de gente orgullosa de declarar que no le tiembla el pulso para liquidar cualquier asunto que se relacione con la oposición, según asegura el Ministro-Presidente de PDVSA, Ramírez, “puesto allí”. Chavista que pretenda un proceso democrático e inclusivo, que se vaya preparando para recibir los carajazos. En el país de la nueva PDVSA no caben independientes, ni chavistas light, ni chavistas críticos, ni chavistas sin la bendición de Chávez. Todas esas posiciones son expresiones criminales, actos contra-revolucionarios. Hagan autocrítica. ¿Se entendió? Este es un proceso en dónde sólo caben los incondicionales al Presidente Chávez. Todo lo demás es paja. En el país de la nueva PDVSA existen sólo dos grupos de ciudadanos: los incondicionales y los criminales. ¿Se entendió?

*

Ese día supe que yo jamás aplaudiría de rodillas.

*

Y el pobrecito Horacio, con tanta cancha que tenía, me hizo recordar a Winston Smith:

“… se necesita un acto de autodestrucción, un esfuerzo de la voluntad. Tienes que humillarte si quieres volverte cuerdo. Después de una pausa de unos momentos, prosiguió: ¿Recuerdas haber escrito en tu Diario: «la libertad es poder decir que dos más dos son cuatro?». -Sí -dijo Winston. O’Brien levantó la mano izquierda, con el reverso hacia Winston, y escondiendo el dedo pulgar extendió los otros cuatro. -¿Cuántos dedos hay aquí, Winston? -Cuatro. -¿Y si el Partido dice que no son cuatro sino cinco? Entonces, ¿cuántos hay? -Cuatro.”

  • De verdad, después de un rato, creo que Horacio Blanco no se merece que lo crucifiquen. Voy a escuchar Gorilón.

Las puteadas van para los inquisidores de Alba Ciudad.

September 3, 2011

La redención de Ramos Sucre

PRELUDIO

Yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras. Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve. El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado del brazo con la muerte. Ella es una blanca Beatriz, y, de pie sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposaré eternamente y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor.
José Antonio Ramos Sucre. La torre de timón (1925) Crear belleza partiendo de la amargura es el reto que asume Ramos Sucre. La realidad es dolorosa, pero el poeta está obligado a enfrentarla, creando un refugio para quienes sufren la pérdida del sentido de la propia vida; la soledad que resta cuando no es posible alcanzar una comunión con nuestros supuestos semejantes. Hay una elección ética y estética en la poesía de Ramos Sucre que justifica sus atmósferas oscuras y sus “moralejas” casi nihilistas; se trata de una búsqueda estilística cuyo objetivo es entablar un diálogo con quienes se ven aquejados por esa misma hipersensibilidad a la realidad. El grito de soledad que emerge de la obra de Ramos Sucre es mucho más fuerte que la capa de erudición que la recubre. Para quien es sensible al dolor no hay nada impenetrable en su prosa poética. Nacido a final del siglo XIX, en la época en que la idea positivista del progreso ganaba adeptos entre los intelectuales, Ramos Sucre expone su rebeldía en prosa poética habitada por la desolación. Subyace la negativa a aceptar como inevitable esa expansión deshumanizada que habría de llevar al mundo a la guerra. “Siempre será necesario que los cultores de la belleza y el bien, los consagrados por la desdicha se acojan al mudo asilo de la soledad, único refugio acaso de los que parecen de otra época, desconcertados por el progreso.” Elogio de la soledad. El mito fáustico de la tragedia del progreso tiene un lugar en la poética de Ramos Sucre. Son varios los textos en los cuales se refiere a este tema. “Fausto prueba a aliviar con el viaje distante, dividido en peligros y orgías, la enfermedad de aquel ideal orgulloso… pero encuentra la desesperanza al cabo de las nuevas emociones. Solicita las vivaces comarcas meridionales; atraviesa, menos que fugitivo, un reino tenebroso, obseso de la matanza y de la hoguera, de alma sacerdotal con vistas a la muerte, y renegado del esfuerzo y de la vida.“ «La resipisencia de Fausto» ¿Acaso alguien como Ramos Sucre tenía motivos para escribir poemas bonitos y luminosos en un mundo dónde cotidianamente se producían (y aún se producen) escenas como la que refiere El Mandarín.
[…] Yo me prosterné a los pies del emperador cuando bajaba a su jardín por la escalera de granito. Recuperé el favor comparando su rostro al de la luna. Me confió el develamiento y el gobierno de un distrito lejano, en donde habían sobrevenido desórdenes. Aproveché la ocasión de probar mi fidelidad. La miseria había soliviantado a los nativos. Agonizaban de hambre en compañía de sus perros furiosos. Las mujeres abandonaban sus criaturas a unos cerdos horripilantes. No era posible roturar el suelo sin provocar la salida y la difusión de miasmas pestilentes. Aquellos seres lloraban en el nacimiento de un hijo y ahorraban escrupulosamente para comprarse un ataúd. Yo restablecí la paz descabezando a los hombres y vendiendo sus cráneos para amuletos. Mis soldados cortaron después las manos de las mujeres. El emperador me honró con su visita, me subió algunos grados en su privanza y me prometió la perdición de mis émulos. Sonrío dichosamente al mirar los brazos de las mujeres convertidos en bastones. […]

La crueldad y el dolor son enfrentados con un sarcástico humor. Un rictus de risa sale al paso constantemente en los “epigramas inhumanos” del maldito: “Yo adolezco de una degeneración ilustre: amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal.” En algunos de sus poemas construidos a partir de imágenes grotescas, encuentro un parentesco con los Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga.

No menos punzante es la ironía del poeta ante la ingratitud. Este tópico es recurrente, aparece reiteradamente en los desenlaces de sus anécdotas, como reminiscencia dolorosa de una fe perdida. Así, en El aventurero: “Las mujeres … prefirieron la servidumbre al sacrificio. Vistieron galas y preseas para aumentar su belleza a los ojos del vencedor”; mientras que en El rajá, el soberano cuenta sin recato: “Olvidé fácilmente al amigo de antes … Los cortesanos me distrajeron de reconocerlo y lo entregaron al mordisco sangriento de sus perros.” No obstante, también en el universo poético de Ramos Sucre, el hombre tiene una oportunidad de redimirse por el amor.

Leonardo de Vinci gustaba de pintar figuras gaseosas, umbrátiles. Dejó en manos de Alberto Durero, habitante de Venecia, un ejemplar de la Gioconda, célebre por la sonrisa mágica. Ese mismo cuadro vino a iluminar, días después, la estancia de Fausto. El sabio se fatigaba riñendo con un bachiller presuntuoso de cuello de encaje y espadín, y con Mefistófeles, antecesor de Hegel, obstinado en ejecutar la síntesis de los contrarios, en equivocar el bien con el mal. Fausto los despidió de su amistad, volvió en su juicio y notó por primera vez la ausencia de la mujer. La criatura espectral de Leonardo de Vinci dejó de ser una imagen cautiva, posó la mano sobre el hombre del pensador y apagó su lámpara vigilante.

La redención de Fausto en El cielo de esmalte

30libros

June 27, 2011

Cinco películas que yo programaría en el Día del Periodista

Filed under: (eto ne)pravda

El hombre de hierro - Andrzej Wajda

El honor pérdido de Katarina Blum - Volker Schlöndorff & Margarethe von Trotta

Tierra de nadie - Danis Tanovic

El hombre de la cámara - Dziga Vertov

The Truman Show - Peter Weir

April 30, 2011

Ya no temerá a los ciegos

“Algún día tengo que ir a Buenos Aires. Tendré que ir a ver la estatua de Ceres.”

(De un texto que escribí con el insomnio y el vodka de la noche del 31 de mayo de 2001.)

Hoy, debería estar leyendo “Abaddón, el Exterminador” (está enterrado en una caja en Michigan). Hoy, tengo que leer y recordar al pesimista viejo de Santos Lugares, al que me mostró a los 15 años (en las páginas de Héroes y Tumbas) que había gente por ahí con fantasmas similares. Al primero que me dijo (cuando tenía 20 años) que yo era Uno con el Universo, más allá o más acá de lo que dijeran las ecuaciones y la pintura del siglo XX.

El segundo nombre de Telémaco es Ernesto. Por tres motivos: 1) Cuando yo estaba embarazada, su padre me hablaba con pasión de la idea del “hombre nuevo”, de su profunda admiración por la dignidad de aquel a quien yo llamaba “el chico guapo de los afiches”; 2) Su padre tuvo un hermano que murió asesinado en esta ciudad de pobres corazones y no dejó un hijo que recordara su nombre; 3) Mi sentimiento de que la literatura te puede salvar la vida (y salvó la mía), se lo debía a las páginas escritas por un tal Ernesto Sabato.

*

Comiencen a rendir culto (los que llegan hoy):

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne…”. El túnel. Ernesto Sabato (1948)

“Un sábado de mayo de 1953, dos años antes de los acontecimientos de Barracas, un muchacho alto y encorvado caminaba por uno de los senderos del parque Lezama.” Héroes y Tumbas. Ernesto Sabato (1961)

¿? (No logro citarlo de memoria. No lo tengo. No lo encuentro. Era importante.) Abaddón, el Exterminador. Ernesto Sabato (1974)

March 8, 2011

Te prometo que venceré en la lucha contra la jauría

Filed under: Telemaquia

“¿Has visto la palma de tu mano a través de una media de nylon? Contrayéndola y distendiéndola levemente, puedes ver a través del nylon el movimiento de los surcos de la mano, la concentración de la sangre. Es una parte de tu cuerpo, pero la visión aislada te produce la impresión de que esa vida no depende de ti: es algo milagroso.”

Fue una mañana de enero. La primera vez que te vi o te imaginé viviendo en mí.

Te prometo que alguna vez te veré de nuevo a mi lado.

Te prometo que venceré en la lucha contra la jauría.

September 14, 2010

Sé que no olvidarás morir

La película comienza como un policial de TV gringo. Totalmente amoldado a los esquemas. (Yo ni idea previa de la trayectoria de Campanella. Pero el oficio se le nota y no me sorprendió cuando vi que ha sido director de las series Law & Order y Dr. House). Pero casi desde el principio, El secreto de sus ojos también tiene como un aire de familia con Chinatown. La cámara, el montaje o la idea de que el buen esposo no es tan bueno. Nunca logré creerme su dolor, su supuesta devastación. Hasta el final.

A medida que va avanzado la película, ese aire gringo va desapareciendo. Y es por obra del humor. Las escenas de la cotidianidad del tribunal y del bar en donde se emborracha el funcionario judicial Pablo Sandoval son totalmente suramericanas. Ese reirnos de nuestras mediocres tragedias. (Y de las grandes también).

Y los espectadores se van enamorando un poco de Benjamín Espósito (¿son vainas mías o Ricardo Darín se parece a Cortázar?). Lo prueba un accidente en la proyección, en el momento de la despedida entre Espósito e Irene, que provoca un suspiro colectivo ante el anti-climax del beso que no llega a verse.

Hacia la mitad de la película, la cosa ya no es exactamente un thriller bien hecho de Hollywood. Hay algo más. “Una vida llena de nada”. Varias vidas llenas de nada…

Y lo importante en la línea de diálogo, crucial, de Pablo Sandoval (la mejor interpretación de la película, sin duda es la de Guillermo Francella):

“Te das cuenta, Benjamín. El tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religion, de Dios… Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de PASION”

Es que las pasiones auténticas (el amor, por ejemplo) son condenas perpetuas.

Y es por eso que salgo del cine cantando:

“Sé que no olvidarás mi nombre / sé que no olvidarás vivir / Sé que seguirás en mis sueños / sé que no olvidarás morir

(Una canción que tengo como 15 años que no escucho. Y que recupero de un golpe, en la escena final de El secreto de sus ojos. Conmovida, incluso si no quiero).

Hay gente a la que se le muere el espíritu y al cuerpo se le olvida morir. Y andan por allí, 25 años, llenos de nada.

September 9, 2010

90 minutos por tu familia

Es un personaje secundario, el que más revela el fondo de tragedia de Hermano. Max, “el porterazo”, es el instrumento de la fatalidad. Max, que anda siguiendole los pasos a Julio, sin poder llegarle a la estatura de malandro. Max, que no está entre los seleccionados para la prueba del Caracas F.C. Max, que quiere ayudar al Gato para ganar puntos con Julio. Max, que tiene pánico ante el resultado de su chapucería frente a los piedreros. Max, que al final no juega para el equipo. Es ese personaje, el que ilustra el destino de los muchachos de barrio que no tuvieron otra opción que ser malandros y que no cumplirán 25 años, porque ni siquiera para ser malandros sirven. Max, la caga en grande, queriendo hacerlo bien. Y su tragedia pasa desapercibida. La gente no habla de él cuando sale del cine; los críticos casi no lo mencionan en sus reseñas de la película de Marcel Rasquín.

Casi tan no-futuro como los piedreros, los infra-niños que preferiríamos no mencionar. Los desechables.

Julio, es el malandro que tiene chance de ganarle la partida a la muerte. El que pudiera llegar a malandro viejo, que pudiera llegar a controlar los negocios del barrio (como Morocho). Armador de juego en la cancha, capitán en la hermandad de la calle, proveedor del azúcar para la casa, protector e iniciador de los más chamos. Nacido para encontrar tesoros en el basurero.

Pero, las luces están sobre Daniel. El chamo vulnerable del toque precioso. El que no pertenece al barrio. El que debe salvarse, como desean su madre Graciela y su mentor Roberto. En las piernas de Daniel está el pase al sueño, la redención fuera del barrio.

Y es que dentro del barrio no hay redención posible. La vida es fatalidad. Al barrio no llega el Estado; ni siquiera la policía, único lazo con el gobierno que suelen conocer los pobres, aparece por La Ceniza.

Daniel es el cordero. Nacido en el basurero. Es él quien tiene que salvar a Julio. Salvarlo de la venganza y del destino de jefe del barrio. Pero, no lo va a salvar a punta de prédicas y de milagros, sino a punta de toque de balón, pases en profundidad en el medio campo, definición frente al arco. Todo, en una cancha de tierra.

A punta de fútbol. Es que no podía ser beisbol, la esperanza de salvación de los hermanos. Tenía que ser el juego rey, en el cual se luce el talento individual, siempre que sepas contar con el equipo.

Y al final, Hermano habría podido ser muy cursi, pero no lo es. La esperanza vinotinto, el sueño, parece algo que se puede lograr, si piensas en el equipo. Si pones todo tu talento en jugar para salvarnos juntos. Y ese sentimiento, en un país en donde hace rato que se vive entre la basura, se patea tierra y parece que la fatalidad gana, debe ser lo que agradece el público que tiene 10 semanas llenando las salas para ver la película de Marcel Rasquín y sale de allí contento y hablando maravillas.

Y con ganas de ir al estadio, a ser parte de la barra brava que grita: Dale ro…

Y con ganas de seguir bailando al ritmo de Caracas, que es rap, salsa, hip hop, reggeaton y rock, en una banda sonora que suena como el valle que amamos fatalmente. (Un gustazo Rigel Michelena).

“…Llegó la hora de construir con los pies”